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A propósito de las tendencias del actual orden mundial capitalista1

Jairo Estrada Álvarez

Profesor del Departamento de Ciencia Política

Universidad Nacional de Colombia

Dando continuidad a su prolífica y reconocida producción intelectual, Aulisio Bevilaqua nos sorprende con un nuevo libro, esta vez producto de una elaboración colectiva realizada con las investigadoras Julia Pereira y Camila Queiroz. Tal y como en otras ocasiones, estamos frente a un trabajo que, además de poseer una sólida fundamentación teórica inscrita dentro de las lecturas rigurosas de la obra de Marx y de diferentes exponentes de lo que podríamos definir como el campo pensamiento crítico, posee el sello propio del compromiso militante con las causas de otro mundo posible; que no son otras que las de la revolución y el socialismo, así no se avizoren en el horizonte más cercano.

El desarrollo de la tesis sobre el regreso de Brasil al centro de la geopolítica mundial, que es a mi juicio el propósito principal de la obra, se encuentra precedido por el análisis de la ruptura del orden mundial unipolar y los trazos de un nuevo orden en proceso de constitución, que indican que estamos frente a un complejo, conflictivo y contradictorio período de transición, cuya temporalidad y configuraciones específicas son aún indeterminadas. 

Por lo pronto, es constatable, por una parte, el declive sostenido de la hegemonía de los Estados Unidos, sobre la cual se selló el orden capitalista unipolar surgido tras el derrumbe de la Unión Soviética y del “socialismo realmente existente” en Europa Oriental. Y por la otra, de manera simultánea, el proceso de irrupción de un nuevo orden multipolar, en el que los países de los BRICS jugarían, según el autor y las autoras, un papel protagónico y podrían dotar a ese orden emergente con los atributos de la cooperación y el beneficio compartido. 

Más allá de la tendencia evidente de una nueva geopolítica mundial y con ello del proceso de configuración y consolidación de un nuevo orden mundial, dada la heterogeneidad de las formaciones sociales y los proyectos políticos que gobiernan en los países que conforman los BRICS, en perspectiva parece tener más peso la posibilidad de consolidación de un orden multipolar, que su representación como alternativa al predominante orden social capitalista a escala planetaria. Aún bajo esa circunstancia, se habilitarían mejores condiciones de posibilidad para las luchas sociales y la acción política emancipadora, en oposición al injerencismo e intervencionismo imperialista y la pretensión de gendarmería mundial por parte de los Estados Unidos, que se terminó imponiendo a lo largo de las últimas décadas.

Dando continuidad a su prolífica y reconocida producción intelectual, Aulisio Bevilaqua nos sorprende con un nuevo libro, esta vez producto de una elaboración colectiva realizada con las investigadoras Julia Pereira y Camila Queiroz. Tal y como en otras ocasiones, estamos frente a un trabajo que, además de poseer una sólida fundamentación teórica inscrita dentro de las lecturas rigurosas de la obra de Marx y de diferentes exponentes de lo que podríamos definir como el campo pensamiento crítico, posee el sello propio del compromiso militante con las causas de otro mundo posible; que no son otras que las de la revolución y el socialismo, así no se avizoren en el horizonte más cercano.

Al abordar las dimensiones de la ruptura del orden unipolar, los autores además de analizar sus numerosas expresiones, por cierto, desiguales, muestran también sus niveles distintos en extensión, profundidad y maduración. Me refiero a las rupturas “militar-tecnológica”, “económica” y “política” o político-cultural, que son examinadas por separado por razones expositivas, pero que en sentido estricto deben ser leídas como una unidad dialéctica. Todas esas rupturas confirman y comprueban que estamos frente a la erosión de la hegemonía estadounidense, según la expresión utilizada por los autores. Empero, al mismo tiempo, indican ‒dado que estamos frente a un proceso dialéctico‒ la presencia de contratendencias. 

Esa coexistencia conflictiva y contradictoria entre un orden unipolar que tiende a desaparecer y uno nuevo, multipolar, en proceso de surgimiento y consolidación, explica el carácter de la transición a escala planetaria de la que estamos siendo partícipes. Aquí parece ser válido recordar una vez más la muy citada expresión de Gramsci: El viejo mundo se muere. El nuevo tarda en aparecer, y en ese claroscuro surgen los monstruos.

