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Derechas, reacomodamientos políticos y desafíos en Nuestra América

Los acontecimientos electorales recientes han abierto un interesante debate a nivel mundial sobre las amenazas que representan las derechas para el ejercicio de la democracia y el goce de libertades y derechos individuales y colectivos ganados a través de las luchas sociales.

La fuerza que han cobrado lineamientos de política de corte racista, machista, nacionalista, negacionista, así como la aporofobia que acompaña la acción de los gobiernos reaccionarios, advierte sobre los graves riesgos que atraviesa la naturaleza y la sociedad en el siglo XXI.

Atendiendo a estos asuntos, este artículo se interroga por la relación entre la crisis del capitalismo y las victorias electorales de la derecha durante la segunda década del siglo XXI y los impactos que esto tiene para Nuestra América en la actual coyuntura.

i. Crisis capitalista y victorias electorales de la derecha

La crisis del capitalismo de inicios del siglo XXI visibilizó, por una parte, las debilidades de un sistema económico soportado en la especulación, financiarización y trasnacionalización y, por la otra, los impactos que en términos de injusticia y desigualdad social se habían configurado bajo la globalización neoliberal.

La gestión de la crisis, como era de esperarse, se soportó en un plan general de rescate de los grandes bancos de inversión "eran demasiado grandes para caer" y de castigo a los pequeños bancos locales y a los millares de familias endeudas. De ahí, que este proceso fuese caracterizado por Stiglitz como "el gran atraco norteamericano".

Y justamente, son la crisis y las modalidades de su gestión las que ayudan a explicar los resultados electorales entrada la segunda década del siglo XXI. Las propuestas de los reaccionarios ultraderechistas responsabilizaron a la globalización, a los procesos de integración regional, a los migrantes, entre otros asuntos, de la crisis que vivían sus respectivos países. Al respecto, son ilustrativas las afirmaciones del entonces candidato Donald Trump:

El americanismo, y no el globalismo, este es nuestro credo (…) Hemos pasado de la política del americanismo, que se centró en lo que es bueno para la clase media estadounidense, a la política de la globalización, que se centra en cómo hacer dinero para las grandes corporaciones que pueden desviar su capital y puestos de trabajo a otros países, perjudicando así a los trabajadores y a la economía estadounidense (…) Rechazamos la ideología de la globalización y abrazamos la doctrina del patriotismo.

En Italia, Mateo Salvinni señalaba en relación con la migración:

Daremos respuestas concretas. Limitar los desembarcos y aumentar las expulsiones significa salvar vidas (...). Hay que acabar con el negocio del tráfico de inmigrantes.

Así las cosas, los resultados electorales del último lustro advierten sobre el fortalecimiento de las propuestas políticas de derecha a nivel mundial y sobre el afianzamiento de ideas reaccionarias en un número importante de grupos sociales. El triunfo de Trump en los Estados Unidos, la coalición conservadora entre la Liga y el Movimiento 5 estrellas en Italia, el creciente peso electoral de partidos con posiciones reaccionarias en Alemania y Austria y las direcciones gubernamentales de Polonia y Hungría ilustran este escenario.

De esta manera los discursos xenófobos y antimigración, negacionistas del cambio climático, nacionalistas y antiintegración regional, antiglobalización y de afianzamiento de un capitalismo ultraconservador han acompañado los reacomodamientos de la geopolítica mundial en el último lustro.


ii. El fortalecimiento electoral de la derecha en Nuestra América

Nuestra América transitó por un proceso similar al descrito. La crisis capitalista de 2008 tuvo una expresión concreta en la región con la caída del precio de las commodities en 2012. El impacto en términos de crecimiento económico y entrada de divisas a las economías regionales afectó los ingresos del Estado y sus posibilidades de inversión.

Para el caso específico, de los gobiernos denominados "alternativos" o "neo-desarrollistas", la crisis condujo a limitar el alcance e impacto de sus políticas de asistencia social. Estos gobiernos, en tanto no lograron construir una política económica autónoma y basaron su programa de gobierno en una conciliación de clases, tuvieron un margen acotado para reaccionar a la crisis. De ahí, que optaron por castigar a los sectores con menor capacidad de negociación política en esa coyuntura, esto es, las clases populares y las expresiones del movimiento popular. Y por proteger al gran capital (nacional y trasnacional).

