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¿Reinventar el mercado? Gobernanza y Gestión pública, cómplices neoliberales de esta crisis


La izquierda no sólo carece de un programa claro para sus objetivos políticos, sino que ha sido incapaz, una y otra vez, de comprender la naturaleza del proyecto político neoliberal y, por consiguiente, se ha convertido en cómplice de éste, si no en algo peor.

P. Mirowski, Nunca dejes que una crisis te gane la partida (2013)


José Francisco Puello-Socarrás

Escuela Superior de Administración Pública


En comparación con el tradicional y exacerbado énfasis que se impone sobre las cuestiones económicas y, muy especialmente en torno a los asuntos referidos a las políticas macro fiscal, monetaria y cambiaria, al menos, los abordajes sistemáticos en perspectiva crítica frente a las modalidades de gobierno político y los modos de organización pública desplegados históricamente por el neoliberalismo, hoy plenamente vigentes, no han observado una atención equiparable.


Es una situación fundamental porque recobra importancia y actualidad en el nuevo mileno. Con mayor fuerza en la coyuntura puesto que, en medio del choque viral, los debates teóricos han tenido que ceder ante los dictados irrefutables de la realidad, aunque sea solo para referirse al sector de la salud humana. El episodio ha llegado hasta el punto de que el propio neoliberalismo académico y los fieles aduladores de la governance y el public management, secuaces intelectuales y por ello no menos responsables de esta tragedia, han tenido que aceptar ⎯como suelen hacerlo: en privado, tímida, soterradamente y siempre a regañadientes⎯ el fracaso absoluto y monumental de la Gobernanza (la multinivel y todas sus demás formas) y la Gestión pública (el New Public Management y todas sus demás manifestaciones).


Por ello, con la profundización de la crisis del capitalismo neoliberal y el holocausto social que este significa, el propósito no sería simplemente llamar la atención sobre nuevos tópicos. Se precisan destatar radicalmente los diagnósticos y las caracterizaciones. Por sobre todas las cosas, envisionar proyectos políticos auténticamente alternativos siempre en perspectiva de las urgentes transformaciones sociales. De allí que, antes (choque financiero 2007/2008) como ahora (choque viral COVID-19), le siga asistiendo la razón a Mirowski cuando propone que el mensaje resulta muy simple: "conoce a tu enemigo antes de empezar a soñar con un mundo mejor". O, mejor aún:


El problema actual de los movimientos de izquierda, sea lo que fuere que este oscuro término incluye hoy en día, es que han caído en una trampa donde las discusiones sobre la crisis acaban siendo desesperanzadamente retrospectivas (…) Algunos han derivado abiertamente hacia la nostalgia del New Deal, mientras otros idealizan los años setenta… Ignoran una premisa básica aprendida por los conservadores hace mucho tiempo: "Para salvaguardar el régimen, los conservadores deben reconstruir régimen". La visión superior de los neoliberales, en particular, es que uno nunca puede regresar a casa, principalmente porque han construido, de forma deliberada, el carácter irreversible de sus intervenciones políticas previas (Mirowski, 2013: 432).


La sentencia resulta todavía más pasmosa cuando en lugares como América Latina y el Caribe, donde las luchas populares más determinantes contra el modelo económico y el proyecto político neoliberales han sido épicas y en donde se dudaría añorar la década de los setenta, precisamente el momento en que se inicia la larga noche neoliberal a sangre y fuego y terrorismo de Estado generalizado e impunidad aún hoy vigentes, se pretenda desde los liderazgos autoproclamados "críticos" ⎯en realidad, menos extremistas⎯, salidas "tan desesperanzadora mente retrospectivas" como la denominada Internacional Progresista (espacio al cual concurren efectores del neoliberalismo como el colombiano E. Samper o el argentino C. Menem; ver https://bit.ly/2Y0FvqV) o marchas oenegero-academicistas, pero en todo caso entusiastamente nostálgicas como el llamado al Nuevo Pacto Verde (ver https://bit.ly/2Mtlcgn).


Los vitores para la legitimar la reformitis y, con ella, los cambios (cosméticos), son la forma que recientemente se percibe, especial y tristemente desde la academia. Quizás inconscientemente ⎯esperamos⎯ se pretende bloquear cualquier suspicacia que siquiera murmulle transformaciones de raíz y de fondo, es decir: contundentemente anticapitalistas, como punto de partida. Se elevan entonces máximas políticas e ideológicas para el inminente periodo de "vuelta a la normalidad" postpandémico: criticar el mercado para reinventarlo, desacreditar la gobernanza para recomponerla y desprestigiar la gestión pública, pero para "mejorarla".


