¿Neo-desarrollismo 2.0 en Nuestramérica? Del Río Bravo a la Patagonia

José Francisco Puello-Socarrás

Escuela Superior de Administración Pública

Se deja atrás, la política neoliberal. Hay un cambio de régimen, un cambio de política económica y se va a dar a conocer el nuevo proyecto posneoliberal.

Andrés Manuel López Obrador, presidente de México (Alocución presidencial del 15.3.2019)

No estamos cerrando una campaña electoral sino un ciclo histórico… para que definitivamente nunca más la patria vuelva a caer en manos del neoliberalismo. Nunca más estas políticas.

Cristina Fernández de Kirchner, actual Vicepresidenta de Argentina (Discurso en campaña electoral del 25.10.2019)


La economía política latinoamericana abre la segunda década del nuevo milenio atravesada por la intensificación de las luchas sociales. Más que una coyuntura inédita, se trata de una condición estructural que, en medio de la profundización de la crisis capitalista en general y del neoliberalismo en particular, será la tendencia inherente y característica de las sociedades contemporáneas en lo sucesivo del siglo XXI. Este panorama no parece pronosticar aún resoluciones para confirmar rupturas o falsificar continuidades. De hecho, mantiene vaivenes, idas y venidas, flujos y reflujos, vueltas y revueltas, sin que pueda preverse un desenlace definitivo.


La dinámica entre dos horizontes primordiales: transformar todo lo que se tenga que transformar versus conservar todo lo que se pueda conservar, ilustra, por un lado, las convicciones populares desde abajo y las crecientes protestas reivindicativas y resistencias en las calles, tal y como sucede paradigmáticamente en Chile y también en Colombia, Ecuador, Haití, aunque recorre toda Nuestramérica, salvo excepciones; por el otro, las respuestas de la re-acción desde arriba bajo repertorios variados y en donde la impronta de los gobiernos de turno ⸺lo ha sido históricamente⸺ está en acudir como primer recurso a la represión sistemática (impunidad mediante), pero introduciendo simultáneamente la simulación a través de "apuestas institucionales" para lograr desactivar y desatender con algún grado de éxito los reclamos populares, despresurizando las protestas actuales en la coyuntura y galvanizando las querellas potenciales hacia el futuro. Por inminente necesidad y cuando la fuerza (de por sí ya exacerbada) no ha sido lo suficientemente efectiva para refrenar los tumultos, las clases dominantes del subcontinente se han visto obligadas a poner en acción un conjunto de estrategias de estabilización con el firme propósito de "normalizar" el statu quo. Se trata de la conocida fórmula gatopardista: que todo cambie, para garantizar que todo siga igual.


Aunque superficialmente el contenido socioeconómico de los reclamos y las reivindicaciones es innegablemente variopinto, en el fondo todos ellos parecen confluir, paulatina aunque sostenidamente, alrededor de un núcleo eminentemente político. Así se vienen unificando convicciones, articulando conciencias e integrando el conjunto de las acciones disruptivas en torno a la oposición al capitalismo neoliberal, en todas sus manifestaciones. El lema chileno: no son 30 pesos son 30 años, resume e ilustra esta percepción regional.


Esta coyuntura rememora entonces no solo las Oleadas de las luchas que fueron desplegadas durante las tres últimas décadas del siglo pasado y particularmente vigorosas entrado el nuevo milenio: de una parte, las luchas anti-neoliberales versus los programas de política económica impuestos por los distintos Consensos de Washington; de otra, las luchas contra-neoliberales que disputaban un horizonte no solo al nivel del programa de políticas sino el proyecto político neoliberal y la disutopía de la sociedad de mercado vista como totalidad. Se trató así de dos tipos relacionados de contestaciones, pero también episodios diferenciados de disrupciones globales. En Nuestramérica, estas oleadas provocaron resultados distintos, especialmente, a nivel político que vale la pena rememorar para acceder al cuadro general y actualizado de la economía política de la segunda década de los neoliberalismos del/en siglo XXI, incluidas sus variantes neodesarrollistas.


Anti-neoliberalismo y Contra-neoliberalismo. Balances en retrospectiva


Selectivamente y según sus especificidades societales e improntas históricas singulares, estas disputas dieron paso a un periodo en la cual se registraron tanto cambios como transformaciones. En ambos casos, el ímpetu de los contenciosos y la nueva relación de las fuerzas sociales son los factores que explican las reformulaciones en la hegemonía neoliberal finisecular heredada.


