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México en tiempos de Andrés Manuel López Obrador

Filosofía política y transformación social


David Antonio Pérez Nava

Asociación de Filosofía y Liberación

Bernardo Cortés Márquez

Universidad Nacional Autónoma de México


El singular momento actual de la historia mexicana


Pese a aquellos que aún intentan negarlo, México atraviesa hoy por un muy singular momento de su historia en el que la catarsis social del 1 de julio de 2018 ⸺incubada a lo largo de varias décadas de dominación neoliberal⸺ no ha hecho más que ampliar el escenario de la lucha política y abrir un inmenso horizonte de alternativas cuyo desarrollo y desenlace no puede, es cierto, determinarse a priori, pero cuya necesaria comprensión pasa definitivamente por un profundo trabajo analítico que implica no solo la revisión de las condiciones históricas que han hecho posible el momento presente, sino también de las categorías a través de las cuales intentamos dar cuenta de ello. Un genuino intento de explicar, desde la filosofía política, la situación en la que el país se halla, así como sus múltiples vías de desarrollo, debe entonces concentrar sus esfuerzos en este último aspecto, sin que eso signifique perder de vista que ningún hecho político es cabalmente comprensible si no consideramos la manera en que se despliega en el tiempo. El triunfo electoral de Andrés Manuel López Obrador, en este sentido, es el gran evento político de la vida nacional desde por lo menos el inicio de la Revolución Mexicana de 1910, y lo es no tanto por la reacción antineoliberal que representa o por el aplastante apoyo popular que significaron los 30 millones de votos obtenidos aquel primero de julio, sino porque su irrupción es interrupción de una continuidad histórica, freno al tren del progreso neoliberal y promesa y posibilidad concreta de lo nuevo ⸺con sus límites y contradicciones⸺ que lejos de cerrar posibilidades las abre, de la misma manera que una grieta está siempre condenada a producir otras.


La naturaleza de los procesos políticos


Los procesos políticos son, pues, fenómenos sumamente complejos, cuya lógica interna muchas veces no suele presentarse de forma diáfana ni siquiera para aquellos que los protagonizan, mucho menos para quienes intentan hallar su sentido echando mano solo de categorías que por anacrónicas o esquemáticas son incapaces de acceder a las notas más esenciales, profundas, que determinan la naturaleza de los procesos de transformación social. Los lugares comunes, la pesada herencia de una tradición tristemente ortodoxa y un cierto universalismo abstracto que pasa por alto el carácter circunstancial, azaroso e imperfecto que reina la vida humana, no son recursos analíticamente útiles cuando lo que se quiere es comprender una realidad política que, como una espiral dialéctica, se halla en una dinámica viva que es siempre contradictoria e inestable. Los procesos políticos, en este sentido, no están sujetos al capricho del que prefiere pensar el mundo no como es, sino como le gustaría que fuera ⸺en actitud más bien literaria que teórico-filosófica, como afirmara Hegel⸺; así que todo intento de dar cuenta de la situación política por la que atraviesa México hoy en día, precisa del abandono de aquella actitud antifilosófica que busca circunscribir a los estrechos márgenes de una izquierda excesivamente romántica lo que es en verdad hecho vivo, surgido en condiciones muy propias y cuya especificidad es menester comprender para comprender también su rumbo y su sentido. La Cuarta Transformación (4T) de México (como llama López Obrador al proceso que encabeza, más en el tono de un anhelo de transformación que como un hecho ya consumado. Transformación de izquierda, democrática y popular) no debe entonces analizarse ni desde el esquematismo del que cree que la justicia social y la potencia revolucionaria de un pueblo son propiedad privada del falso radicalismo de izquierda (del que en México son quizá el Ejército Zapatista de Liberación Nacional y sus adherentes su principales exponentes); ni desde la ingenuidad de aquel que, contra toda experiencia histórica, quiere verlo cambiar todo de una mañana a la siguiente, como si de acto absolutamente voluntario se tratara, y como si las relaciones sociales preexistentes no opusieran resistencia[1]; ni desde la imprudencia de aquel que busca modelos y conceptos ajenos (como los hoy muy usuales de progresismo o socialismo del siglo XXI) para evaluar y juzgar un proyecto político que en realidad tiene un desarrollo histórico propio, signado no por las luchas de la izquierda latinoamericana heredera de las Revoluciones Rusa o Cubana sino por las tres transformaciones sociales (profundamente populares en causas y objetivos) a las que el propio discurso de la 4T apela: la Independencia de 1810 ⸺con los curas revolucionarios, Miguel Hidalgo y José María Morelos⸺, la Reforma de la segunda mitad del siglo XIX y su lucha por el Estado laico ⸺con el genuino primer presidente indígena del continente, Benito Juárez⸺ y la muy creativa Revolución Mexicana, que entre otras cosas, aunque imperfecta, transformó las relaciones de poder y propiedad al grado de entregar casi la mitad del territorio ⸺75 millones de hectáreas⸺ a los campesinos pobres[2].


