Contradicciones y horizontes del 21N

Sergio De Zubiría Samper

Profesor Departamento de Filosofía

Universidad de los Andes


Dos metáforas de la teoría política contemporánea orientan estas reflexiones: "la historia no perdonará ninguna certeza" (R. Ornelas) y continuamos siendo testigos cada año de la erupción de movimientos sociales "sin líderes" (A. Negri).


La primera evoca las dificultades que actualmente experimenta cualquier indicio de "certeza plena" sobre los modos que debe adoptar la transformación social; la historia revolucionaria no perdonará imponer recetas, importar modelos o perder la creatividad en la lucha social. La segunda es la constatación de la emergencia planetaria de una nueva forma de conflictividad y protesta social. "Desde África del Norte y Oriente próximo hasta Europa, las Américas y Asia Oriental, los movimientos han dejado desorientados y perplejos a periodistas, analistas políticos, fuerzas policiales y gobiernos" (Negri). Experimentamos importantes movilizaciones y movimientos sociales que se alzan mundialmente contra la injusticia y la dominación, que logran insuflar esperanza en importantes sectores sociales, pero luego se debilitan y desvanecen. Las propias características de estas revueltas son un desafío a la comprensión de las ciencias sociales; las formas tradicionales de organización política y social (partidos, sindicatos, frentes, parlamentos, etc.) se perciben limitadas ante la actual ebullición social. Estamos viviendo una fase histórica de transición, que cuestiona severamente nuestros esquemas conceptuales y diversos supuestos políticos tradicionales.


La investigación sobre la protesta social en Colombia muestra algunas tendencias consolidadas (M. Archila). En el periodo entre 1975 y 2015 se puede constatar:


a) Una trayectoria gruesa en forma de U, comenzando con altos indicadores de protesta social a mediados de la década del setenta, luego una disminución con altibajos en los ochenta y noventa, para incrementarse en los inicios del siglo XXI; un repunte que también se presenta en América Latina. Según el Observatorio Social de América Latina (Osal), en la región, se registra un ascenso entre 2000 con 500 protestas a casi 2.500 en 2004; para el Latinbarómetro, la participación en manifestaciones no autorizadas entre 2005 y 2015 se incrementó de 3% al 21%.


b) Las luchas sociales y la movilización tienden a aumentar en momentos de mejoramiento del dinamismo democrático (1985, 1987, 1999, 2013), mientras que la contención a la participación ciudadana y especialmente las políticas represivas inhiben la protesta (dos excepciones a esta tendencia son los bajos indicadores entre 1991-1992, como también el pico alto de protesta del 2007 en pleno gobierno de la llamada "seguridad democrática".


c) Los actores históricos de la protesta en estos cuarenta años han sido principalmente, aunque con oscilaciones, los obreros, campesinos, magisterio, estudiantes y pobladores urbanos. En cuanto al peso de los sectores sociales en la protesta se constata, en los últimos años, una notoria disminución especialmente de los asalariados de la ciudad y del campo, motivada por las contrarreformas neoliberales, que van a afectar la calidad del empleo formal y la pérdida de representatividad de sus organizaciones, que ha debilitado las identidades clasistas (la tasa de sindicalización en los años sesenta era del 15% y en los últimos años está por debajo del 4%). En 2013 se presenta un repunte en el mundo agrario debido a la visibilidad de la problemática rural por las negociaciones de La Habana, los incumplimientos estatales y la oposición a la "locomotora" extractivista minero-energética.


d) En los últimos ciclos de inicio del siglo XXI se han hecho visibles otras subjetividades como los trabajadores independientes o por cuenta propia, las víctimas de la violencia (un importante protagonismo de las mujeres), los pueblos étnicos y movimientos juveniles.


e) Entre 1975 y 2015 se ha presentado la emergencia de motivos que además de las reivindicaciones de sabor material incluyen dimensiones más políticas, ecológicas y culturales; la lucha contra el autoritarismo, la defensa de la integralidad de los derechos humanos, el rechazo al consumismo y el extractivismo, la autonomía de los territorios y la madre tierra, aparecen con fuerza en el horizonte de la lucha social.


f) En cuanto a las modalidades se nota una disminución de los paros o huelgas y las invasiones de tierras, mientras se constata el aumento de movilizaciones tipo mítines, marchas, bloqueos de vías, plantones, desfiles, demostraciones, mingas, paradas, asambleas, cabildos, guardias indígenas y cimarronas, etc.


21N: Naturaleza y Contradicciones


Las características y singularidades de la protesta de noviembre 21 de 2019 aún están en cuestión, existiendo consenso en que los marcos para su comprensión no pueden ser los modelos consuetudinarios. La expansión temporal de la movilización (marchas iniciales del 10-17 de octubre hasta el 13 de diciembre), su relevancia territorial, la multiplicidad heterogénea de subjetividades participantes y la inclusión de nuevos repertorios de lucha, hacen del 21N una jornada cercana a dos meses de insubordinación colectiva.


