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​El oráculo de los entusiastas

Joseph Stiglitz y el oxímoron del capitalismo Progresista


José Francisco Puello-Socarrás

Escuela Superior de Administración Pública


El capital es trabajo muerto que solo revive, como los vampiros, chupando trabajo vivo, y vive tanto más cuanto más trabajo vivo chupe.


Karl Marx, "La Jornada de trabajo", El Capital. Crítica de la economía política (Libro I, Tomo I)


Ontológicamente y por definición, el sistema capitalista es irreformable. Aunque este secreto a voces y la condición propia de la sociedad en la cualidad (sobre) vivimos ya fueron anunciados y específicamente denunciados desde hace más de siglo y medio imonparsimoniosamente ratificados por las trayectorias de los hechos sociales históricos en sí y por sí mismos⸺ hoy, la urgencia de los tiempos impone diferenciar entre simplemente "tener conciencia" o, en definitiva, tomar conciencia en torno al no-futuro que impone la crisis civilizatoria actual, desatada por la fase neoliberal del capitalismo.


La inminencia de los (in) sucesos ha llegado desesperando, cada vez con mayor fuerza, cualquier sospecha sobre eventuales especulaciones o conspiraciones en torno a la realidad. Se trata de un debate en el cual, específicamente, basarse con aproximadamente los números estadísticos básicos para zanjar y evidenciar la dimensión de esta catástrofe.


A pesar del negacionismo caricaturesco que hegemónicamente aún subsiste como diagnóstico por parte de los principales líderes políticos mundiales (entre ellos, los más bufos: Trump en los EE.UU., Bolsonaro en Brasil, Morrison en Australia), la cabalgante exacerbación de todos los aspectos de la crisis capitalista ha obligado a que la intelligentsiaal servicio del capital no solo se acepta como no se puede ser de otra manera: siempre a regañadientes lo que ellos consideran los "desajustes" provocados por el neoliberalismo. La renovación de los procesos de alienación ideológica bajo la expectativa de canalizar los desencadenantes más apremiantes de la economía política en el siglo XXI se ha tornado así forzosa. La intelectualidad neoliberal, especialmente aquellos sectores asociados a la tecnocracia académica, han venido suscitando entonces la idea de "reformular" el capitalismo de época, instalando un horizonte reformista.


Estos esfuerzos y la oleada de innovaciones discursivas neoliberales parecen concentrarse ⸺al menos⸺ en dos tácticas complementarias. Primero, desplegando una fraseología contradictoria la cual, más allá de sus faltas de sentido y vacíos de contenido, resultaría ser "atractiva", "sonora" y, últimamente, productiva (fundamentalmente, en el terreno del subjetivo) para los públicos a los que quiere afectar. Estas voces, justamente, quieren presentarse abiertamente como "críticas", aunque ocultando cuidadosamente y simultáneamente su respaldo incondicional al statu quo. La segunda táctica pretende obstaculizar la imaginación política en general, la ciega en torno a una especie de posibilidad respecto al tipo de cambios ofrecidos (superficiales, en todo caso); La Finalidad es deliberada: bloquear el párrafo potencial trans Las Formaciones Sociales y, con ola, desterrar eventuales Salidas Izquierda Anticapitalista a la crisis.


En síntesis, se trata unpor un lado⸺ de lo que podría denominarse: las críticas neoliberales al neoliberalismo, las cuales ⸺por otro lado⸺ afectadas la expectativa de salvar al capitalismo de sí mismo, pero siempre incorporando en la fórmula más neoliberalismo. Como se puede observar, la impronta característica de todas estas expresiones hegemónicas, al menos formalmente, es el oxímoron.


Joseph Stiglitz, con seguridad, encarna su máxima expresión.


Más allá de demostrar si es probable la existencia de una fase "progresista" dentro del Capitalismo, si las condiciones actuales podrían ser posibles pensar en un escenario "menos reaccionario" dentro del neoliberalismo, la expresión detectada por Stiglitz en su último libro : Capitalismo progresista. La respuesta a la era del malestar (2019), no dice algo en el fondo y, por eso, tampoco puede ser tratado con algún rigor analítico. Sabemos que la pseudo-noción "progresismo" es extremadamente problemática y, como propuso Ernesto Guevara en una entrevista a Face the Nation en 1964, altamente ambigua.