Se advirtió el denominado giro hacia la izquierda. En principio, se trató de un movimiento exclusivamente topológico por contraste con el mismo panorama de la época anterior, al menos en el plano electoral. Su primera implicación fue la llegada de "nuevos" gobiernos que, en su absoluta mayoría y sin ser ontológicamente "de izquierda", confluyeron en las críticas genéricas frente al neoliberalismo, enfatizando aspectos del programa económico.


Sin embargo, las dinámicas, y por sobre todo, las contradicciones de este episodio contencioso forjaron, al menos, dos trayectorias. Por un lado, los gobiernos contra-neoliberales, fruto de una radicalización política sucesiva, elevaron en discursos y en praxis, no solo la perspectiva de cambiar los programas de políticas económicas sino la superación del neoliberalismo y su proyecto político. Estas posturas incluso pueden ser caracterizadas dentro de un horizonte contrahegemónico y, selectivamente, anti-capitalistas. Aunque en la práctica y acudiendo a su expresión gubernamental, este tipo de trayectoria responderían a reformismos radicalizados con discurso revolucionario (Revolución Bolivariana, Socialismo Comunitario), sus experiencias introdujeron matrices políticas, económicas, incluso culturales, para avanzar en (eventuales) transformaciones frente al neoliberalismo. Si bien en estos procesos, como en todos los procesos sociales, no podría hablarse dicotómicamente de rupturas o continuidades absolutas, los quiebres fueron más allá del mero ajuste, restauración o conservación renovada del statu quo. En este caso, la emergencia de nuevas fórmulas políticas, incluidos liderazgos y organizaciones partidarias y populares, así como cambios constitucionales son indicios que deben ser considerados, más allá de las resoluciones que hoy por hoy es necesario registrar críticamente.


Por otro lado, en contraste con las variantes del Socialismo en/del Siglo XXI, los gobiernos anti-neoliberales refrendaron el lema: reconstruir un "Capitalismo en serio", dando paso a la fórmula económico política neo-desarrollista, la cual ⸺a primera vista⸺ daba la impresión de romper con la visión neoliberal, sin que haya sido así. El Neodesarrollismo se propone entonces como el horizonte económico político típicamente latinoamericano que encarna, bajo las condiciones singulares del subcontinente, un neoliberalismo de nuevo cuño y heterodoxo: consciente de la necesidad de una mayor proactividad del Estado y crítico de la desregulación ortodoxa, pero al mismo tiempo promotor de la regulación estatal en favor de los mercados con el fin de superar sus fallas. Como lo recuerda el Consenso de Buenos Aires de 1998, el cual se declaraba en oposición y como "alternativa" al Consenso de Washington de 1989, la idea era ⸺en ese momento⸺ "democratizar" el mercado.


Por ello, el discurso neo-desarrollista más que evolucionar en una crítica auténtica y una alternativa efectiva y de fondo, reprodujo simples "objeciones" (engañosas e inverosímiles, además de obvias, tanto en lo teórico como en sus praxis, pero rotundas a nivel ideológico y prohegemónico) frente al "capitalismo salvaje", al "capitalismo de casino", al "capitalismo de vaqueros" ⸺según sus privativas autocalificaciones⸺, precisamente, la ortodoxia neoliberal que había sido materializada desde la década de 1970 y que, al finalizar el siglo XX, estaba comprometida en una crisis fundamental (aunque no terminal).


La implicación más determinante del emergente neo(liberal)desarrollismo fue, en todo caso, política: su gran capacidad para "gestionar" (y diluir sea por cooptación o represión matizada) los descontentos y acumulados organizativos populares logrados hasta ese momento y, en esa medida, lograr una estabilización de la hegemonía neoliberal, dotándola de una renovada legitimidad. Incorporando grados de resiliencia, los cambios en el programa de políticas públicas (económicas y, su novedad: "sociales") fueron cruciales para bloquear la evolución latente de las contradicciones y las eventuales transformaciones. Así, la combinación: "más neoliberalismo" (de nuevo cuño) con dosis selectivas de "inclusión social", en las cuales el protagonismo estatal resucitado fue clave y, entre otras circunstancias, facilitado por una volátil bonanza económica, sintetiza el éxito (relativo pero efímero) del proyecto neo-desarrollista.


