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¿Cómo luchar una lucha de clases?

Traducción al castellano por José Francisco Puello-Socarrás (ESAP/UNAL – Colombia). "How to fight a class struggle". Commentary N.° 491, February 15, 2019. Agradecemos al profesor Wallerstein su autorización personal para publicar este artículo en la Revista Izquierda.

 Los Sistemas-mundo tienen tres temporalidades. Primero: emergen, y esto necesita ser explicado. En segundo lugar, los Sistemas-mundo son estructuras estabilizadas y operan de acuerdo con las reglas en las cuales ellos se fundamentan. Tercero, las reglas por medio de las cuales los Sistemas-mundo mantienen su relativa estabilidad dejan efectivamente de funcionar y entran en una crisis estructural.

Las luchas de clase son eternas. Cómo son enfrentadas depende del curso del Sistema-mundo en el cual ellas se encuentran localizadas.

Los Sistemas-mundo tienen tres temporalidades. Primero: emergen, y esto necesita ser explicado. En segundo lugar, los Sistemas-mundo son estructuras estabilizadas y operan de acuerdo con las reglas en las cuales ellos se fundamentan. Tercero, las reglas por medio de las cuales los Sistemas-mundo mantienen su relativa estabilidad dejan efectivamente de funcionar y entran en una crisis estructural.

Estamos viviendo en el Sistema-mundo moderno, el cual es un sistema-mundo capitalista. Actualmente presenciamos la tercera etapa de su existencia: la de crisis estructural.

Durante la fase previa, de estructuras estables o de normalidad, hubo un gran debate al interior de la izquierda sobre cómo se podría alcanzar el objetivo de destruir el capitalismo como sistema. Este debate se dio tanto al interior de los movimientos creados por las clases trabajadoras o el proletariado (los sindicatos o los partidos políticos socialdemócratas) como también dentro de los partidos políticos o los movimientos de liberación nacional.

Ambos lados de este gran debate creyeron que su estrategia por sí sola podía ser exitosa. De hecho, mientras que cada uno de ellos creó espacios que parecían tener éxito, ninguno lo tuvo. Los ejemplos más dramáticos acerca de las presuntas historias exitosas que fueron incapaces de evitar el impulso para retornar a la normalidad fueron, por un lado, el colapso de la Unión Soviética y, por el otro, la revolución cultural maoísta.

El momento de inflexión fue la revolución mundial de 1968, la cual fue caracterizada por tres elementos: fue una revolución mundial, ya que eventos análogos ocurrieron a lo largo y ancho del Sistema-mundo; todos estos eventos análogos rechazaron tanto la estrategia estatal como la estrategia de la transformación cultural. No se trató entonces de tomar partido exclusivamente por una u otra de esas estrategias sino, mejor, de decidirse simultáneamente por ambas.

Finalmente, la revolución mundial de 1968 también fracasó. No obstante, ella trajo consigo el final de la hegemonía del liberalismo centrista y su poder para domesticar tanto a la derecha como a la izquierda, las cuales fueron liberadas para retornar a la lucha como actores independientes.

Al principio, la derecha resucitada pareció prevalecer. Instituyó el Consenso de Washington e impulsó el eslogan TINA (o There Is No Alternative)1. Pero las desigualdades de ingresos y social resultaron ser tan extremas que la izquierda repuntó, constriñendo la habilidad de los Estados Unidos para mantener o restaurar su dominio.

El retorno de la izquierda al primer plano también llegó a un rápido final. Y así empezó un proceso de bruscas oscilaciones, atributo que define una crisis estructural. En una crisis estructural, la izquierda necesita perseguir una política que busque en un muy corto plazo el poder del Estado con el propósito de minimizar el dolor del 99% de la población (los de abajo). Y en el mediano plazo perseguir la transformación cultural de cada uno.

Estas tareas aparentemente contradictorias son muy desconcertantes. Ambas son, sin embargo, la única manera de reinvindicar la lucha de clase en los años que faltan dentro de la crisis estructural. Si lo podemos hacer, podemos ganar. Si no, perderemos.

1 El acrónimo TINA: There Is No Alternative, en castellano: "No existe alternativa" (al capitalismo neoliberal) se le atribuye a la ex Primera Ministra del Reino Unido (1979-1990), Margaret Thatcher (N del T).  


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Comentarios 1

Para el pueblo, si se tapa lo que da la luz, pues luz no habrá; y si se calla al que evidencia la verdad, no habrá verdad. En España siempre ha habido un infinito NEGACIONISMO A TODA REALIDAD, a objetividad total e infinita o irrefutable, una y otra vez, apaleando sin parar al sentido inteligente y a la Luz: ése «no hay crisis» dicho hasta la saciedad, ése «no hay machismo» apuntalado por toda la derecha, ése «no hay cambio climático» reincidente por todos e incluso por los científicos (sí, estoy hablando de los años 80), ése «no hay corrupción» antes de destaparse LA ABISMAL CORRUPCIÓN que había, ése «el toro no sufre» lanzado a total sangre fría, ése «no hay daño a las víctimas del Franquismo» vociferado con terquedad brutal. Y al final, también, resulta que el que agonizántemente, luchando contra todo a miles de innegables esfuerzos (en objetividad como yo he hecho a infinita demostración inengañable tan firme como la Luz), no negó ninguna realidad, ahora está apaleado hasta en sus lágrimas. No, no sé por qué niegan y niegan tanto hasta sobrepasar cualquier maldad posible.

http://delsentidocritico.blogspot.com/

Para el pueblo, si se tapa lo que da la luz, pues luz no habrá; y si se calla al que evidencia la verdad, no habrá verdad. En España siempre ha habido un infinito NEGACIONISMO A TODA REALIDAD, a objetividad total e infinita o irrefutable, una y otra vez, apaleando sin parar al sentido inteligente y a la Luz: ése «no hay crisis» dicho hasta la saciedad, ése «no hay machismo» apuntalado por toda la derecha, ése «no hay cambio climático» reincidente por todos e incluso por los científicos (sí, estoy hablando de los años 80), ése «no hay corrupción» antes de destaparse LA ABISMAL CORRUPCIÓN que había, ése «el toro no sufre» lanzado a total sangre fría, ése «no hay daño a las víctimas del Franquismo» vociferado con terquedad brutal. Y al final, también, resulta que el que agonizántemente, luchando contra todo a miles de innegables esfuerzos (en objetividad como yo he hecho a infinita demostración inengañable tan firme como la Luz), no negó ninguna realidad, ahora está apaleado hasta en sus lágrimas. No, no sé por qué niegan y niegan tanto hasta sobrepasar cualquier maldad posible. http://delsentidocritico.blogspot.com/
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