Quien piense en reproducir el pasado está loco: Tenemos que reconstruir, desde la multitud, una fuerza de clase

Antonio Negri*

Filósofo, militante y escritor italiano


Advertencia


En los últimos años Antonio Negri ha asumido la tarea de escribir su recorrido vital en el terreno de la acción y la teoría políticas. El primer volumen fue titulado Confessioni di un comunista, el segundo Galera ed Esilio, y el tercero acaba de ser publicado bajo el nombre Da Genova a Domani. Como lo explica el propio Negri, antes de la edición del tercer volumen, durante el confinamiento provocado por la pandemia, decidió agregar las páginas que se presentan en este número como un artículo autónomo (que no fue el propósito del autor), bajo el título "Quien piense en reproducir el pasado está loco: tenemos que reconstruir, desde la multitud, una fuerza de clase". Para estos fines Víctor Manuel Moncayo C. ha traducido el texto aparecido recientemente en la página www.euronomade.info[1].


Entregué al editor el último volumen de mi historia justo antes de que estallara la epidemia de coronavirus y antes de que se extendiera, con todas las forzadas significativas transformaciones de la vida cotidiana que ella ha implicado. Ahora estoy en casa, como todos los demás, en confinamiento, en París, donde se espera el pico de la infección en las próximas semanas. Le he pedido al editor que agregue las siguientes páginas a las que ya estaban impresas, porque la urgencia de expresarme sobre lo que está sucediendo, me ha provocado una cierta ansiedad sobre esta proximidad de la muerte que, de alguna manera, me ha tomado por el cuello, y me exige escribir estas páginas adicionales. Lo que había escrito en los dos primeros volúmenes de la Historia de un comunista, y también en el tercero pendiente de publicación, me ha parecido de repente algo muy distante, remoto, confinado a otro tiempo; obviamente, no en la forma en que la vida pasada lo es para un anciano ⎼cercana, unida, comprensible⎼, sino como puede ser el siglo pasado para un joven, matizado, a menudo embalsamado y/o caricaturizado en la historia contada por terceros. La guerra, mayo del 68, los años setenta, las luchas francesas del 95 y, luego, el ciclo Seattle-Génova, y Occupy y los indignados, en lugar de ser parte de mi experiencia, de ser eventos de la continuidad de mi historia, se me aparecen con la misma distancia en la que, joven, había imaginado ... qué sé ... los cinco días de Milán, o había estudiado los movimientos del Risorgimento. Una distancia insuperable, una temporalidad tallada en un abismo, intransitable, entre mi presencia y esas ... realidades arqueológicas. Es a propósito de esa distancia que ahora, escribiendo en medio de la epidemia, debo dar explicaciones a mis lectores y a mí mismo. 


[...]

Sin embargo, la crisis del coronavirus, que no es una simple gripa ni tampoco la peste bubónica, ha generado la conciencia de una infección universal que atraviesa nuestra civilización. No fue el pánico generalizado lo que nos despertó ante la eventualidad de la muerte, que también invadió el espíritu de la gente vulnerable y excitó sus ánimos frente a ella; ni tampoco el hecho de que la muerte por contagio se presente como una especie de condena para los inocentes, una aniquilación militar o una pena de muerte por la afrenta a la "majestad herida" de un soberano oculto. Más bien, era el sentimiento de que ya no éramos el hombre que entró en pánico por la muerte anunciada y, mucho menos, por la muerte de Dios que habíamos visto remotamente entre nosotros. Ese nosotros no se recuperaba de la crisis: no podía ser recuperado de ella. Es así como aparece la reflexión sobre esa distancia, que la sentimos, y que surge de lo que hemos experimentado y de lo que sucede. Una distancia abismal.


[...]

El siglo XX, una vez más visto como el "siglo largo", produjo una nueva ontología del trabajo: mejor, dos construcciones antropológicas (una evidente, la otra latente) que no han concluido su desarrollo. La encarnada por el Intelecto General, es decir, por el funcionamiento del trabajo abstracto (intelectual, emocional, cooperativo, etc.), realmente se manifestó y se organizó en el centro de las nuevas tecnologías; la latente se presentó como una potencia colectiva del trabajo vivo, que virtualmente ha recompuesto la multitud como una nueva clase (en los Grundrisse, Marx habla de un individuo social que dirige la producción del Intelecto General ), en una organización común, potencialmente activa en la producción y reproducción del hombre. Todo esto, en la Historia de un comunista, se puede leer. Pero, también se puede apreciar cómo esta potencia proletaria había sido, por así decirlo, bloqueada por (en) el poder capitalista. Hoy, en la crisis que estamos experimentando, nos preguntamos cómo liberar esta nueva potencia. En frente nuestro, del lado de los gobiernos y de los patronos, podemos entender cómo se nos revela la predicción frenética de que nada será como antes, pero siempre acompañada de aquel susurro: ¡que todo cambie para que nada cambie!


No teníamos esperanza de lograr ese entendimiento antes de que interviniera la crisis del coronavirus. Hoy, la esperanza no ha aumentado. Tenemos miedo de ser derrotados nuevamente. Esto es lo que revela la crisis: la enorme distancia que sentimos respecto del pasado (que no sabemos superar, en la tarea de la lucha) estructura el miedo a que lo posible no se convierta en realidad. Una vez más, en este interregno, somos prisioneros de la variación habitual del canon del siglo XX (la excepción del poder, el olvido del ser, la muerte de Dios), y la historia permanece confinada en la memoria de los vencidos. Falta el deseo porque falta el recuerdo de la victoria. Cuando miro alrededor, en la habitación donde trabajo, rodeado de una bibliotecas llena de libros, en ninguno de ellos encuentro más esperanza; allí se halla todo lo que se escribió desde el Renacimiento en adelante, que permanece en la memoria: sin embargo, ninguno de esos libros nada me aporta, salvo la pesantez de la desconfianza.


