Las luchas sociales se repotencian en el confinamiento


Profesor

Departamento de Filosofía Universidad de los Andes

Docente-Investigador Doctorado en Bioética

Universidad El Bosque


La vivencia de la pandemia ha conllevado la emergencia de sus rostros paradójicos. Por un lado, la detención de la lógica infernal del capital, la posibilidad de tempos para el pensamiento, la valoración de los vínculos naturales y humanos; por el otro, la expansión de los estados de excepción, la impotencia de la política representativa, el avance del fascismo. Cabalgando sobre esta contradicción principal, nos interpela el interrogante sobre la lucha social y la acción política en el confinamiento y el porvenir. Vamos a sostener en el presente escrito la tendencia a la repotencia de la lucha social aún en medio del "encierro" y su inscripción en un periodo largo de "insurrección latente" (Sader; Ceceña). Reiterando que en la historia social no existen "leyes naturales", sino correlaciones de grados de fuerza que dependen del entrecruzamiento de condiciones objetivas y subjetivas.


Partimos de las siguientes premisas teóricas para el análisis. La primera: El terreno actual de la lucha de clases se expande al conjunto de las esferas de la vida social y tiende a expresarse con mayor agudeza en aquellas dimensiones que conforman el substrato central de la reproducción y producción de la vida, tales como los territorios, los bienes comunes y las estructuras comunitarias. La conflictividad social está transitando de los espacios clásicos de la explotación (fábricas, empresas, servicios) y de la "política institucional representativa", hacia la totalidad social oprimida y explotada. La segunda: Una lucha social fundamental se viene librando respecto a los "usos, gestión y apropiación del común" (Negri), respecto de la riqueza de la tierra y la riqueza social que conjuntamente producimos y cuyo uso debemos gestionar colectivamente. La tercera: Los niveles de desigualdad, precarización y concentración de la riqueza en el capitalismo contemporáneo están consolidando mayor polarización política y formas de resistencia cada vez más radicalizadas. Las vías contrainsurgentes de militarización de la sociedad, incrementos de los dispositivos de disciplinamiento, acompañadas de alta precarización, muestran la fragilidad del sistema de dominación y abren horizontes anticapitalistas. Al mismo tiempo, dejan poco espacio para aquellas formas de "oposición" reformista o socialdemócrata, que intentan "refuncionalizar" el capitalismo. La agresividad creciente del capital muestra su debilidad ante la exclusión, la desigualdad y las luchas sociales (Holloway; Zibechi).


Estas premisas nos orientan en dos elementos que sustentan la tesis de la repotencia de las luchas sociales en el confinamiento y su posible despliegue futuro. Primero, los aprendizajes teóricos y vitales del confinamiento, en lo que De Souza ha denominado "La cruel pedagogía del virus"; segundo, los ejes transversales de carácter estructural que están agudizando la conflictividad social.


Tiempos para formarnos y lecciones desde el horror


Recuperando la tradición crítica de Nietzsche, quien afirma: "En nuestro caso, la filosofía debe partir, no ya de la maravilla, sino del horror. A quien no esté en condiciones de provocar horror hay que rogarle que deje en paz las cuestiones pedagógicas", el entorno de sufrimiento y crueldad que contiene la pandemia debe provocar y prepararnos para múltiples lecciones; el filósofo italiano F. Berardi lo describe como un "psicovirus" por las profundas mutaciones biológicas, lingüísticas y culturales que está desatando.


El sociólogo portugués destaca seis lecciones de esta intensa pedagogía del virus:


a) El tiempo político y mediático condiciona la forma como la sociedad percibe los riesgos que corre.

b) Las pandemias no matan tan indiscriminadamente como se cree.

c) El capitalismo como modelo social no tiene futuro.

d) La extrema derecha y la derecha hiperneoliberal quedan desacreditadas.

e) Las manifestaciones colonialistas y patriarcales están vivas y se fortalecen en tiempos de crisis agudas.

f) La tendencia al regreso del Estado y de la comunidad.


Compartiendo en general estos aprendizajes con matices y algunas distancias, quisiéramos iniciar por la lección pedagógica principal. Se han abierto en el confinamiento tempos para pensar y reflexionar más, ojalá con actitud crítica, pero nos confrontamos con límites profundos para hacerlo. El primero es que aquella concentración en el pensar es solo una posibilidad y para unos muy pocos, porque existen demasiados obstáculos para realizarla, tales como, las preocupaciones por la sobrevivencia de millones de seres humanos, las extensas jornadas de "teletrabajo" para otros, el abismo socioeconómico, los miedos y angustias del confinamiento, etc. El segundo, las profundas desigualdades educativas y el reconocimiento de que hemos recibido una educación para la competencia y el individualismo posesivo; no para la reflexión, el pensamiento crítico y la autonomía. En un tiempo que podría ser propicio para formarnos colectivamente, las desigualdades, nuestra propia formación previa y las violencias estructurales lo dificultan. Esta es nuestra primera lección desde el horror.


