Las mujeres y el proceso de acumulación originaria del capital

Ester Kandel*

Magíster

Ciencias Sociales del Trabajo

Universidad de Buenos Aires (UBA)


La descalificación de los aportes de Carlos Marx a la comprensión de la acumulación originaria amerita considerar el valor de sus argumentos, que citamos en este texto, los cuales se centran en el análisis de la explotación de varones, mujeres y menores, y la forma cruel en la que estos entregaron sus vidas.


Los orígenes de la incorporación de las mujeres al trabajo previo a la gran industria ⎼entre el siglo XIV y el XVII⎼ se caracterizaron por una trama violenta de las luchas entre la aristocracia y la burguesía ascendente, en la que ciudades y pueblos fueron reducidos a cenizas. Así como eran visibles los mendigos vagabundos, las mujeres solas fueron lanzadas al mercado de trabajo. Las "mujeres libres" vendían su fuerza de trabajo, se vendían a sí mismas[1]. Se registraron varios perfiles de mujeres: hechicera, devota, monja o semirreligiosa, cortesana/prostituta, erudita/científica, mujer campesina, artesana.


A los fines de acercarnos a la relación de la mujer en lo laboral, según A. Kollontai (1982):


En virtud de su participación en la producción, la artesana llevaba una vida totalmente diferente de sus contemporáneas, campesinas y aristócratas. Tenía voz y voto en cuanto a las decisiones relativas a la política de la producción de ciudad; administraba sus propios beneficios y participaba activamente en las numerosas borracheras y fiestas de la época (…).


No obstante, la mayoría de las mujeres seguía siendo oprimida, dependiendo del trabajo de su marido. Es por eso que aclara: "No hay que sobreestimar, sin embargo, la importancia del papel de la mujer en la economía de las ciudades y en el sistema de producción en general de aquella época (…)".


La Iglesia jugó un papel destacado en la opresión de las mujeres. La autora afirma:


El cristianismo, era pues, y en todos los aspectos, una religión muy cómoda para los poderosos, puesto que confirmaba a las clases no dominantes y dominadas, y en particular a las mujeres que pertenecían a dichas clases, en su opresión y las aterrorizaba.


Las aterrorizaba por sus creencias, como fue el caso de las brujas. La Iglesia organizó durante varios siglos una serie de procesos de brujas, en el transcurso de los cuales numerosas mujeres fueron perseguidas y asesinadas de manera espantosa. Entre los siglos XV y XVII, miles de supuestas brujas subieron a la hoguera.La obediencia de las mujeres no fue un hecho natural, el castigo era el método que usaba la Iglesia para someterlas.


Analizando el proceso de acumulación del capital[2], Marx (1956: 601) señala: "El poder del capitalista sobre la riqueza toda del país es una completa revolución en el derecho de propiedad, y ¿qué ley o qué serie de leyes la originó?", repite la pregunta de una obra anónima, y se contesta: "Mejor habría sido decir que las revoluciones no se hacen con leyes".


Precisando sobre el origen de la acumulación originaria, afirma que "no es el resultado histórico, sino por el contrario base histórica o punto de arranque de la producción específicamente capitalista". En otros términos, forma parte de la prehistoria del capital y del régimen capitalista de producción.


En el "punto de partida" participaron las mujeres, los varones y los menores, bajo los métodos de potenciación para obtener plusvalía, el elemento constitutivo de la acumulación.


¿Quiénes eran las mujeres que se incorporaban al trabajo?


Las mujeres de artesanos arruinados, campesinas que procuraban sustraerse a las cargas demasiado pesadas de los señores, viudas de innumerables guerras civiles y nacionales, los huérfanos, así como las hambrientas que se incorporaron en forma masiva.


La población femenina era parte de la población fluctuante e intermitente que la lógica del capital implementó en su surgimiento. Los menores varones contratados eran despedidos al llegar a la edad juvenil, pasando muchos de ellos al capital emigrante. Contradictoriamente la mano de obra viril de menores coexistía con miles hombres tirados en la calle. El ritmo de trabajo, la mala alimentación y los problemas de salud hacían que las expectativas de vida fueran de 17 años.