La búsqueda de claridad y solidez teórica en torno a lo político constituye una toma de posición política


Ahora bien, la derecha política mexicana ⸺como toda derecha en cada rincón del mundo⸺, afila sus herramientas en contra de cualquier proyecto que contradiga su natural tendencia a la concentración de la riqueza, los derechos y la justicia. Su enemigo es, evidentemente, López Obrador y la Cuarta Transformación de México (como sus enemigas fueron las tres transformaciones históricas anteriores).Pero en ello no hay sorpresa, pues en la permanente lucha política en la que poseedores y no poseedores aparecen como adversarios, esto no podría ser de otra manera, incluso ahí en donde los momentos de aparente estabilidad social difuminan esas contradicciones. El problema real está, como hemos insinuado ya, entre aquellos que apareciendo nominalmente como políticamente más próximos, afines, son incapaces de comprender lo real por la obsesión de que lo real se adecúe a sus esquemas, sus utopías y sus categorías. Para estos la crítica es ligera, el juicio es categórico y la comprensión es mediana, y por tanto son incapaces de explicar realmente el sentido de un proceso que, como el que vivimos hoy en México, aparece ante ellos como lo no suficientemente puro, lo no suficientemente estable, lo no suficientemente revolucionario… sin saber que ni la pureza ni la ausencia de contradicciones son predicables de lo genuinamente humano, y que el carácter revolucionario de un proceso no se devela cuando este ha iniciado sino solo según las rutas por las que se desenvuelve en el tiempo. En momentos como los que ahora vivimos ⸺recordando en esto a Lenin⸺, el falso radicalismo de izquierda, un cierto romanticismo político (recurrente en América Latina), el oportunismo y la no comprensión de lo político ⸺o la comprensión formal y por la tanto meramente superficial⸺ que se manifiesta en forma de una supuesta "actitud crítica", aparecen como auténticos enemigos del pueblo que hay que saber identificar, explicar y criticar ahí en donde se encuentren. Una tarea cuya necesidad teórica y política supo entender muy bien Karl Marx, y que es el fundamento último de aquellas memorables diatribas contra los anarquistas, contra los socialistas alemanes o franceses y contra todo oportunismo y superficialidad teórica que se cernía amenazante, con piel de oveja, sobre el naciente movimiento obrero de la Europa decimonónica. En momentos como éste no toda la izquierda es una aliada, y hay que saber asimilarlo con todas sus consecuencias.


Siguiendo el ejemplo de Marx, de lo que se trata es, sí, de explicar las estructuras fundamentales de un sistema que se manifiesta injusto; pero en el terrero de la teoría y la lucha política, lo que se necesita es combatir a aquellos que arropados por la auto-otorgada autoridad moral del que cree tener derecho de criticarlo todo para no comprometerse con nada (salvo con abstracciones sin ningún valor práctico-concreto), no sólo no favorecen la lucha por la justicia social y los derechos de las grandes mayorías, sino que incluso la entorpecen y la atrasan. Ante este panorama, como resulta evidente, se nos impone entonces una tarea amplia y diversa, pues no solo es necesario buscar comprender el momento presente y sus diversos aspectos (la irrupción popular como momento político; el liderazgo, el partido, el pueblo y la particular relación dialéctica en la que se hallan; la lógica interna de los procesos políticos y, con ella, el mecanismo de conformación de las identidades políticas o las formas de articulación al interior de la lucha), sino que al hacerlo se hace también evidente la necesidad de problematizar, resignificar, restituir o simplemente sugerir nuevos conceptos que permitan mostrar, primero, el sentido de los fenómenos a los que nos enfrentamos, pero después y sobre todo, diferenciarnos claramente de aquellos que, aunque en apariencia también de izquierda, sirven en el fondo (como han servido siempre) a los intereses de la reacción y el conservadurismo. Los extremos siempre se tocan.


La búsqueda de claridad y solidez teórica en torno a lo político es, pues, siempre una definición, una toma de posición política que abre o cierra posibilidades de participación o articulación entre los diversos actores ideológicamente determinados. Toda diferencia política es, en este sentido, la explicitación práctica de una diferencia teórica, conceptual o metodológica. 