Sin embargo, de otra parte, sí se precisa clarificar varios aspectos del pensamiento económico y político de este premio nobel en Economía 2001 y ponderar en qué consiste su "progresismo". Los discursos de Stiglitz, divulgados con gran fuerza médica global vienen siendo acogidos como bandera ideológica tanto por sectores políticos autoproclamados: "progresistas" (quienes, además, se presentan como "anti-neoliberales", críticos del establecimiento vigente) y además siendo recibidos ( ¿Acríticamente?), Como por algunas corrientes de la izquierda sociopolítica en distintas latitudes de Nuestramérica y nivel mundial.


¡Reforma ... y Contrarrevolución! La heterodoxia neoliberal en el pensamiento de J. Stiglitz


Como proponíamos, Joseph Stiglitz personifica paradigmáticamente el tipo de operaciones ideológicas que posicionan entre la opinión pública mundial una "crítica del neoliberalismo".


Autor del Consenso Post-Washington (1998), propuesta que publicitariamente se postuló a contracorriente del Consenso de Washington, Stiglitz en la realidad se confirmó, con algunos matices, la preeminencia de las lógicas del mercado, en la misma línea argumentativa de sus pensamientos y controles más recientes. Hay que reconocer que el zigzagueo discursivo de Stiglitz y su manera de presentar temas específicos públicos no especializados específicamente confundidos.


Por ejemplo, Stiglitz es reconocido como uno de los más crudos opositores de los Acuerdos de libre comercio: Trans-Atlántico y Trans-Pacífico que adelanta el gobierno de su país, los cuales no duda de calificar como "farsa", porque en su opinión estos acuerdos comerciales "(…) colocan habitualmente los intereses comerciales por encima de otros valores… [que] no deben ser negociables" (Stiglitz, J. "La farsa del libre comercio", El Espectador, 13 de julio de 2013).


A primera vista, esta posición podría parecer justamente una crítica; sin embargo, el mismo autor, aclara:


Si los negociadores crearan un régimen de libre comercio auténtico, en el que se concediera a las opiniones de los ciudadanos de a pie al menos tanta importancia como a las de los grupos de presión empresariales, podría sentirme optimista, en el sentido de que el resultado fortalecería la economía y mejoraría el bienestar social. Sin embargo, la realidad es que tenemos un régimen de comercio dirigido, que coloca por delante los intereses empresariales, y un proceso de negociaciones que no es democrático ni transparente [énfasis propio] (Stiglitz, J. "La farsa del libre comercio", El Espectador, 13 de julio de 2013).


Tal y como reza un refrán anglosajón: el diablo está en los detalles. Aquí las críticas realizadas al régimen de libre comercio "dirigido", la farsa, son para reclamar la necesidad de una versión "auténtica", un libre mercado puro. Stiglitz en otras oportunidades ha reafirmado esta cofradía con los postulados del neoliberalismo heterodoxo ("la segunda escuela", según sus palabras), a través de sus críticas a la ortodoxia neoliberal ("la primera escuela" que él considera heredera de Adam Smith), pero exclusivamente para relegitimar el proyecto neoliberal del capitalismo de mercado:


Durante 200 años, ha habido dos escuelas de pensamiento sobre qué es lo que determina la distribución de los ingresos ⸺y sobre cómo funciona la economía. Una, que surge de los pensamientos de Adam Smith y los economistas liberales del siglo XIX, se centra en los mercados competitivos. La otra —consciente de la forma como el liberalismo de Smith conduce a una rápida concentración de la riqueza y el ingreso— toma como punto de partida la tendencia sin restricciones que tienen los mercados para dirigirse hacia el monopolio. Es importante entender ambas escuelas debido a que nuestros puntos de vista sobre las políticas gubernamentales y las desigualdades existentes se moldean según cuál de las dos escuelas de pensamiento cada uno de nosotros cree que es la que proporciona una mejor descripción de la realidad [énfasis propio] (Stiglitz, J. "La nueva era del monopolio", El Espectador, 27 de mayo de 2016).


Precisamente, en una entrevista concedida al Nuevo Herald, Stiglitz testificó:


Soy un crítico de la manera en que se han implementado ciertas versiones del capitalismo... Creo que el capitalismo irrestricto, la desregulación que fue uno de los ejes del capitalismo norteamericano desde el principio de la presidencia de Reagan, es una era que ha llegado a su fin... (El Nuevo Herald entrevista reproducida por El Colombiano, "Los consejos de Joseph Stiglitz", 22 de agosto de 2009).


