​La respuesta a la pandemia es feminista y anticapitalista

Victoria Sandino Simanca Herrera

Senadora de la República

Feminista, marxista, fariana


En la historia, como en la naturaleza, la podredumbre es el laboratorio de la vida.

Carlos Marx


La pandemia ocasionada por el coronavirus ha sacado al sol los trapos sucios del capitalismo y del neoliberalismo: enfermedad, hambre y muerte se esparcen a lo largo del planeta.


Al igual que los flujos del capital, el coronavirus no se presenta de la misma forma. Aun cuando se habla de un virus que "no discrimina" muchas y muchos de los más afectados están al sur, no solo de forma geográfica (países latinoamericanos, africanos, asiáticos), sino también en el norte europeo (Italia, España) y en el norte americano (migrantes, afros y latinos en Estados Unidos), pues tras décadas de neoliberalismo, estos países también se encuentran desprovistos de elementos de atención médica básica para quienes los necesitan.


La retórica del "estamos en esto juntos" busca ocultar que el virus discrimina por nacionalidad, raza y género. Basta ver la afectación demográfica en Estados Unidos: migrantes, latinos, afroamericanos y mujeres asalariadas componen la población más afectada, que a su vez se encuentra en la primera línea de peligro por sus trabajos: supermercados, aseo de las ciudades y atención médica (Harvey, 2020).


En Colombia el virus desató respuestas oficiales insuficientes que revelan y agudizan diversidad de conflictos sociales que hunden sus raíces en la desigualdad histórica del país: las calles de los barrios empobrecidos se han llenado de trapos rojos que simbolizan el hambre; las denuncias de las mujeres por diversas formas de violencia han aumentado casi en un 50%; así como han aumentado también las labores del cuidado que realizamos mayoritariamente nosotras. El patriarcado ha actuado con toda su fuerza durante la pandemia.


Por otro lado, los y las trabajadoras de la salud no cuentan con las garantías para ejercer su labor: ya se conoce la nefasta Ley 100 de 1993; las denuncias por corrupción alrededor de los recursos para aliviar la crisis son pan de cada día. Las personas que son más vulnerables, como habitantes de la calle, trabajadores informales, migrantes, personas en situación de prostitución, han sufrido por no contar con las garantías vitales suficientes para afrontar la cuarentena.


En términos económicos, la recesión, el desempleo y el incremento de la deuda pública generarán tarde o temprano un efecto contrario al añorado por el neoliberalismo: se requerirá una intervención masiva del Estado en la economía (Harvey, 2020).


Los elementos que he presentado brevemente agrietan un sistema basado en la desigualdad y en un consumismo desenfrenado, sacudido por una parte de la población que consume solo lo necesario en el aislamiento y otra gran parte que muere o bien por el contagio del covid 19 o por el hambre que padece.


Esta situación que atravesamos pone sobre la mesa discusiones como el ingreso mínimo vital o la renta básica y recuerda la importancia de transformar el Sistema de Protección Social, en el que debe incluirse el goce efectivo y universal derecho a la salud.


Por su lado, los privilegios otorgados por los gobiernos a sectores financieros por encima de la población en sociedades desiguales como las latinoamericanas, han despertado la indignación. De forma paralela, personas que son explotadas de todas las formas posibles, han estado ejerciendo la solidaridad comunitaria y barrial y, como consecuencia, está emergiendo el despertar anticapitalista que se muestra como síntoma de la crisis del sistema.


Consciente de esto, el capital no ha bajado la guardia y se ha dispuesto a mantener sus ruedas en movimiento, tal como ha sucedido en Estados Unidos, lo cual sucede con el aplauso de sus cajas de resonancia –como las llama Chomsky (Brooks 2020)-, al estilo de Fox News en Estados Unidos y RCN en Colombia; le ha apostado al mantenimiento de una hegemonía cultural nutrida por la derecha que, ante la impopularidad de sus agendas económicas, trata de distraer a los votantes más necesitados señalando a las personas migrantes, pobres o, como en en el caso colombiano, al exguerrillero o exguerrillera, como el enemigo, para desviar la atención.


En este contexto es necesario recoger la afirmación de Angela Davis, citada por Sara Beltrame (2020), quien sintetiza el rol del feminismo ante esta situación mundial:

El racismo es una cuestión feminista. La falta de vivienda es una cuestión feminista. La abolición de las prisiones es una cuestión feminista (…) Las personas que están en el centro de esta crisis y en primera línea son mujeres. Mujeres de todos los orígenes raciales y étnicos, mujeres pobres, mujeres trans, especialmente en los países del hemisferio sur.


Me pregunto entonces, ¿no será el momento en el que las feministas del mundo nos debemos organizar para que, como dice Davi (Beltrame, 2020), la pandemia sea la oportunidad para construir una organización que mejora la idea de solidaridad internacional? ¿Será que la pandemia nos llama a unir las voces antiracistas, anticoloniales, anticapitalistas, antiimperialistas en la búsqueda de un mejor porvenir?


Yo creo que sí, queridas y queridos lectores, creo que esta puede ser la oportunidad no para que el capitalismo utilice la crisis como medio de reinvención, sino para que, como he dicho en otras oportunidades, no salgamos igual de la pandemia. Esa es la invitación.


Referencias



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Jueves, 01 Octubre 2020

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