La segunda emerge del entrecruzamiento de algunas de las lecciones evocadas por De Sousa. Los límites asesinos de la fase neoliberal de acumulación de capital son notorios, públicos e incontrovertibles. La conversión de la salud en mercancía y la entrega de los bienes comunes a la tiranía del mercado, constituyen un crimen contra la Humanidad y la Madre Tierra. Los lugares ideológicos que alimentan a las derechas fascistas, como las privatizaciones, el empresarialismo, el discurso de odio, la xenofobia, el colonialismo y el racismo, salen profundamente cuestionados por el actual confinamiento; pero, como en toda crisis sanitaria aguda, también el clasismo, el racismo y el patriarcado se mantienen vivos a través de discursos velados o directos de darwinismo social y eugenesia etaria. El sistema capitalista "no tiene futuro" como modelo social y ecológico, pero aún puede transmutarse o reestructurarse por vías autoritarias y fascistas.


La tercera lección contiene un inmenso peligro. Se concentra en la dirección del tiempo y el denominado "retorno" del Estado. El filósofo alemán M. Heidegger considera que toda época histórica está signada por su concepción y experiencia del ser, la verdad y el tiempo. El capitalismo contemporáneo quiere "aprisionar" o "naturalizar" un tipo de tiempo para evitar que surjan otros tiempos y espacios alternativos a la lógica de acumulación de capital. Necesita imponer el tiempo del rendimiento, la eficacia, la obsolescencia, la tasa de ganancia. Tiene tres aliados potentes y expandidos en todas las dimensiones de la sociedad: el poder mediático, la política institucional y el Estado. Los medios monopólicos dirigen la agenda política, banalizan la realidad, configuran histerias colectivas, expanden el miedo e imponen el imperio evanescente en las informaciones. La política institucional "representativa" impone límites legales a la protesta social, instaura la ficción de la "representación" y ubica la "soberanía" exclusivamente en las instituciones burguesas. Paralelamente, "el miedo colectivo cuanto más traumático más aviva el deseo de Estado, de Autoridad" (I. Ramonet), apareciendo las exhortaciones explícitas o implícitas al "retorno" al Estado dizque para detener el neoliberalismo, cuando ese Leviatán es su gestor y cómplice. Una lección devastadora: las súplicas por el paternalismo autoritario del Estado son la antesala del tiempo propicio para la reestructuración capitalista y la normalización de los "estados de excepción".


La crisis: acumulación de fuerzas y despliegue del poder constituyente


El poderoso ciclo de protestas y movimientos sociales desplegado a nivel planetario desde 2011 ha tenido oscilaciones e intervalos, pero es cuestionable sostener que ya está extinguido. En el caso de América Latina y el Caribe su emergencia es anterior a esta fecha e investigadores como H. Moldiz lo denominan la "tercera ola emancipatoria". Su antecedente es el triunfo de la Revolución Cubana y su reaparición se presenta en la década del noventa del siglo XX; constituyendo sus hitos la revuelta zapatista y el triunfo electoral de Hugo Chávez. El historiador P. Anderson le adjudica a la región algunos rasgos destacados como escenario de la "insurrección latente". En primer lugar, desde finales del siglo pasado hasta hoy, las resistencias al neoliberalismo y al neoimperialismo conjugan lo social, lo cultural y lo nacional, en perspectiva de una visión emergente de otro tipo de organización social y otro modelo de relaciones entre los Estados. En segundo lugar, es la única área del mundo con una historia de levantamientos revolucionarios y luchas políticas radicales hace más de un siglo, empezando con la Revolución mexicana, que es anterior a la Revolución Rusa. Es aquí donde, luego de la segunda postguerra, comenzó el ciclo del peronismo, el bogotazo, la revolución boliviana, la revolución socialista cubana y donde, hasta ahora, no ha pasado una década sin un importante levantamiento social y político. A partir de la revuelta zapatista, el último ciclo popular de resistencia contra el neoliberalismo aún no ha terminado. Unos meses antes de la pandemia ardía socialmente el continente.


La crisis actual nos puede revelar lo que se acumuló en el periodo precedente, la multiplicidad de crisis convergentes, su carácter planetario y como sus efectos continuarán. Los recientes estallidos sociales en Estados Unidos contra el racismo y la precarización de la vida, las multitudinarias manifestaciones en varias ciudades de Francia contra la violencia policial, las marchas en Madrid contra las formas de discriminación, las agresiones a la embajada norteamericana en Ciudad de México, la continuidad de las protestas del "día después" en Chile en medio de la pandemia, etc. hacen parte de la continuidad de este ciclo de insubordinación posible.


Los ejes transversales que atraviesan el malestar social también tienen dimensión global, aunque tengan manifestaciones particulares y contextuales. Los movimientos sociales han acumulado aprendizajes en estos años de lucha y también en el confinamiento. Una "fuerte corriente atraviesa estos movimientos" (A. Negri), la necesidad de conjugar lo político, lo ecológico, lo económico y lo social. Lo denominamos el primer eje transversal que repotencia las luchas sociales y tiene dos manifestaciones potentes: críticas conjugadas a la desigualdad, las privatizaciones y el poder del capital financiero, y la urgencia de una articulación "interseccional" (feminismo negro) o "enjambre" (Negri) de las luchas de clase, raza, género y ecológicas. Son confrontaciones radicales contra el capitalismo, el patriarcado, el racismo y el colonialismo.


