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​El Brasil del bolsonavirus (I)

Andrea Ávila Serrano

Doctoranda en Ciencia Política

Universidad Estadual de Campinas (Brasil)


Brasil termina el primer fin de semana de mayo con un panorama aún más sombrío que el del resto de países que enfrentan la crisis sanitaria provocada por el covid-19. Por un lado, se perfila como el nuevo epicentro de la pandemia según estudios internacionales[1], consecuencia del aumento en la velocidad de los contagios y las muertes, que ya superaron los 100.000 y 7.000 respectivamente, según datos oficiales[2].


Por otro, el incremento diario de las tensiones políticas desde que el coronavirus "aterrizó" en el país a finales de febrero, agudiza la crisis institucional que estaba desenvolviéndose desde la elección, en octubre de 2018, de Jair Bolsonaro como presidente. Tales tensiones pueden ser divididas en aquellas que se desprenden del manejo que el gobierno está dando a la pandemia y las presentadas directamente al interior del aparato de Estado y que obedecen a tal crisis previa.


Las primeras comienzan a darse con las declaraciones públicas de Bolsonaro minimizando el impacto del coronavirus, que derivaron en la idea de que no era necesaria una acción estatal para atender la pandemia, generaron zozobra dentro de los segmentos de la población que se encontraban preocupados por la presencia del virus en el país y desencadenaron enfrentamientos entre el Gobierno Federal y algunos alcaldes y gobernadores que se manifestaron a favor de la aplicación de medidas, como la del distanciamiento social, para contener el avance de la epidemia.


Una de las disputas más llamativas, es la protagonizada por Bolsonaro y el gobernador del Estado de San Pablo, el empresario João Doria, del Partido Social Demócrata Brasilero (PSDB) de centro derecha, no solo porque ambos se encuentran en el mismo espectro político, sino porque Doria se perfila desde su paso de la alcaldía de la ciudad de San Pablo a la gobernación como el más seguro contrincante de Bolsonaro en relación con sus ya declaradas intenciones de reelección en el año 2022. El establecimiento de dos discursos que pretenden diferenciarse en el seno de la derecha evidencia las fracturas entre las fracciones de la clase dominante[3], que, sin embargo, se cierra como clase, intentando dejar fuera de los principales debates y contiendas políticas del país a la oposición como un todo y, especialmente, a la centroizquierda del Partido de los Trabajadores (PT). El discurso bolsonarista establece un falso dilema entre la salud y la economía y arroja toda la responsabilidad de la crisis económica a las medidas tomadas por los gobernadores, mientras Doria aboga por medidas intermedias que salvaguarden la salud pública, aunque intentando minimizar el impacto sobre el sistema económico, e imputa al Gobierno Federal la gravedad que pueda alcanzar la crisis sanitaria.


La postura de Bolsonaro ha sido leída o como irresponsable, demente y hasta producto de deficiencias cognitivas (léase estupidez), o como abiertamente genocida. A nuestro parecer, la primera no solo simplifica los alcances de esa posición, sino que la exime de las consecuencias que traerá al entender que esta no sería derivada de un acto consciente basado en sus ideas político-ideológicas, cuestión que sí incorpora la segunda. La antropóloga feminista Rita Segato[4] escribió hace unos días que


[…] Trump y Bolsonaro parecen adherir, sin enunciarlo reflexivamente, a […] lo no dicho sobre la masacre esperada cuando el virus atraviese la gran frontera con los cantegriles y favelas. Un subtexto de su discurso y accionar parece asentir al exterminio de los sobrantes del sistema económico, curvarse a la ley de la sobrevivencia del más fuerte, del más apto. Una perspectiva neo-malthusiana y neo-social-darwinista se hace presente aquí.


Adhiriendo a esta visión, es posible afirmar que el discurso de Bolsonaro es altamente consistente. Desde el inicio de su vida pública ha manifestado una clara orientación racista, xenofóbica, homofóbica y sexista y, como lo muestran las estadísticas, son las personas negras, indígenas, habitantes de los barrios periféricos de las ciudades (mejor conocidas en Brasil como favelas), inmigrantes, principalmente ilegales, y habitantes de calle, entre otros, las principales víctimas fatales del coronavirus. Así, su búsqueda de inacción del Estado frente a la pandemia como materialización de su discurso genocida, se suma a prácticas anteriores del gobierno en ese sentido, como la presentación por parte del Ministerio de Justicia del proyecto de ley conocido como el "paquete anticrimen" que, entre otras cosas, pretendía considerar "legítima defensa" la acción letal de la policía en situaciones juzgadas por la misma fuerza pública como de "riesgo inminente de conflicto armado", legitimando y profundizando la política estatal de intervención de la policía militar en las favelas, principalmente en las de Río de Janeiro, que deja a su paso cientos de jóvenes negros muertos o encarcelados[5]. Otro ejemplo es la legalización del porte de armas de propietarios rurales para la "protección de la familia y la propiedad"[6] en un contexto de disputa territorial entre terratenientes y campesinos, muchos de ellos parte del Movimiento de Campesinos Sin Tierra (MST), y pueblos indígenas.