Debes resistir. Tenemos que resistir. No es la primera vez que intentamos resistir. Pero, en esta ocasión viene a mi mente la idea de que en esta ocasión se pueda nutrir un deseo más voraz, más activo y efectivo que los que pudieron manifestarse en otros momentos. ¿Por qué? Porque la crisis del coronavirus nos puso en posición de redescubrir el cuerpo. Cuerpo enfermo, cuerpo vulnerable, cuerpo de los pobres, pero también cuerpo poderoso de la multitud : latencia del sufrimiento colectivo pero también fuerza de clase: y, por lo tanto, cuerpos en lugar de cuerpo, pluralidad asociada de cuerpos en el trabajo, en el cuidado de otros, en las relaciones solidarias. La crisis, esta crisis, se esclarece desde abajo: no en el circuito financiero, que innumerables veces hemos sufrido, sino en el escenario del aumento del desempleo y de la ausencia de salarios, de las incontenibles urgencias sanitarias y alimentarias, en el caos de las deudas e hipotecas no pagadas, que afligen diariamente a los pobres y a los miserables, a los trabajadores y a los estudiantes. Cuerpos enfermos y endeudados. Pero también (como lo hemos visto) en el mundo asociativo de la nueva forma cooperativa de producción, el cuerpo poderosos de la multitud es virtualmente capaz de presentarse como ese "individuo social" recompuesto, que Marx había percibido como un desarrollo tendencial. ¿Será posible que, al despertar de esta crisis, una vez asumida la centralidad de ese cuerpo, los cuerpos sufrientes y unidos por sus necesidades se conviertan en una palanca para la transformación radical de la sociedad, para la invención de la verdadera igualdad y libertad? Confiamos en que este sea el punto clave para vencer. En todo caso, con esta crisis, el cuerpo vuelve a estar en el centro de la escena. Si logramos mantenerlo en el centro, significa que la lucha comienza de nuevo, que es posible vivir de otra manera. "Todos rechazarán este dominio bárbaro", decía Maquiavelo.


El cuerpo, los cuerpos son lo común. La crisis ha revelado porqué lo son. Después de la crisis, la batalla determinará quién controlará los bienes comunes: ecología, salud, vivienda, educación, en primer lugar, y luego todos los demás, de tal manera que la producción común de los bienes para la reproducción del hombre sea obra del común. Decidir cuáles serán las "producciones del hombre para el hombre" y elegir cuales bienes comunes se deben privilegiar, será el punto de partida. En ese momento, la distancia que nos ha separado del enemigo, de quienes nos han dominado hasta la fecha, habrá concluido, sin mediación.


La fuerza del patrono está dirigida a evitar que la clase renazca de la multitud . A impedir que de la multitud resurja la fuerza política organizada propia de un "individuo social". Por lo tanto, la primera tarea para quienes luchan por "otro mundo posible" será romper la dialéctica perversa de la subyugación, para que la multitud muestre la potencia productiva cooperante, e impida su fragmentación objetiva, la separación individual, y hasta la hostilidad corporativa. Nosotros, militantes de la izquierda obrera, hemos vivido y luchado en contextos y oposiciones tontas y sectarias. Nuestra ética ha sido ideológica y no pragmática. Con la crisis debemos poner fin a esta era de divisiones. "Tous ensemble", "tutti insieme", "Todos juntos", esta es la consigna de orden para avanzar. Casi dos siglos de lucha de clases y, en especial, toda la historia de la confrontación (emocionante en algunos aspectos, horrible en otros) del siglo XX, con sus pérfidos efectos disolutivos dejaron a los trabajadores divididos y relativamente indefensos. La crisis, que vuelve a poner en primer plano a los cuerpos y su sufrimiento, y la clara percepción de que su solución (si se deja a las clases dominantes actuales) podría conducir a la peor restauración, coloca a cada militante comunista frente al deber de reconstruir, desde la multitud, un fuerza de clase. Cualquiera que piense en reproducir el pasado está loco. Tenemos que impedir el descenso fatal de nosotros al infierno, y rebautizar nuestro proyecto cambiando la denominación de nuestro proyecto. El nombre nuevo será Internacional comunista de los trabajadores.


* Autor, junto a Michael Hardt, de la trilogía formada por Imperio, Multitud y Commonwealth.

[1] Negri, Antonio. Los tres volúmenes a los que hacemos referencia son: Confessioni di un Comunista. Octubre 2015; Galera Ed Esilio, enero 2018 y Da Genova a Domani, junio 2020. Todos editados por Ed. Ponte alla Grazzie y G de Michelle. Milán. Del primer volumen hay edición en español en Traficantes de Sueños, Historia de un comunista. Madrid, 2018. 


Descarga el archivo aquí:

File Name: Izq87_art0_20200714-090024_1
File Size: 746 kb
Download File
Imperialismo en el Imperio: El caso de la misión d...
El Absolutismo de la Realidad. Universidad, socied...
 

Comentarios

No hay comentarios por el momento. Se el primero en enviar un comentario.
¿Ya està registrado? Ingresa Aquí
Invitado
Viernes, 27 Noviembre 2020

Imagen Captcha