¿Cuál era el sentido de esta política?


Carlos Marx, estudió la relación entre la acumulación del capital y la demanda de fuerza de trabajo, señalando los rasgos de la composición del capital, la cual puede interpretarse en dos sentidos: Atendiendo al valor, la composición del capital depende de la proporción en que se divide en capital constante, o valor de los medios de producción, y capital variable, o valor de la fuerza de trabajo, suma global de los salarios. Atendiendo a la materia, a cómo funciona en el proceso de producción, los capitales se dividen siempre en medios de producción y fuerza viva de trabajo. En consecuencia, esta composición se determina, de una parte, por la proporción existente entre la masa de los medios de producción aplicados y, de otra, por la cantidad de trabajo necesario para su aplicación.


La fuerza de trabajo femenina, aun considerando que la mujer no disponía de fuerza muscular o de un desarrollo físico completo, era incorporada a la producción pues la maquinaria hacía inútil esa condición. En el capítulo sobre la maquinaria, Marx (El Capital, T.1, p. 316) señaló:


El trabajo de la mujer y del niño fue, por tanto, el primer grito de la aplicación capitalista de la maquinaria. De este modo, aquel instrumento gigantesco creado para eliminar trabajo y obreros se convertía inmediatamente en medio de multiplicación del número de asalariados, colocando a todos los individuos de la familia obrera, sin distinción de edad ni sexo, bajo la dependencia inmediata del capital.Los trabajos forzados al servicio del capitalista vinieron a invadir y usurpar, no sólo el lugar reservado a los juegos infantiles, sino también el puesto del trabajo libre dentro de la esfera doméstica y a romper con las barreras morales, invadiendo la órbita reservada al mismo hogar.


La escala salarial para los miembros de la familia fija:


El padre 300 días de trabajo a fr. 1,56…… 468 fr.

La madre…………………….. 0,90 .….. 267 fr.

El hijo ………………………. 0,56 …… 108 fr.

La hija ……………………….0,55 ……105 fr.


El Estado jugó un papel en la regulación de los salarios, "para sujetarlos dentro de los límites que convienen a los fabricantes de plusvalía, y para alargar la jornada de trabajo y mantener al mismo obrero en el grado normal de subordinación. Es éste un factor esencial de la llamada acumulación originaria".


Consecuencias de esta modalidad laboral


Este producto de la división manufacturera del trabajo producía a su vez máquinas. La máquina pone fin a la actividad manual artesana como principio normativo de la producción social.De este modo, se consiguen dos cosas. Primero, desterrar la base técnica en que se apoyaba la anexión de por vida del obrero a una función parcial. Segundo, derribar los diques que este mismo principio oponía al imperio del capital.


¿Cuál era el objetivo de la utilización de la maquinaria?¿Facilitaba el uso de la maquinaria en algo los esfuerzos cotidianos? Estas eran preguntas que se formulaban en los inicios de la implementación de la maquinaria. La respuesta de Marx fue categórica:


Simplemente abaratar las mercancías y acortar la parte de la jornada de trabajo que el obrero necesita para sí, para de ese modo alargar la parte de la jornada que entrega gratis al capitalista (p. 298).


La máquina de que arranca la revolución industrial sustituye al obrero que maneja una sola herramienta por un mecanismo que opera con una masa de herramientas iguales o parecidas a la vez y movida por una sola fuerza motriz, cualquiera que sea la forma de ésta.


Este proceso se desarrolló con intensidad en los primeros decenios del siglo XIX. En su análisis de este proceso, Marx señala un aspecto evidente y otro, no evidente.


[…] a primera vista es evidente que la gran industria, incorporando al proceso de producción las enormes fuerzas de la naturaleza y las ciencias naturales, tiene que reforzar extraordinariamente la productividad del trabajo; lo que ya no es tan evidente, ni mucho menos, es que esta fuerza productiva reforzada no lo sea a costa de una intensificación redoblada de trabajo por la otra parte. La maquinaria, como todo lo que forma parte del capital constante no crea valor, se limita a transferir el valor que ella encierra al producto que contribuye a fabricar.