Adicionalmente, dicha negligencia gubernamental en Estados como Amazonas, de población mayoritariamente indígena, sumada a su precaria infraestructura de salud y al hecho de que el virus llegó durante la temporada de lluvias, en la que generalmente aumentan los casos de enfermedades respiratorias, hacen de este uno de los más golpeados por los efectos mortales del covid-19, al punto que fue necesario abrir fosas comunes.


Con base en lo expuesto, es posible acoger la tesis del politólogo Armando Boito[7] que caracteriza el gobierno de Bolsonaro como neofascista[8]. Este se diferenciaría de los fascismos clásicos del siglo XX por servir al capital internacional mediante la aplicación de una política neoliberal y neocolonial. Para el autor, el fascismo es un "movimiento reaccionario de masa enraizado en las clases intermedias de las formaciones sociales capitalistas" con una ideología heterogénea y poco sistemática, en la que se destaca la designación de la izquierda como enemigo a ser destruido, se da un culto a la violencia, el nacionalismo autoritario y conservador y a la politización del racismo y el machismo, elementos que están presentes en el neofascismo brasilero.


El concepto se torna más pertinente teniendo en cuenta dos hechos que encadenan las tensiones institucionales de la pandemia con las de la crisis política precedente. El primero, el despido del ministro de Salud Henrique Mandetta por aceptar públicamente la gravedad del virus y, consecuentemente, adherir a la política de los entes locales de distanciamiento social en contra del discurso presidencial. En su reemplazo fue nombrado Nelson Teich, quien en un vídeo divulgado en 2019 afirma que frente a los pocos recursos para la salud disponibles en Brasil es inevitable tener que hacer "elecciones" para "invertir" esos recursos, e insinúa –evidentemente alineado con los presupuestos bolsonaristas– que tiene más sentido hacerlo en un joven con la vida por delante –y muchos años para ser explotado– que en un anciano que está al final de ella[9].


El segundo acontecimiento son las manifestaciones realizadas por los seguidores de Bolsonaro en varias ciudades del país contra las medidas de cuarentena y exigiendo la reapertura del comercio y el regreso al trabajo, configurándose como un claro apoyo a su postura en favor de la priorización de la economía y de displicencia ante los efectos del virus ya mencionado. Adicionalmente, en estas manifestaciones, siempre vestidas con los colores patrios verde y amarillo, se aboga por una intervención militar[10] con la que Bolsonaro concuerda plenamente, como se ha hecho visible no solo a través de declaraciones previas en las que niega la dictadura militar que rigió Brasil entre 1964 y 1988 y celebra el golpe como la salvación de la nación, sino al salir a saludar a sus seguidores y decirles que las "fuerzas militares están a favor del pueblo"[11]. Con la sombra de aquel periodo aún latente, algunos sectores sociales piensan que un golpe militar es posible; no obstante, personas como Guilherme Boulos[12], excandidato a la presidencia por el Partido Socialismo y Libertad (PSOL), consideran que el escenario que intenta configurar Bolsonaro con su accionar es el de un "autogolpe" mediante el cual cerraría el Congreso y las altas cortes, concentrando en sí todo el poder estatal.


Dicha hipótesis podría ser respaldada observando las disputas entre el Gobierno y las otras ramas del poder público. Respecto al Congreso, las últimas desavenencias fueron por su aprobación de un auxilio de emergencia para la población vulnerable buscando que puedan acatar las medidas de distanciamiento social y que el Gobierno intentó bloquear, y por la presentación de casi 30 solicitudes de impeachment contra Bolsonaro por diferentes bancadas del Parlamento, incluyendo a su ex partido el Social Liberal (PSL). Sin embargo, las probabilidades que un juicio político se desarrolle en estos momentos son bajas, pues Bolsonaro se encuentra negociando con los partidos, a los que –se rumora– entregará cargos en varios ministerios y entidades estatales a cambio de su apoyo.