Complementando enseguida:


En rigor, Estados Unidos no tiene lo que podría llamarse un sistema capitalista puro: hemos estado socializando las pérdidas y privatizando las ganancias. Tenemos toda clase de intervención gubernamental, pero desafortunadamente, se trata en general de una intervención destinada a ayudar al sector bancario, a las empresas farmacéuticas, a diversos intereses especiales. Es una suerte de sistema de beneficencia para las corporaciones. De manera que lo que realmente he defendido es una forma más pura de economía de mercado, que no centre su protección en las empresas, sino en la gente. [énfasis propio] (El Nuevo Herald entrevista reproducida por El Colombiano, "Los consejos de Joseph Stiglitz", 22 de agosto de 2009).


Stiglitz se inscribe también en la misma línea de argumentación propia de las corrientes neoliberales heterodoxas, las cuales han criticado férreamente la desregulación y el libertinaje de los mercados, tanto como el poder de los monopolios (de Röpke a Mises y Hayek). Este pensamiento neoliberal crítico del neoliberalismo defiende la presencia estatal en función de una economía "regulada" (aunque no dirigida; dos cuestiones distintas), como presupuesto económico político para garantizar la máxima libertad ("genuina") de los mercados.


Estos discursos han encontrado su correlativo en expresiones cada vez más sofisticadas en las teorías económicas contemporáneas, más puntualmente: las corrientes de la nueva síntesis neoclásica-keynesiana y autoproclamados como los nuevos keynesianos. El rol intelectual, ideológico y tecnocrático que vienen jugando teorías emergentes de este tipo ha sido fundamental para reforzar ⸺esta vez en el campo académico⸺ las críticas neoliberales al neoliberalismo. Esta última denominación y las abusivas alusiones a Keynes no deben confundir. Las verdaderas convicciones de este Frankenstein teórico ⸺"keynesianismo bastardo", como alguna vez Joan Robinson (1962) calificó la primera síntesis neoclásica del premio nobel en economía, J. Hicks en los 1930, difundida a la postre por P. Samuelson⸺ comparecen plenamente y se refuerzan con el nuevo ideario neoliberal:


(…) lo que diferencia a esta síntesis de la síntesis neoclásica de la primera posguerra es que sus rasgos neoclásicos son todavía más acentuados, debido a que incorporan la mayor parte de los desarrollos teóricos monetaristas y nuevos clásicos… [citando a Argadoña, Gamez y Mochón, se añade] "los nuevos keynesianos no tienen diferencias a fondo con los nuevos clásicos… en cuanto que el origen de las rigideces se busca no en factores institucionales o sociológicos, sino en la competencia imperfecta de los mercados…". (Astarita. Keynes, poskeynesianos y keynesianos neoclásicos: apuntes de economía política. 2008, p. 199).


Más que reformismos herejes, se precisan blasfemias frente al Capital


Pierre Bourdieu ha contribuido en la interpretación correcta del significado de la herejía, lo heterodoxo y la crítica hereje. Esta rectificación es sumamente útil a la hora de dar cuenta de los cambios en el neoliberalismo y fundamental para interpretar la versión de nuevo cuño que pretende ser naturalizada hoy:


(…) La herejía, la heterodoxia, como ruptura crítica, que está a menudo ligada a la crisis, junto con la doxa, es la que obliga a los dominantes a salir de su silencio y les impone la obligación de producir el discurso defensivo de la ortodoxia, un pensamiento derecho y de derechas que trata de restaurar un equivalente de la adhesión silenciosa de la doxa (…) la subversión herética afirma ser un retorno a los orígenes, al espíritu, a la verdad del juego, en contra de la banalización y degradación de que ha sido objeto (Bourdieu, Campo de poder, campo intelectual: itinerario de un concepto. 2002, pp. 121-122).


Así se entiende y se clarifica que la doxa del mercado, el neoliberalismo, existe en su versión orto-doxa: el fundamentalismo de mercado, dogmática y que defiende a limine el libertinaje ⸺hoy casi desahuciado, ¡por los mismos neoliberales!⸺ pero, al mismo tiempo, se consolida una nueva versión: la hetero-doxa, donde el mercado es fundamental, defensora de las libertades "auténticas" de mercado, operación que pretende renovar la fe en el neoliberalismo y actualizarlo.


Esa es la función para la cual está dispuesta la herejía (neoliberal) y las críticas herejes. Lo que se necesita, sin embargo, para superar esta doxa, son blasfemias que exorcicen la insaciable hambre del Capital.



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Lunes, 13 Julio 2020

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