Este escenario condujo a una pérdida de legitimidad de las experiencias "alternativas" y a unos reacomodos en el bloque en el poder que condujeron al fortalecimiento de las tendencias reaccionarias. Se abre, de esta manera, un nuevo momento en la política-electoral latinoamericana con el triunfo de Mauricio Macri (2015) en Argentina, Sebastián Piñera en Chile, Lenin Moreno en Ecuador (2017) y con el golpe judicial a Dilma Rousseff en (2016), el cual preparó el terreno para la victoria de Jair Bolsonaro en Brasil (2018).

Lo acontecido con las experiencias alternativas se refuerza con los triunfos electorales de la derecha en Perú (2016), Colombia (2018), Paraguay (2018) y Costa Rica (2018), entre otros.

Este mapa alerta sobre el fortalecimiento de tendencias ultraconservadoras en la región. Entre otros aspectos que ilustran esta situación se destacan:


-Política económica ultra-neoliberal: Políticas económicas y reformas laborales que castigan en forma progresiva el salario de los y las trabajadoras y precarizan sus condiciones laborales; al respecto es ilustrativo lo acontecido en Brasil con la reforma de 2017.

-Securitización de la vida social y criminalización de la protesta: Fortalecimiento de acciones policiales autoritarias para controlar la dinámica social cotidiana. La propuesta de Bolsonaro de armar a la población y el tratamiento militar de la protesta social ilustran esta cuestión. Esta política permite explicar el asesinato de liderazgos jóvenes y feminismos entre los que se destacan el de Santiago Maldonado y Marielle Franco, así como el de cientos de líderes y lideresas sociales en Colombia.

-Posiciones reaccionarias frente a los derechos de las mujeres: La decisión del legislativo en Argentina de prohibir la legalización del aborto, pese a la fuerza del movimiento feminista, y los pronunciamientos de Bolsonaro en relación con el combate de "la ideología de género" y la prohibición de enseñar temas de "feminismo" en las escuelas denotan el carácter machista y patriarcal de estos gobiernos.

-Reacomodamientos en la relación con los EE. UU.: La disposición de los gobiernos de Argentina, Brasil y Colombia de actuar como los aliados estratégicos de EE. UU. en la región y de liderar su doctrina antiterrorista acercan de modo peligroso a la región a los intereses belicistas de Trump; la posición tomada frente a la crisis de Venezuela, así como la apertura del gobierno de Brasil a la instalación de una base militar de los EE. UU. en su territorio, ilustra esta cuestión.

-Fin de experiencias de integración progresistas y dinamización propuestas reaccionarias: La decisión de Colombia y Chile de impulsar el fin de la UNASUR y de crear un nuevo organismo regional PROSUR expresa la necesidad de redefinir una nueva arquitectura institucional proclive al momento regional. En este escenario, se destaca el carácter protagónico que ha pretendido asumir el denominado Grupo de Lima para tramitar la crisis en Venezuela.

-Combate al comunismo: todas estas expresiones gubernamentales asumen la bandera de defensa del capitalismo más reaccionario, pretenden negar la viabilidad de construir proyectos alternativos y construyen un relato reaccionario frente al comunismo.


Estas acciones han fortalecido el carácter autoritario y contrainsurgente de los Estados latinoamericanos.

Ahora bien, pese a que los triunfos de estos gobiernos han estado mediados por una importante abstención electoral, no deja de ser alarmante que hayan ganado elecciones enarbolando banderas reaccionarias y guerreristas: las campañas de Jair Bolsonaro, Mario Abdo Benítez e Iván Duque ilustran este aserto. Estos proyectos políticos han logrado capitalizar un amplio sector de la sociedad civil despolitizada y sin una responsabilidad clara frente a lo público, elemento no despreciable para el análisis político en la actual coyuntura. Esta situación parece anticipar la derrota electoral del Frente Amplio en Uruguay.


iii. Resistencias sociales: democracia un campo en disputa

Pese a este escenario que se vive en la región resulta esperanzador el triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador en México y el reciente proceso constituyente vivido en Cuba, en el cual se reafirma el carácter revolucionario y socialista de su proyecto. También, se destaca la permanencia y amplias posibilidades del triunfo de Evo Morales en Bolivia.

Aunado a las experiencias político-electorales es importante destacar la vitalidad del movimiento feminista en buena parte de los países de la región; del movimiento estudiantil, indígena y campesino en países como Colombia, Brasil y México y las diferentes experiencias organizativas en el espacio urbano, destacándose la resistencia civil en Haití. Los sucesos recientes de la Minga en Colombia se inscriben en el momento político descrito y denotan la riqueza, creatividad y vitalidad del movimiento popular.





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Miércoles, 11 Diciembre 2019

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