La incorporación de la maquinaria trajo consecuencias inmediatas para los obreros, mujeres y niños, produciéndose una verdadera apropiación de las fuerzas de trabajo sobrantes con el siguiente cuadro:


  • modo esclavista de contratación de mujeres y niños;
  • desplazamiento de la fuerza de trabajo y abaratando la mano de obra[3];
  • los niños pasaron de los juegos infantiles al puesto de trabajo;
  • publicaciones de avisos en los periódicos, solicitando muchachos para trabajar, encubriendo su edad, dada la prohibición de emplear menores de 13 años;
  • enormes cifras de mortalidad infantil;
  • alto grado de infanticidios secretos y el empleo de narcóticos;
  • implementación de la educación elemental ante la "depauperización moral de las mujeres y niños.

La maquinaria, al hacer inútil la fuerza muscular, permite emplear obreros que no dispongan de ella o de un desarrollo físico completo pero que posean en cambio una gran flexibilidad en sus miembros. "El trabajo de la mujer y del niño fue, por tanto, el primer grito de la aplicación capitalista de la maquinaria. De este modo, aquel instrumento gigantesco creado para eliminar trabajo y obreros, se convertía inmediatamente en medio de multiplicación del número de asalariados, colocando a todos los individuos de la familia obrera, sin distinción de edad ni sexo, bajo la dependencia inmediata del capital. Los trabajos forzados al servicio del capitalista vinieron a invadir y usurpar, no sólo el lugar reservado a los juegos infantiles, sino también el puesto del trabajo libre dentro de la esfera doméstica y romper con las barreras morales, la órbita reservada al mismo hogar" (C. Marx. El Capital, T.1, p. 316).


La relación patriarcal que se despliega en todos sus aspectos con el desarrollo de la sociedad capitalista, es preexistente a ésta. Se estima que se desarrolló en el transcurso de casi 2.500 años, desde aproximadamente el 3100 al 600 a.C.


Es necesario tener en cuenta que el acercamiento al estudio de las sociedades primitivas se dio en forma indirecta. Existen varios diversos resultados de ellos y no todos llegan a las mismas conclusiones, pero sí nos abren interrogantes y nos dan algunas respuestas.


Hacia el segundo milenio a. C en las sociedades mesopotámicas las hijas de los pobres eran vendidas en matrimonio o para prostituirlas a fin de aumentar las posibilidades económicas de su familia. (…) Puede perfectamente ser la primera acumulación de propiedad privada (Gerda Lerner, 1996).


La autora, precisa el sentido de este sometimiento: la capacidad reproductiva, las transacciones matrimoniales, el poder del guerrero sobre las mujeres de las tribus conquistadas y el de las esposas suplentes.


Otra lectura nos indica que:


La desigualdad entre hombres y mujeres implicó el dominio del grupo de los hombres sobre el grupo de las mujeres, según se trate de tribus nómades o sedentarias, cazadoras o agrícolas. La situación económica la llevó al estado de dependencia. En este sentido "la mujer fue esclava antes de que existiera la esclavitud" (August Bebel).


El estatuto de las mujeres en las sociedades se fue modificando por la combinación de factores que determinaron su pertenencia de clase y cultura.


En el siglo XIX la identidad obrera se construye con el modelo masculino, en todos los ámbitos. Siendo pasible de violencia en la familia y acoso sexual en las fábricas y talleres.


Las condiciones de trabajo y las largas jornadas agotadoras afectaban la salud y en algunos casos destruía los cuerpos de varones y mujeres, de ahí que las sucesivas propuestas legislativas apuntaban a revertir las condiciones en que se vendía la fuerza de trabajo. Desde una mirada que abarque las relaciones de clase y de género, podemos decir que la problematización del trabajo asalariado femenino comenzó en los inicios del siglo XX vinculada a la construcción de un ideal maternal, así como los debates sobre el tipo de educación que debían recibir las mujeres se inició en el siglo XIX[4].


En una sociedad dividida en clases sociales existen varias miradas, según uno se posicione frente al tema. La doble opresión de las trabajadoras nos ubica desde la perspectiva de análisis de la relación clase-género. En general cuando se habla de las mujeres, las trabajadoras (ocupadas y desocupadas) quedan subsumidas en el todo.


