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En memoria de Víctor Manuel, un imprescindible

Jairo Estrada Álvarez

El pasado 19 de abril partió Víctor Manuel Moncayo Cruz, miembro del Consejo Editorial de nuestra Revista Izquierda, un verdadero imprescindible del pensamiento crítico y revolucionario nuestroamericano.   

No hay palabras suficientes para dar las gracias por lo que ha representado su obra para las numerosas generaciones que tuvieron la oportunidad de conocerlo. Víctor Manuel desarrolló a lo largo de su vida una incesante producción intelectual, de indiscutible contribución al pensamiento rebelde y anticapitalista. Sus aportes, inspirados en el marxismo, tal y como se encuentran en su extensa y densa obra, han alentado y continuarán alentando los debates y la crítica al orden social vigente, y han merecido el mayor reconocimiento en el campo intelectual y político en Colombia y Nuestra América.

Víctor Manuel contribuyó a una comprensión compleja del derecho, su campo de formación profesional, que permitió trascender enfoques tradicionales e institucionales apegados a la reproducción del derecho dominante, brindar visiones alternativas, y propiciar el diálogo inter y transdisciplinario, así como otorgar ‒en medio de la rigurosa controversia‒ otro horizonte de formación y de trabajo a las abogadas y los abogados de nuestro país; al tiempo que fundamentó y promovió los estudios políticos y la Ciencia Política, y alimentó otras disciplinas de las ciencias sociales en Universidad Nacional, con influencias que se extendieron al sistema universitario en general.

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Con su dedicación y compromiso, bien sea como estudiante, o como profesor, o como decano, o desde la más alta dignidad como Rector, Víctor Manuel promovió la idea de una Universidad Nacional al servicio del país, concebida como bien común, alejada de intereses personales o corporativos. Hasta cuando la vida se lo permitió la Nacho y el rumbo que venía tomando hizo parte de sus preocupaciones, siempre compartidas con estudiantes, profesores y trabajadores de la Universidad. En el tiempo más reciente se erigió en estandarte de la autonomía universitaria, principio que por décadas ayudó a formular y construir; asimismo tuvo la convicción de la necesidad de explorar los caminos de una necesaria profundización democrática del quehacer académico y del gobierno universitario en todos sus niveles; por tal razón apoyó en su calidad de miembro del Consejo Superior Universitario el proceso constituyente promovido por importantes sectores de la comunidad universitaria. Nadie podría poner en duda que su vida fue también una vida por y para la Universidad Nacional de Colombia. 

La política y el campo de lo político han contado y continuarán contando con los aportes de Víctor Manuel, con sus juiciosas elaboraciones y enriquecedores análisis. Su obra deja las enseñanzas propias de un genuino intelectual orgánico, distante de la impostura y del espectáculo que, de manera preocupante, se han venido abriendo paso en el presente. Víctor Manuel fue, además, un promotor de iniciativas de rebeldía dentro y fuera de la Universidad. Entre otras, aportó por décadas a la conducción intelectual y política del Instituto Latinoamericano para una Sociedad y un Derecho Alternativo (ILSA); en primera su rectoría, se puso en marcha el Seminario Internacional Marx Vive, que se llevó a cabo en nueve ocasiones en un lapso de veinte años, con el concurso intelectuales y académicos de izquierda colombianos, nuestroamericanos y europeos y una muy amplia participación de jóvenes e integrantes de organizaciones sociales y populares. En tiempos de hegemonía neoliberal, el Seminario estimuló la crítica al capitalismo y la exploración de visiones alternativas de sociedad, que alimentaron las resistencias y las luchas. Víctor Manuel fue partícipe de procesos de formación política en numerosas organizaciones juveniles del campo de la izquierda. Asimismo, se erigió en pilar de la Revista Izquierda, uno de los pocos espacios actuales del pensamiento crítico en nuestro medio.

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Para destacar igualmente está la incansable labor desarrollada para contribuir a los procesos de paz en Colombia. Muy conocida fue su participación en la Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas; también su compromiso y dedicación con los diálogos de La Habana, a los que le dedicó largas jornadas de trabajo junto con otros intelectuales y las delegaciones negociadoras de las partes negociadoras, los representantes del gobierno de Juan Manuel Santos y de la extinta guerrilla de la FARC-EP. Su profundo conocimiento de la violencia y el conflicto social armado y, en general, de la realidad colombiana, quedaron vertidos en los diferentes puntos del Acuerdo de Paz de 2016. Entre otros, Víctor Manuel fue el real y verdadero inspirador de la solución de justicia que allí se encontró en la llamada jurisdicción especial para la paz. El maltrecho proceso de implementación de los acuerdos de 2016 le generó gran preocupación y cierto desencanto, sin que dejara de considerar la necesidad de una solución política a la cuestión de la violencia y la confrontación armada en nuestro país.

Víctor Manuel dejó el legado de la coherencia. Sus trabajos y elaboraciones los acompañó de la acción política. Sin estar adscrito a una organización política determinada, fue un militante de las causas sociales y populares; siempre estuvo del lado correcto de la historia, sin tibiezas ni elucubraciones para justificar lo injustificable; lo suyo estuvo del lado de los humildes y desposeídos. Quienes lo conocimos de cerca, compartimos sus preocupaciones por las necesarias transformaciones sustantivas del orden social vigente, más allá de los pantanosos terrenos del reformismo cuando este se convierte en fin último; asimismo, sus miradas sobre las preocupantes tendencias en los Estados Unidos y, en general, del capitalismo a escala planetaria, particularmente aquellas expresadas en los proyectos políticos de ultraderecha y el advenimiento de proyectos políticos fascistas. Siempre nos llamó la atención su insistencia en el éxodo, en la búsqueda de las fugas, de las salidas para las clases subalternas. Lo cual es propio del subversivo y revolucionario, del eterno joven que fue. Hizo suya la idea de que no se trata de contemplar el mundo, sino de transformarlo. Tuvo la convicción de que para ello también son necesarios la pasión y el deseo. 

En tiempos en los que se ha hecho muy difícil tener verdaderos amigos, no es nada fácil contar con el gran amigo que fue Víctor Manuel. Hemos vivido cambios culturales por cuenta de los cuales el individualismo, el egoísmo, la competencia y la meritocracia han regado una espesa niebla sobre la posibilidad de la amistad genuina. Quienes lo conocimos, podemos proclamar que tuvimos la oportunidad de vivir y sentir un hombre amoroso, leal, incondicional, sincero, sencillo y solidario. Siempre encontramos en él la voz de aliento, la preocupación compartida, la recomendación respetuosa, el consejo paternal, incluso la gestión para ayudar a resolver problemas cotidianos. Vivir la vida fue también para Víctor Manuel, vivir para sus amigos. 

Para la Revista Izquierda, la partida de Víctor Manuel deja un vacío irreparable. Honrar su memoria representa, para nosotros, la decisión de persistir en nuestro proyecto político y cultural de alentar y juntar la rebeldía.

¡Gracias infinitas, una vez más, Víctor Manuel, por lo vivido y por todo lo que nos dejaste!

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