El acuerdo que Bolsonaro logre con esos partidos, también lo blindaría ante una investigación que podría adelantar el Supremo Tribunal Federal (STF) con base en las declaraciones realizadas por el exministro de Justicia, Sergio Moro[13], en rueda de prensa en la que anunció su renuncia por desacuerdos con el supuesto intento de interferencia de Bolsonaro en la Policía Federal, situación que se configuró como todo un tsunami político en Brasil y cuyos alcances se irán conociendo a lo largo del mes de mayo, por lo que serán objeto de un próximo análisis. Esto por cuanto la Constitución Política de Brasil establece que para que el Presidente pueda ser investigado por la alta corte se requiere la autorización de la Cámara.


Empero, las tensiones entre Bolsonaro y las Cortes no terminan allí, entre otras cosas, porque sus hijos están siendo investigados por diversas corporaciones: Flávio, senador, por corrupción y posibles nexos con milicias de Río de Janeiro; Eduardo, diputado, y Carlos, concejal en Río, por diseminación de noticias falsas por Internet y fraude. Estas investigaciones también serían la razón por la que Bolsonaro pretende interferir en la Policía Federal a través del cambio en su dirección para nombrar a alguien de "su confianza", como afirmó Moro. Y allí está la más reciente tensión entre estas dos ramas del poder público, puesto que el STF impidió la toma de posesión del nominado por Bolsonaro para ese cargo por ser amigo personal de Flávio Bolsonaro, cuya investigación preliminar está a cargo de esa entidad. Este panorama alimenta las sospechas de un interés de Bolsonaro de dar un golpe a las instituciones de la democracia representativa, para lo que, obviamente, requeriría de la complacencia de las fuerzas militares. Aquí cabe recordar que casi la mitad de su gabinete ministerial está conformado por ex militares, y que Bolsonaro mismo lo es.


A lo anterior se suman las tensiones al interior de dicho gabinete entre la llamada "ala militar" y la "civil", inclusive de algunos militares con Bolsonaro, de una parte, y la fuerte devaluación del real, de otra. Así, en las últimas semanas Brasil se enfrenta día a día con noticias sobre el aumento de las cifras de víctimas del coronavirus y de escándalos políticos alrededor del gobierno, cuyo desenlace está lejos de terminar.


BIBLIOGRAFÍA

[1] https://www.brasil247.com/coronavirus/brasil-sera-novo-epicentro-da-pandemia-do-coronavirus-aponta-imprensa-internacional

[2] Varios estudios apuntan la existencia de un subregistro y a la probabilidad de que Brasil sea el segundo país en contagios a nivel mundial. https://oglobo.globo.com/sociedade/coronavirus/com-subnotificacao-casos-de-coronavirus-no-brasil-ja-estariam-acima-de-12-milhao-estima-grupo-da-usp-24402251

[3] Cabe anotar que Doria apoyó a Bolsonaro en la segunda vuelta presidencial.

[4] http://lobosuelto.com/todos-somos-mortales-segato/

[5] https://www.cartacapital.com.br/blogs/sororidade-em-pauta/nao-ha-mais-urgente-debate-no-pais-que-o-genocidio-da-juventude-negra/

[6] https://www.camara.leg.br/noticias/586610-posse-de-arma-em-toda-a-extensao-das-propriedades-rurais-vira-lei/

[7] https://www.brasildefato.com.br/2019/03/19/artigo-or-o-neofascismo-ja-e-realidade-no-brasil/

[8] Sobre el debate de la pertinencia del concepto ver: https://www.academia.edu/38906287/O_NEOFASCISMO_NO_BRASIL.

[9]https://oglobo.globo.com/brasil/em-video-de-2019-teich-diz-que-escolhas-sao-inevitaveis-compara-tratamento-entre-idoso-adolescente-24376784

[10] Vale la pena anotar que muchas de estas manifestaciones fueron llevadas a cabo en caravanas de carros lujosos, lo cual denotando su composición de clase y que permitiría adelantar reflexiones que no abordaremos aquí en términos de lucha de clases y como expresión del proyecto neoliberal.

[11]https://observador.pt/2020/05/03/bolsonaro-volta-a-participar-em-manifestacao-com-pedidos-de-intervencao-militar-e-diz-que-exercito-esta-ao-lado-do-povo/

[12] Declaraciones realizadas por medio de vídeo divulgado en su cuenta de la red social Instagram: https://www.instagram.com/tv/B_vQ27BpW9r/?utm_source=ig_web_copy_link

[13] Moro fue el juez que dirigió la investigación conocida como "lava jato", que llevó a la cárcel al expresidente Lula.


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Jueves, 28 Mayo 2020

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