Las divergencias inician con la caracterización del fenómeno social. Encontramos visiones que destacan el agotamiento del "viejo orden social" (J. M. Ospina), la disputa por la "legitimidad de la protesta" (P. Santana), la manifestación "contra cinco políticas claves del gobierno" (I. Gutiérrez), la necesidad de un gobierno que "escuche a todos" (E. Santos Molano), muy atadas a esquemas canónicos de interpretación de la conflictividad social.


También se postulan otras perspectivas, que compartimos, al ubicar la naturaleza del 21N como un claro "rechazo a todo lo que significa la forma contemporánea de capitalismo" (V. Moncayo) y como manifestación de otras formas de expresión de lo político. No se trata exclusivamente de una lucha reivindicativa circunstancial, tampoco meramente antigubernamental, sino contra el sistema mismo de organización capitalista. En medio de flujos y reflujos, de múltiples ambivalencias e incertidumbre, se pueden estar anunciando otros mundos posibles. Desde esta óptica la naturaleza del 21N produce sus propias contradicciones.


La primera tensión se manifiesta en la concepción del sujeto de la transformación social y la noción de "poder". Entre persistir en un "sujeto unitario" (proletariado) que avanza por etapas evolutivas en la toma del poder del Estado de los dominadores o apuntar a un "sujeto múltiple", caracterizado por la diversidad/diferencia, anclado más en la cotidianidad/comunidad que en la esfera estatal-institucional y que no concibe el poder como una "cosa" y al Estado como un "instrumento". La cuestión de la toma del poder no puede verse como el punto de partida del cambio social, sino como la disputa permanente y cotidiana por la construcción de hegemonía intelectual, moral y cultural.


La segunda contradicción se expresa en la posibilidad o no de "construir organización sin jerarquía" e "instituciones sin centralización" (A. Negri). No se trata de rechazar de facto la organización política estable y todo tipo de liderazgo, pero sí de interpelar con toda la radicalidad las formas verticales y autoritarias de organización, como también las figuras carismáticas y populistas de dirección. Desconfiar de las "camarillas" de dirigentes políticos y sindicales que han adquirido propiedad privada sobre la representación. Organizar políticamente la producción de subjetividades críticas y democráticas, y, no de profesionales de la política sumisos y obedientes.


La tercera contradicción se despliega como la posibilidad de emergencia o supresión de otras formas de lo político. El enfrentamiento con el orden social dominante también inaugura embrionariamente otras gramáticas de lo político. Se instalan en escena embriones de otras temporalidades, espacialidades y socialidades alternativas al capital. Las extensas jornadas de concentraciones masivas, el goce con la experiencia de tiempos que no culminan, la fascinación con el tiempo del arte y la cultura, el habitar colaborativo y el hermanamiento desde abajo, se rebelan contra el flujo vertiginoso del capital. Se trata de la restitución de un tiempo propio en los cuerpos y los pueblos que potencia la dimensión de lo político; de lograr reconfigurar "lo común" en la revuelta, hacia una temporalidad y espacialidad políticas que destruyan la "democracia liberal burguesa".


La cuarta antítesis se postula entre la profundización de las tendencias anticapitalistas o la restauración del régimen por vías metamorfoseadas, ya sea el neoconservadurismo, el neoliberalismo transmutado o el progresismo. Se abre en el horizonte el éxodo (V. Moncayo) de la mercantilización capitalista o la perpetuación del orden social dominante. El malestar contemporáneo tiene una doble cuna: contra los efectos devastadores de la forma neoliberal del capitalismo, pero también contra los revestimientos "progresistas" que dejan intacta la explotación, las relaciones de poder y la concentración de la riqueza.


La quinta tensión se expresa de forma aguda en el campo ideológico y discursivo: entre el estereotipo de criminalizar la protesta como "vandalismo", "terrorismo", "inseguridad", "atentado contra los derechos liberales", etc., y la invisibilización planificada de la violencia estructural (Galtung) y estatal. Los medios hegemónicos bombardean a sus audiencias identificando protesta como retorno a la "barbarie", justifican la violencia policial y estatal, mientras ocultan la violencia desatada por la desigualdad social y la concentración del poder y la riqueza. Se anuncia el peligro de una especie de "pacifismo inocuo" y obediente que culmina legitimando la violencia del orden social dominante.


