Pandemia COVID-19 ¿Las medidas del gobierno de Duque a quién salvan?


Christian Camilo Sánchez Acosta

Politólogo

Universidad Nacional de Colombia

Magíster

Escuela de Administración Pública (ESAP)


En el marco de la crisis del covid-19 la administración nacional ha desarrollado medidas que buscan mitigar el impacto de la pandemia. En tal sentido este escrito se propone evidenciar cómo el gobierno no está planeando la supervivencia de los seres humanos, sino planeando salvaguardar el modelo económico para la supervivencia del modelo de sociedad existente.


Este documento se estructura en tres apartados, a saber:


1) La crisis por la pandemia agudiza la crisis del sistema de salud.


2) Las decisiones tomadas por el gobierno nacional concurren en dos frentes: por un lado, subsidios a la demanda que garanticen el acceso al mercado de los menos favorecidos y, de otro, el apalancamiento directo del sistema financiero y empresarial.


3) La sociedad ha entrado en un momento de reflexión, que no necesariamente desembocará en un cambio; en definitiva, veremos cambios positivos que no deben entenderse como transformaciones estructurales del sistema.


  1. La crisis por la pandemia agudiza la crisis del sistema de salud

Tres aspectos evidencian la situación del sistema de salud en Colombia. Estos corresponden a la crisis financiera del sector salud debido al no pago de las aseguradoras de salud a las prestadoras del servicio, al déficit de camas para cuidado intensivo de adultos y a la centralización de la prestación de los servicios de salud.


El sistema de salud colombiano en la década de los 90 pasó de uno propio de un Estado proveedor de servicios a uno regulador y, paralelamente, conservó parte del sistema tradicional mediante una estructura segmentada para atender a la población pobre y vulnerable a través de seguros subsidiados (Suárez-Rozo LF, Puerto-García S, Rodríguez-Moreno LM y Ramírez-Moreno, 2017). Asimismo, estructuró un modelo en el cual las aseguradoras pagan a los prestadores el servicio de sus afiliados.


La Asociación Colombiana de Hospitales y Clínicas (ACHC) señaló a mediados de 2019 que las EPS tenían una deuda superior a los 10 billones de pesos con al menos 207 instituciones prestadoras de salud del país. Este indicador evidencia una crisis financiera del sector salud en Colombia como producto de los incumplimientos en los pagos bajo el modelo de Estado regulador de la relación de intermediación entre aseguradoras y prestadoras del servicio, que afecta de manera directa a los pacientes y a los y las trabajadoras del sector de la salud.


El Registro Especial de Prestadores de Servicios de Salud (REPS) destaca que ningún departamento tiene más de 2 camas de cuidado intensivo para adulto por cada 10.000 habitantes y que incluso en departamentos como Vaupés, Vichada, Guainía, Amazonas y Guaviare no existe al menos una Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) para la atención de pacientes críticos.


Es así que la centralización de la prestación de los servicios de salud en el país, de acuerdo con Guzmán Finol (2017), ha condicionado a los habitantes de las regiones, y en particular a la región suroriental, a no tener acceso oportuno a los servicios de salud, constituyendo así una barrera geográfica para la atención.


2. Las decisiones tomadas por el Gobierno Nacional concurren en dos frentes: de un lado, subsidios a los pobres, de otro, apalancamiento directo del sistema financiero y empresarial


Las medidas tomadas por el Estado Colombiano se han abierto en dos frentes: por una parte, se ha constituido un fondo para apalancamiento directo del sistema financiero y empresarial. Por otra, se han estructurado subsidios focalizados a la demanda para el acceso al mercado. En tal perspectiva, algunos de los decretos expedidos por el Gobierno Nacional permiten identificar estas aseveraciones.

​​ Decreto Intención
​ 417 del 18 de 2020 ​ Declara el Estado de Emergencia Económica, social y ecológica.
​ 418 del 18 de 2020
​ Más allá de establecer una línea de acción para enfrentar la crisis, desató un conflicto entre gobernadores y alcaldes con la presidencia, en tanto quedaron en vilo algunas de las medidas tomadas por los primeros.