Y aunque nuestra intención dista mucho de ser la de buscar desaparecer unas u otras (pues muy lejos estamos de creer en la posibilidad real ⸺a todas luces contrafáctica⸺de un "consenso racional" de los oprimidos que diluya las contradicciones y los aglutine a todos alrededor de un proyecto que los satisfaga a todos), sí creemos que la posibilidad de dotar a un movimiento, un proyecto político, una organización o un partido de las herramientas que le permitan constituirse y mantenerse ⸺hasta donde sea empíricamente posible⸺ como la encarnación genuina de un pueblo en la búsqueda de justicia, pasa necesariamente por identificar ⸺para no cometerlos⸺ los errores políticos (que son también teóricos) de esa cierta izquierda romántica e ingenua, por un lado, y de aquella otra que, como dijeran Ernesto Laclau y Chantal Mouffe (cfr. Hegemonía y estrategia socialista, Argentina, FCE, 2011) acepta el orden de cosas dado y sostiene un cierto "paradigma liberal" que no le permite pensar en modelos democráticos y de mercado distintos a los ya establecidos. Unos, los aparentemente radicales, pecan por exceso (pues exigen cambios que en tiempo, forma y fondo no corresponden a la lógica política de los pueblos), y los otros, el progresismo de tendencia socialdemócrata, peca por ausencia (pues su incomprensión de la lógica política lo induce a pensar el proceso político como una simple modificación cuantitativa de más o menos derechos, y lo vuelve incapaz de pensar modelos genuinamente alternativos a los ya establecidos). De todos ellos, como hemos dicho, hay que saber diferenciarse teóricamente y apartarse políticamente, y eso resulta aún más apremiante en momentos como este en el que ante las transformaciones posibles impulsadas por el gobierno lopezobradorista, se opone una resistencia "izquierdista" a veces torpe, a veces mezquina, a veces ingenua, pero siempre igual de dañina.


El carácter de los procesos de transformación social


Los grandes procesos de transformación social, las revoluciones genuinamente tales ⸺cuando ocurren⸺, son siempre movimientos caóticos, determinados por la particularidad del lugar y el momento en el que acaecen, pero que poseen también una lógica interna, transhistórica, que es común a todas y que nos permite pensarlas como análogas muy a pesar de las diferencias que puedan existir entre ellas.Esa lógica de lo político que está a la base de los procesos de transformación ⸺actuando de modo distinto según el particular momento de su desarrollo⸺, es precisamente lo que debemos descifrar conscientes de que en ello se juega la efectividad política de un discurso, un proyecto, un partido, un líder o un pueblo. No hay revolución en la historia que haya desvelado su carácter revolucionario desde el momento mismo de su surgimiento. Ni los Estados Generales de Luis XVI o la tímida Asamblea Nacional anunciaron el gobierno de los jacobinos; ni el gobierno de Kérenski anticipaba el ascenso de los bolcheviques y la construcción del Estado soviético; ni el gobierno democrático liberal del presidente Francisco I. Madero, en el México incipientemente revolucionario de principios del siglo pasado, vislumbraba las grandes transformaciones sociales que harían que este país fuera durante décadas, como dijera Fidel Castro el 10 de octubre de 1955, el "raro privilegio de América". Y entender este hecho nos permite asumir, como punto de partida (sin ingenuidades falsamente radicales, pero también sin triunfalismos desmesurados), que el gobierno lopezobradorista es un momento ⸺importantísimo, sin duda, pero solo un momento⸺ del proceso político mexicano que hay que entender en sus justos términos, defender de aquellos que en la teoría o en la práctica entorpecen sus potencialidades, y potenciar según el modo en que las circunstancias mismas lo exijan y permitan. Lo que suceda a partir de este momento, por lo demás, solo dependerá de la virtud de los sujetos políticos que lo protagonizan y, desde luego, de la fortuna (en el sentido que da Nicolás Maquiavelo a estos términos).


Referencias


  • Castro, Fidel (1983). José Martí, el autor intelectual. La Habana: Editora Política.
  • Echeverría, Bolívar (2011). El materialismo de Marx. Discurso crítico y revolución. México: Ítaca.
  • Laclau, Ernesto y Mouffe, Chantal (2011). Hegemonía y estrategia socialista. Hacia una radicalización de la democracia. Argentina: FCE.
  • Maquiavelo, Nicolás (2008). El Príncipe. México: UACM.
  • Melotti, Umberto (1980). Revolución y sociedad. México: FCE.
  • Miranda, José Porfirio (2022). Hegel tenía razón. La revolución de la razón. México: UAM/Plaza y Valdez.



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Lunes, 13 Julio 2020

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