Que no sorprenda que frente a un sistema de muerte que no da de comer ni de amar, se ejercite desde la indignación y la impaciencia una reapropiación de lo común, que en algunos casos involucra formas de contraviolencia, las cuales ⸺además de expresar un repudio en acto de ciertas instituciones que encarnan o simbolizan la dominación del Estado, el patriarcado del salario y la violencia del dinero⸺ aspiran a resguardar la vida y apuntan a la satisfacción directa e indirecta de necesidades y deseos, sin acudir para ello a la brutal irracionalidad de la forma-mercancía (H. Ouvina y H. Renna).


Horizontes emergentes e inciertos


Si la "historia no perdonará ninguna certeza", en la actual compleja circunstancia colombiana esta máxima contiene mucho de horizonte e incertidumbre. Experimentamos tan solo unos horizontes emergentes, y todos ellos cargados de múltiples incertidumbres.


Es preciso leer e interpretar esta insubordinación colectiva en el marco de un proceso más amplio de correlaciones de fuerzas de intensidad y grados muy variables a nivel continental y global. Rememorar las enseñanzas de Gramsci sobre como "las relaciones internacionales reaccionan pasiva y activamente sobre las correlaciones políticas (de hegemonía de los partidos). Cuanto más está subordinada la vida económica inmediata de una nación a las relaciones internacionales tanto más representa un partido esa situación y la aprovecha para impedir la llegada de los partidos adversarios al poder". En una situación de hegemonía militarizada, el destino político de Estados Unidos, Venezuela y Bolivia tendrá que ver necesariamente con la lucha social en Colombia y la región.


Se instalan en el horizonte cuatro posibles escenarios que responden al "movimiento real" de múltiples condiciones subjetivas y objetivas, cuyo análisis rebasa los límites de este escrito.


El primer escenario es la implosión o degradación de la revuelta colectiva por agotamiento en el tiempo histórico, pérdida de poder comunicativo de las "redes sociales" y predominio de cierto "tacticismo político" que satisface a ciertos sectores o aplaza algunas reivindicaciones populares. Las dificultades inmanentes de sostener un alzamiento permanente acompañada de cierto "tacticismo" que favorece a pequeños grupos o a líderes carismáticos va fragmentando y despotenciando la revuelta social. Se tiende entonces a confundir la posición de poder de una minoría burocrática con las oportunidades de transformación que contiene el movimiento real de una sociedad toda ella en movimiento.


El segundo contexto posible es el aprovechamiento y canalización de la protesta por partidos o movimientos políticos "seudo-alternativos", que desde caracterizaciones de "centro" o "progresismo", logran simplemente relegitimar el orden social capitalista dominante. Implantan el "gatopardismo" ("es necesario que todo cambie si queremos que todo siga igual") y el reformismo (buscar espacios de menor resistencia para "avanzar" y alterar gradualmente la correlación de fuerzas sin tocar el tema central de las relaciones de poder).


El tercer marco es la utilización del "malestar social" por sectores de una "nueva" derecha. Tal vez, la identificación del actual desgaste gubernamental con el "centro democrático" le impone demasiadas limitaciones a esa organización política para reclamar este desasosiego, pero no está cerrada la posibilidad de la emergencia de otras derechas para instrumentalizar la propia crisis del neoliberalismo. Postular una "agonía y muerte del neoliberalismo" es subestimar la capacidad de transmutación y recomposición de la lógica del capital.


El cuarto escenario es la continuidad de la insubordinación colectiva en vía de un proceso destituyente y constituyente abierto, como expresión política y multitudinaria de los cambios estructurales. "Abierto" porque no se puede confundir con un nuevo pacto social que culmine en una asamblea constituyente. Prepararnos para el despliegue de un poder popular que no se enquiste en "ser gobierno", sino en la disolución de las instituciones existentes y la transformación de las relaciones de poder. El sentimiento de indignación no puede renunciar a dar un salto cualitativo de escala constituyente que conduzca a otra forma de sistema social. Otros mundos son posibles si se logra destruir la mercantilización de la vida, el valor de cambio y el fetichismo de la mercancía.


Referencias


  • Archila, M., García, M. C y otros (2019). Cuando la copa de rebosa. Luchas sociales en Colombia: 1975-2015. Bogotá: Cinep.
  • Gramsci, A. "Análisis de situaciones. Correlaciones de fuerzas". En Antología. México: Siglo XXI Editores, 1977.
  • Moncayo, V. M. (2019). "El paro de 21N: La develación del orden capitalista". Revista Izquierda, No. 81.
  • Moncayo, V. M. (2018). Éxodo. Salir del capitalismo. Bogotá: Aurora.
  • Negri, A. y Hardt, M. (2019). Asamblea. Madrid: Akal.
Ouvina, H. y Renna, H. El baile de los que sobran: Hipótesis y preguntas desde la rebelión popular en Chile. (Mimeo).


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