En todas estas operaciones son claves los llamados recientes al Estado emprendedor, la innovación y la creación de Valor público, incluso, una "post-nueva" Gestión pública que, en último término, se constituyen en críticas domésticadas y, al mismo tiempo, convocatorias neoliberales para intentar "reformar" la lógica de los mercados, aunque en realidad paliar sus inevitables, crecientes y progresivas contradicciones.


En este terreno, parece ser que el neoliberal gatopardismo sería regla: que todo se cambie, para que todo siga igual.


El doble tránsito hacia las modalidades de gobierno y los modos de organización estatal durante el neoliberalismo del siglo XX


Dos de las principales transformaciones que se registran, a nivel global y con implicaciones regional y local, en las estructuras y el funcionamiento de los Estados-nación durante el último tercio del siglo XX se expresan en las formas gubernamentales y organizativas surgidas desde la década de 1970.


Desde los 1970, la estrecha relación entre gobernanza y nueva gestión pública en la emergencia del Estado gerencial/empresarial fueron anticipadas política e ideológicamente por el informe: The crisis of Democracy: Report on the Governability of Democracies of the Trilateral Commision, escrito a seis manos por Crozier, Huntington y Watanuki (1975). Más recientemente, el conjunto de las instituciones financieras internacionales: el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Grupo del Banco Mundial (BM) vienen promocionado, condicionado e imponiendo ambos enfoques. Se destacan en ello los roles jugados a nivel global por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) (Governance in transition. Public Management reforms in OECD countries), pero también al nivel local (un ejemplo: Colombia: La implementación del buen gobierno, OECD, 2014) como regional (el Centro Latinoamericano de Administración para el Desarrollo - CLAD, en el "documento doctrinario" titulado: Una nueva gestión pública para América Latina).


La forma-estatal globalizada hoy realmente existente y actualmente vigente se encuentra entonces doblemente condicionada por las dinámicas, las lógicas y, especialmente, las contradicciones de la gobernanza (governance) como enfoque de gobierno político, y de la Nueva Gestión Pública (NGP o NPM, por sus siglas en inglés: new public management) como arquitectura organizativa estatal.


Por ello, le asiste toda la razón a O. Guerrero (2008) cuando captura lo esencial de estos acontecimientos, en comparación con los cambios experimentados por las burocracias estatales precedentes, cuando plantea: "Nueva gerencia pública: Neoliberalismo en Administración Pública". Esta caracterización es perfectamente aplicable para el caso de la Gobernanza: la forma de gobierno emergente en la etapa del capitalismo neoliberal para el nuevo milenio.


Más allá de sus variantes específicas y considerando sus dimensiones formales (jurídicas y legales), concretas (organizacionales) y materiales (sus efectos sobre las relaciones sociales, ampliamente consideradas), la combinación Gobernanza y Nueva Gestión Pública ha significado, entre otras cosas, la creciente empresarialización y casi ilimitada mercantilización de los espacios, esferas y dimensiones de la vida social. La introducción de lógicas de mercado y cuasi-mercados a través del relativo abandono (y menor vigencia) de la intervención o planificación estatales, consagra un tipo de acción en el Estado neoliberal en torno a dos modalidades: a) la desregulación; y, más recientemente, b) la regulación.


Los primeros enfoques formulados para acceder a las reformas estatales en la primera fase de la era neoliberal, directamente desreguladores: "Reinventar el gobierno" (Osbourne, Gaebler y Plastrick), fueron poco a poco perdiendo vigencia. Nociones más ajustadas y funcionales como el "Estado modesto" (Crozier), es decir: regulador y el Post-burocratismo (Barzelay y Armajani) abrieron paso a la construcción parsimoniosa pero sostenida del Estado emprendedor del siglo XXI (Mazzucato), en lo que podría decirse: la fase superior del Estado neoliberal y síntesis de la gobernanza del sector público: la gobernanza emprendedora de la nueva gestión pública.


Durante el nuevo milenio estas orientaciones que han respaldado, técnica, política e ideológicamente las relaciones contemporáneas entre el Estado y la Sociedad, suscitando nuevos esquemas de gobierno y la reorganización institucional intra y extra estatal, se tornan una realidad palpable.