439 del 20 de marzo de 2020
​ Tomó una medida reclamada por muchos, cancelando los vuelos procedentes del exterior.
​ 441 del 20 de marzo de 2021 ​ Ordenó la reconexión del acueducto a los hogares que lo tenían suspendido por corte del servicio.
​444 del 21 de marzo de 2020​ (FOME) que obtendrá recursos del "Fondo de Ahorro y Estabilización – FAE. Fondo de Pensiones Territoriales – FONPET o Recursos asignados en el Presupuesto General de la Nación. Los rendimientos financieros generados por la administración de los recursos. Y los demás que determine el Gobierno nacional". No obstante, el FOME usará los recursos para "Efectuar operaciones de apoyo de liquidez transitoria al sector financiero a  través de transferencia temporal de valores, depósitos a plazo, entre otros, y Proveer directamente el financiamiento a empresas privadas, públicas o mixtas que desarrollen actividades de interés nacional".
​444 del 21 de marzo de 2020​ Establece el aislamiento obligatorio de todas las personas desde el 25 de marzo hasta el 13 de abril de 2020. Cinco días después de declarado el Estado de Emergencia toma la decisión de restringir la movilidad de las    personas a efectos de evitar más contagios.
​ 458 del 22 de marzo de 2020​ Decreta la entrega de ayudas no condicionadas a poblaciones focalizadas.
​ 461 del 22 de marzo de 2020​ Permite a las entidades territoriales destinar las rentas a acciones necesarias para afrontar la crisis.

Asimismo, se decretó la devolución cada dos meses del IVA a un millón de familias por un valor de 75.000 pesos. En todo caso, se trata de una suma que está muy por debajo del valor de la canasta familiar en Colombia calculado en $1.400.000 por el DANE.


El DANE señaló que en 2018 la pobreza multidimensional en Colombia alcanzó el 19,6%; asimismo ha estimado en alrededor de 48 millones de habitantes la población del país. Es decir, que al menos 9,4 millones de personas se encuentran en situación de pobreza. En definitiva, la devolución del IVA, así como las medidas de un pago adicional a programas como Familias en Acción, Jóvenes en Acción y Adulto Mayor, apuntan a subsidios a la demanda para que puedan comprar en este momento de crisis, pero además deja la responsabilidad de afrontar la crisis en las familias, entregando un monto que en todo caso no cubrirá los costos de la canasta familiar.


En 2019, el sector financiero registró utilidades por $21 billones de pesos y los fondos de pensiones alcanzaron ganancias de $72 billones. A ellos se les ha salvaguardado su funcionamiento y liquidez mediante la creación del Fondo de Mitigación de Emergencias (FOME). Cabe recordar, además, que en 1998 nació como un "colchón" para la crisis financiera el denominado 2x1000, que pasó a 3x1000 y, luego, a 4x1000, y que consiste en un gravamen a las operaciones financieras que al principio debía tener una duración de un año, y ya ha cumplido 22. Por su intermedio se ha recaudado en los últimos 10 años un promedio anual de alrededor de 7 billones de pesos. Es importante aclarar que en la actualidad el 4x1000 es un impuesto recaudado por las entidades financieras para el Estado colombiano.


No obstante, el punto de reflexión se refiere al hecho de que los trabajadores tuvieron que meterse la mano al bolsillo para salvar al sistema financiero en la crisis de finales de los años 90, en tanto los grandes empresarios estuvieron exentos de dicha medida. En la actualidad, las medidas tomadas por el Gobierno Nacional apuntan de nuevo al salvamento del sector financiero a costa del ahorro de los entes territoriales.


En suma, el gobierno de Iván Duque utiliza el ahorro de las entidades territoriales para destinarlo al sector financiero y a las empresas privadas. Y de otro lado, las medidas para las clases menos favorecidas no corresponden con la envergadura de la realidad.