El segundo eje es el reconocimiento del poder constituyente de las gentes del común, de las multitudes precarizadas y oprimidas, pero también la necesidad de revalorar políticamente lo común. Se trata de un poder desde abajo, continuo, con gran capacidad de replicarse y potenciarse; sin nostalgia de un sujeto unitario. Algunas de sus expresiones son la reiterada crítica de estos movimientos sociales a las relaciones entre representación y democracia; un desafecto expandido contra los esquemas electorales de "representación", rechazo a las prácticas corporativistas de "representación" en partidos y sindicatos y la exigencia de una democracia "real" ya, cuyo sustento está en el poder constituyente plebeyo, así como la oposición consistente y decidida a las formas burocráticas y centralizadas de organización social y política. También la emergencia de lo "común" en todas las dimensiones de la vida política, superando la distinción burguesa entre lo privado y lo público. La trampa de lo público-estatal como aquello que "pertenece a todo el mundo y a nadie" (Negri) y la supuesta neutralidad de la intervención estatal son actualmente interpeladas. La reivindicación de lo común ha nacido en las últimas dos décadas al calor de las luchas sociales y culturales contra el orden capitalista y el Estado corporativo empresarial. En medio de sus dificultades conceptuales y los peligros de su reificación (inscribirlo en cosas exteriores al ser humano o reducirlo a lo público o confundirlo con bienes estatales), lo común conforma un eje transversal del ascenso de la lucha anticapitalista. Escuchamos clamores polifónicos: construir una política de lo común; hacer común el espacio urbano; preparar un modo de producción de lo común; lo común será el principio de la emancipación del trabajo; hay que instituir los comunes mundiales, etc. Las transformaciones importantes en las sociedades latinoamericanas, en todos los casos relevantes recientes, han provenido de procesos constituyentes abiertos que han puesto como centro la reconfiguración de lo común.


El tercer ámbito que repotencia la conflictividad social lo constituye la inscripción del poder constituyente en una compresión particular de la "biopolítica". Tenemos que reconocer los diversos usos de la noción de "biopolítica", pero en la lucha social concreta remite a exhortar y poner el foco en las amenazas y explotaciones de todas las formas de vida, humanas y no humanas. El despliegue del poder constituyente se inscribe en el cuestionamiento de la vida misma; la crítica a la expansión del saqueo capitalista de la vida. La coalición de movimientos de protesta contra la violencia policial a lo largo de Estados Unidos, que se conoce como Black Lives Matter desde 2014 y que actualmente se repotencia, ha señalado la naturaleza biopolítica de las luchas contemporáneas; no sólo cuestiona la violencia policial, sino al mismo tiempo el funcionamiento cotidiano de todas las formas de poder. "El hecho que las vidas negras importen generalmente tan poco confirma la naturaleza necropolítica del régimen racial, que se extiende, desde luego, mucho más allá de las fronteras de Estados Unidos" (Negri). La extracción y el despojo del común se realiza bajos diversas formas que empiezan con la tierra, como la sabía bien Marx en el capítulo XXIV de El Capital, luego con el petróleo, la minería, la biodiversidad, etc., después a partir de la producción social (salud, educación, cultura, arte, ciencia, tecnología, trabajo de cuidados, etc.,), hasta el "cercamiento" y confinamiento de los cuerpos, las razas, los deseos y la vida misma.


Las crueles lecciones pedagógicas del "psicovirus" y el enjambre de crisis que se yuxtaponen, mostrarán sin determinismos históricos ni etapismos evolutivos el despliegue de la insubordinación latente.


Referencias


  • Ceceña, A. E. (2004) Estrategias de construcción de hegemonía sin límites. Buenos Aires, CLACSO.
  • De Sousa Santos. B (2020) La cruel pedagogía del virus. Buenos Aires: CLACSO.
  • Hardt, M y Negri, A. (2019) Asamblea. Madrid: Ediciones Akal.
  • Laval, C. y Dardot, P. (2015) Común. Barcelona: Editorial Gedisa.
  • Moldiz, H. (2013) América Latina y la tercera ola emancipatoria. México. Ocean Sur.
  • Nietzsche, F. (1980) Sobre el porvenir de nuestras escuelas. Barcelona: Tusquets Editores.
  • Ornelas, R. (2006) Contrahegemonías y emancipaciones. Buenos Aires: CLACSO.
  • Perry, A. (2004) Alternativas en la guerra contra el neoliberalismo y el neoimperialismo. Ciudad de Panamá, Centro de Estudios Latinoamericanos.
  • Ramonet, I. (25/04/2020). La pandemia y el sistema-mundo. Tomado de: https://www.nodal.am/2020/04/la-pandemia-y-el-sistema-mundo-por-ignacio-ramonet/



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