Antes que adecuaciones exclusivamente "técnicas", tal y como se quieren siempre presentar, este tipo de contrarreformas viene significando una reconfiguración eminentemente política de profundos impactos al nivel de las sociedades.


El trance hacia la Gobernanza y la NPM registra dos tendencias convergentes. Primero, la deconstrucción/destrucción paulatina de los (ahora considerados "caducos") derechos sociales. Segundo: la preservación gradual ⎯en tiempos, lugares e intensidades⎯ de las situaciones sociopolíticas y económicas producidas por la progresiva condición autoritaria. Más puntualmente: la anulación y la suspensión de los derechos humanos, concebidos comprensivamente como libertades civiles, políticas y, especialmente, sociales y culturales. La segmentación formal y la obstrucción material de los derechos, en general, son el resultado de esta convergencia.


Gobernanza y Gestión pública son cruciales para gestionar lo que Wacquant denomina: el gobierno de la inseguridad social. Se trata de la combinación de esquemas simples de medidas públicas (limitados, segmentados, inactivos y siempre actuando en el "límite"; v.gr. pobreza y desigualdad extremas) y aparatos punitivos complejos (expansivos, intrusivos y proactivos) en las regiones "más bajas del espacio social". La intensificación del consenso de la fuerza y la normalización de las expresiones autoritarias como fuente no excepcional de la legitimidad son elementos arquitectónicos dentro de la fase actual.


En Colombia ⎯donde la organización institucional del régimen político contemporáneo recrea estas tendencias: el enfoque de la gobernanza[1], la conducción operativa de los aparatos estatales reproduce el esquema de la Nueva Gestión Pública "orientada a resultados" y los formatos de "cadena de valor"[2] como guía para la generación de acciones públicas⎯ es necesario interrogarse si el periodo post pandémico y, especialmente, el proceso en curso que implica la construcción de la Paz y las expectativas respecto a su materialización social, precisarían o no de una transición básica en el sistema estatal-administrativo hoy existente, convocando uno renovado y diferente, amplio y complejo, para asumir los desafíos que representaría este reto histórico, a todas luces, inédito.


Es cuando el discurso de Federico Engels en Elberfeld (8 febrero 1845) no solo mantiene vigencia, sino que además resulta ser una orientación para repensar las transformaciones urgentes que exige esta época:


Para protegerse de los crímenes, de los actos de violencia descarada, la sociedad precisa de un vasto y complejo organismo de instituciones administrativas y judiciales, que requieren un gasto inmenso de fuerzas humanas… la administración deberá ocuparse no sólo de los distintos aspectos de la vida social, sino también de la vida social entera en todas sus manifestaciones particulares, en todas sus direcciones. Abolimos el antagonismo entre cada individuo y todos los demás, oponemos la paz social a la guerra social, cortamos de un hachazo la raíz misma de los crímenes y, con ello, hacemos superflua la mayor parte, una parte considerablemente mayor, de la actividad a que se dedican en la actualidad las instituciones administrativas y judiciales.


[1] "El actual esquema de gobernanza de Colombia se basa en la total separación de los tres poderes del Estado, un compromiso con una economía de libre mercado, y el papel de liderazgo que juega el poder Ejecutivo en la articulación e implementación de reformas para mejorar la capacidad de respuesta del gobierno a las necesidades de los ciudadanos" [énfasis propio] (OCDE, 2015: 64).

[2] "La cadena de valor es la relación secuencial y lógica entre insumos, actividades, productos y resultados en la que se añade valor a lo largo del proceso de transformacion total. Se puede decir que en una primera etapa de la cadena de valor se toman insumos, que tienen unos costos asociados, y bajo alguna tecnología y procesos (llamados actividades), se transforman en productos (bienes y servicios). Luego, en una segunda etapa, los productos, bajo condiciones específicas, generan resultados que deben cumplir parcial o totalmente los objetivos formulados" (DNP, 2017: 5). 


Referencias

Mirowski, P. (2013). Nunca dejes que una crisis te gane la partida. ¿Cómo ha conseguido el neoliberalismo, responsable de la crisis, salir indemne de la misma? Barcelona: Planeta.
Puello-Socarrás, JF. (2018). Nuevo Neo-Liberalismo y Administración Pública. Reinvención gubernamental, Post-burocracia y Nueva Gestión Pública. Vademécum de la Administración Pública. Bogotá.
Wacquant, L. (2009). Castigar a los pobres. El gobierno neoliberal de la inseguridad social. Barcelona: Gedisa.





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Lunes, 13 Julio 2020

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