3. Reflexión: Veremos cambios positivos que no deben entenderse como transformaciones estructurales del sistema


El tercer apartado resulta ser más una reflexión de lo que ocurre en la actualidad y de sus repercusiones en un posible escenario de pospandemia. El comportamiento de las personas ha encontrado un momento para replantearse el tipo de sistema en el cual nos encontramos; por supuesto, esto ocurre en la singularidad de las situaciones de cada individuo y su lugar en la sociedad. Algunos han encontrado anhelados espacios de reflexión; otros reprueban las desigualdades bien sea por ver a los otros sufrir o por ser esos otros que sufren; otros tantos reafirman sus condiciones favorables en el sistema y se esfuerzan por mantener esos privilegios; otros viven un sueño romántico de cuarentena que dista de la realidad de la sociedad, y algunos otros han visto con agrado el respiro que le hemos dado a la naturaleza. Podría seguir enumerando un sinfín de posibilidades, tantas como individuos existen sobre la faz de la tierra, pero, en general, todos piensan en lo que sucede en este momento y sus repercusiones en el futuro.

​ Las acciones gubernamentales no se enfocan en la transformación del sistema, sino que ante la crisis han tomado una línea de asistencia social y se han replanteado las desigualdades en términos de cómo evitar que ellas fracturen el sistema. Esto significa que hay que ayudar a los pobres para que no salgan a la calle y no infecten a quienes se limitan a recibir el domicilio en la portería de sus lugares de residencia. En tal perspectiva, no se puede cambiar un modelo que no ha sido puesto en duda y del que, por ahora, solo se pretende corregir sus fallos. En definitiva, los Estados no están planeando la supervivencia de los seres humanos, están planeando la supervivencia del modelo de sociedad existente.

En el presente, se han realizado campañas en torno al cuidémonos todos, a la innovación como alternativa para afrontar los cambios que implica la cuarentena, a pensar en el otro y evitar salir de casa para no contribuir al aumento de la curva de infectados, a las donaciones para apoyar a los más desfavorecidos, a aplaudir a los y las trabajadore(a)s de la salud, a evitar el acaparamiento de alimentos y productos de limpieza. En suma, se ha venido realizando un recordatorio de solidaridad para afrontar la crisis y por supuesto que todas estas acciones están muy bien.


No obstante -y con esto no se quiere decir que no deban apoyarse estas iniciativas ni que tampoco sea válido el momento actual de reflexión, que por demás es fundamental-, hay que señalar que aún no se está hallando el camino para una verdadera transformación social o que el sistema actual mude a uno basado en la solidaridad entre los seres humanos.


En ese contexto, quisiera señalar a manera de argumento que en Colombia la pandemia nos ha hecho perder el foco de los problemas que históricamente ha afrontado el país. En efecto, tal como se ha afirmado en este documento, la pandemia expone aún más la crisis de nuestro país; un sistema de salud de mala calidad, sumado a la falta de legitimidad y gobernabilidad del presidente de la República, y otros tantos problemas más. Los asesinatos de líderes sociales y defensores de los derechos humanos no se han detenido: en promedio han asesinado a uno por día en lo que va corrido de 2020; incluso durante la cuarentena esta situación no se ha detenido.


Asimismo, las acciones individuales para la cooperación emprendidas en el marco de la pandemia no deben ser confundidas con solidaridad. Se trata de la suma de acciones particulares para la protección de cada individuo y de los que lo rodean; los reclamos airados de quienes están en sus casas dirigidos a aquellos que aún se encuentran en las calles a pesar de la cuarentena denotan la preocupación de unos individuos por que otros no cumplen las normas, en tanto que quienes incumplen las normas se transforman en posibles portadores del virus. Es decir, no se preocupan por el que está afuera, sino por las repercusiones de esa actitud en los que están adentro; en definitiva, los de adentro están preocupados que los que están afuera los puedan contagiar.


De otro lado, se están exponiendo las fallas del actual sistema. Sin embargo, no se está poniendo en duda la existencia del mismo. Las acciones gubernamentales no se enfocan en la transformación del sistema, sino que ante la crisis han tomado una línea de asistencia social y se han replanteado las desigualdades en términos de cómo evitar que ellas fracturen el sistema. Esto significa que hay que ayudar a los pobres para que no salgan a la calle y no infecten a quienes se limitan a recibir el domicilio en la portería de sus lugares de residencia. En tal perspectiva, no se puede cambiar un modelo que no ha sido puesto en duda y del que, por ahora, solo se pretende corregir sus fallos. En definitiva, los Estados no están planeando la supervivencia de los seres humanos, están planeando la supervivencia del modelo de sociedad existente.


Referencias



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