¿Neo(liberal)desarrollismo 2.0? México y Argentina


El panorama que sigue a la restauración ultrareaccionaria que propicia el giro hacia la (ultra)derecha a lo largo y ancho del continente durante la segunda década de este siglo, a partir de interrupciones constitucionales "blandas" y "duras" sea vía los Golpes de Estado (en Honduras, Paraguay, Brasil, más recientemente en Bolivia) sea vía electoral, con el triunfo de fuerzas partidarias comprometidas la profundización del proyecto neoliberal bajo una modalidad de "choque", un sustituto imperfecto del anterior gradualismo neodesarrollista (en Argentina con Macri, Chile con Piñera, últimamente en Uruguay con Lacalle Pou), se habría puesto entre paréntesis a raíz de algunos recambios gubernamentales. Primero, en México desde el año 2018 con Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y, luego, en Argentina a partir del 2019 con el "regreso" de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner (al lado de Alberto Fernández, exministro del gobierno de N. Kirchner), la fórmula F2.


Aún con matices y diacrónicamente, los neo-desarrollistas 2.0, convergen en los ejes clásicos de este perfil político y de políticas: "Nadar con la corriente" sin desafiar al Capital transnacional; la creencia en poder construir una globalización "con rostro humano", sin aperturas indiscriminadas de las economías nacionales ⸺como pretende la ortodoxia⸺ y con una paulatina, pero continua liberalización regulada, como recomienda la heterodoxia neoliberal. Así lo han sintetizado tanto el recién posesionado presidente argentino, A. Fernández: "La globalización es irreversible hay que asumirla, pero con inteligencia" como el mismo AMLO con ocasión de la ratificación del nuevo Tratado de Libre Comercio con los EE.UU. denominado T-MEC y que releva al NAFTA: "(…) me opuse al TLC, pero no se puede echar por la borda lo que se ha conseguido"; avalar el Consenso de la regulación estatal ⸺lejos de cualquier tentación intervencionista, situación blasfema e inaceptable para el neodesarrollismo⸺ potenciando las alianzas público-privadas, por ejemplo; y, entre otras señales, elevar el "nuevo pragmatismo" como orientación para manejar la llamada cuestión social mediante los Pactos o Acuerdos sociales. El Plan de Desarrollo 2019-2024 mexicano y el Compromiso argentino por el Desarrollo y la Solidaridad reflejan ampliamente este sello y la ilusión de alcanzar el "desarrollo sustentable" no sólo en lo económico sino también en lo sociopolítico y ambiental.


En lo inmediato el Neodesarrollismo 2.0 deberá enfrentar las disputas socio-ecológicas territoriales, situación neurálgica para perfilar su rumbo futuro y posterior despegue.


En Argentina, el recambio gubernamental ha sido recibido con una multitudinaria manifestación realizada en la provincia de Mendoza, "en defensa del agua" y rechazando la megaminería. La pretensión de modificar la ley 7722 que prohibía el uso de sustancias tóxicas en la minería fue derrotada en las calles evitando una auténtica regresión ambiental. Este hecho deriva en alerta y se contrasta con la posición aparentemente oficial del Neodesarrollismo 2.0 personificado por Fernández y que mantiene continuidad con las experiencias del mismo tipo en los periodos presidenciales de CFK, en donde los Megaproyectos vinculados al fracking (entre otros, el yacimiento Vaca Muerta) se elevaron como "esperanza" y fuente de recursos económicos: "Sé que para provincias como Catamarca o San Juan el tema de la minería es muy importante. Y San Juan ha logrado desarrollar la minería de un modo sustentable, con el acuerdo social. Me parece que es un modelo a seguir porque la minería es una fuente de riquezas para provincias como Catamarca y como San Juan".


Por su parte, la convocatoria realizada por el gobierno de la Cuarta Transformación enfrenta variadas resistencias. Especialmente, en los pueblos indígenas de la región étnicamente más densificada del país. En el Reordenamiento Territorial del Sur-Sureste de México, los Megaproyectos: el Tren Maya, el corredor Transítsmico y las Zonas Económicas Especiales (ZEE) son tres programas claves para el "Desarrollo regional" pues, según el gobierno y su partido: "(…) los sitios arqueológicos de la cultura maya y las comunidades que las rodean deben ser integradas al desarrollo nacional para conservarse mejor y mejorar la competitividad de nuestra oferta turística" (Proyecto de Nación 2018-2024 del Partido MORENA). En contraposición y, desde otro ángulo, los mismos son considerados como un "objetivo de largo aliento y aún inconcluso" para "el control, reparto e instrumentalización neoliberal de territorios y pueblos de la península" (Geocomunes, citado por SIPAZ, diciembre 2019). Frente a esta misma controversia, el EZLN durante el acto político del 26º aniversario de esta organización, insistió: "(…) podrán cambiar al capataz, los mayordomos y caporales, pero el finquero sigue siendo el mismo", frase que podría fácilmente atrapar el "misterio" neodesarrollista 2.0. Del Río Bravo a la Patagonia.


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Golpe certero a la reincorporación
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