Los distintos reclamos de las mujeres desde fines del siglo XIX contribuyeron a sortear muchos obstáculos; sin embargo, existe un límite que pone el sistema de relaciones laborales basadas en la explotación de las patronales con la solidaridad de los Estados.


Los hechos actuales, en nuestro país, nos demuestran que persisten modos de discriminación laboral en forma directa e indirecta, abonadas por otros discursos que intentan ocultar esta realidad.


Es por eso por lo que consideramos que la división sexual del trabajo es la parte de las relaciones sociales que articula la producción y la reproducción. Se expresa en un proceso contradictorio entre las clases y los sexos. Forma parte de la división social del trabajo.


Para finalizar, el aporte de Carlos Marx continuó desarrollándose al analizar el imperialismo como fase superior del capitalismo. En nuestra época, en la que se desarrolla una importante crisis del sistema, es necesario precisar sus términos. Coincidimos con la caracterización de la crisis realizada por Julio Gambina[5]:


La crisis pone de manifiesto los problemas al interior del capitalismo como sistema jerárquico según la dimensión de los capitales (su composición orgánica), y en la estructura del sistema internacional de países. En ambos casos se trata de una disputa por la hegemonía en dos niveles: al interior de un país y en el sistema mundial de naciones, sendos escenarios se encuentran atravesados por la lucha entre sectores sociales dominantes y dominados.


La transformación de esta realidad tan compleja urge la confluencia de las reivindicaciones de los distintos sectores de la sociedad, incluido el de las mujeres, con una propuesta anticapitalista, antiimperialista y antipatriarcal.


Bibliografía


  • Apuntes de cátedra: Fioretti - Tejero Coni, Instituto Joaquín V. González
  • Kandel Ester. El capital y la fuerza de trabajo femenina. Seminario: El Capital de Carlos Marx en el debate teórico contemporáneo. A 150 años de la publicación del primer tomo.
  • Kandel Ester. "Recobremos un método de análisis –Carlos Marx a 200 años de su nacimiento – La fragmentación del movimiento obrero". Publicado en Periferias, Diciembre, 2018.
  • Kandel Ester. "El trabajo infantil, como en la época de la Revolución Industrial". Agencia ACTA, 12 de mayo de 2015.
  • Kandel Ester. "Doscientos años de división sexual del trabajo". Publicado por la Revista Topía. Enero de 2016.
  • Kandel Ester. La opresión de las mujeres tiene historia - Seminario a distancia. Agosto de 2018.
  • Kollontai, Alexandra. Mujer, historia y sociedad - Sobre la liberación de la mujer. Editorial Fontamara, Barcelona, 1979.
  • Marx, Carlos. El capital, T.1, Editorial Cartago, 1956.

[2] "Las diversas etapas de la acumulación originaria tienen su centro, en un orden cronológico más o menos preciso, en España, Portugal, Holanda, Francia e Inglaterra. Es aquí en Inglaterra donde a fines del siglo XVII se resumen y sintetizan sistemáticamente en el sistema colonial, el sistema de la deuda pública, el moderno sistema tributario y el sistema proteccionista. En parte, estos métodos, se basan, como ocurre con el sistema colonial, en la más avasalladora de las fuerzas. Pero todos ellos se valen del poder del Estado, de la fuerza concentrada y organizada de la sociedad, para acelerar a pasos agigantados el proceso de transformación del régimen feudal de producción en el régimen capitalista y acortar los intervalos. La fuerza es la comadrona de toda sociedad vieja que lleva en sus entrañas otra nueva".Op. cit.: 602.


[3] "El número de obreros ha crecido considerablemente, con la sustitución cada vez más intensa del trabajo masculino por el trabajo de la mujer, y sobre todo, con la sustitución del trabajo de los adultos por el trabajo infantil".


[4] Kandel, Ester, Ley de trabajo de mujeres y menores – Un siglo de su sanción – La doble opresión: reconocimiento tácito. Editorial Dunken, 2008.


[5] Gambina, Julio (2013). Crisis del capital (2007/2013). Ediciones FISYP. 


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