Nos encontramos en un interregno en el que la principal potencia imperialista puede tornarse aún más agresiva y violenta en desarrollo de su pretensión de preservar a toda costa su posición hegemónica maltrecha, bien sea de manera directa o través de agentes interpuestos. El genocidio del sionismo israelí contra el pueblo palestino en Gaza, además de expresar un crimen de lesa humanidad, es también un monstruoso campo de experimentación de una política imperialista que desatiende la institucionalidad internacional existente y transgrede todo el orden del derecho construido con dificultad por los Estados tras la segunda guerra mundial. Si el horror en Gaza no se logra detener, más allá de las numerosas declaraciones y expresiones de solidaridad, incluyendo aquellas de los BRICS, estaremos frente a la reiteración del uso de lo que los Estados Unidos considera es una patente de corso, tal y como ha sucedido en este siglo, entre otros, en Irak, Libia, Siria y más recientemente en Irán. Y como se anuncia con la agresión en curso contra la República Bolivariana de Venezuela y su pueblo y se expresa en el persistente bloqueo económico contra Cuba.

En ese mismo interregno, estamos asistiendo a nuevas configuraciones del régimen político en los órdenes del Estado-nación, que indican la tendencia a la negación de la democracia burguesa, el fortalecimiento del autoritarismo y del control biopolítico sobre la población, a fin de preservar y reproducir el régimen de dominación y explotación capitalista, y en cuya raíz se encuentra la pretensión de establecer un nuevo tipo de dictadura, todavía en ciernes, expresiva de la fusión de la nueva oligarquía emergida de la cuarta revolución industrial con el capital financiero corporativo, tal y como se observa en los Estados Unidos. Ese propósito es impulsado por proyectos políticos de extrema de derecha, varios de ellos ya gobernando, erigidos en una “nueva internacional”, los cuales incorporan en sus narrativas elementos de la ideología fascista y afirman adelantar una cruzada contra el “comunismo” y el “enemigo bolchevique”. 

Frente a esas pretensiones se encuentran las resistencias y las luchas dentro de los Estados Unidos y, en general, a escala planetaria. Ellas representan la única posibilidad de contrarrestar y superar los monstruos que aparecen en el claroscuro de la transición. Y desde luego, también la posibilidad (y necesidad) de consolidar un nuevo orden mundial multipolar, sustentado en la cooperación y el beneficio compartido. En ese sentido, debe valorarse también el presente libro. Nos aproxima a una comprensión compleja del momento histórico que estamos viviendo, considerando al mismo tiempo una trayectoria de salida diferente a las pretensiones de remozamiento del capitalismo realmente existente.

Precisamente, ese propósito de contribuir a la comprensión del momento histórico, encuentra un sustento poderoso, teórico y político, en el análisis de la crisis capitalista. No es posible comprender el interregno o la transición si no se tiene claridad acerca de que en su basamento está la crisis orgánica del capital. En este punto, en el libro nos encontramos frente a nuevos desarrollos de la obra de Aulisio Bevilaqua, formulados a lo largo casi cuatro décadas, en la que el análisis de la crisis orgánica del capital ha sido probablemente su principal preocupación, no solo como parte de un ejercicio intelectual y académico, sino dada su condición de militante y estratega político de una organización política revolucionaria. En efecto, además de la crítica a las visiones de la crisis desde la economía política burguesa y otros enfoques que se inscriben dentro de la tradición marxista, el autor y las autoras profundizan en la dimensión sistémica de la crisis, descartando la tendencia a la “naturalización” que conlleva un enfoque de “ciclo económico” o si se prefiere de “ciclo de producción de valor”; y sustentando más bien la idea que cuando se habla de crisis orgánica en realidad se habla de la crisis de la totalidad capitalista, del capital como relación social que es, y no exclusivamente de una crisis de rentabilidad o expresiva de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia. 

https://www.lapluma.net/2023/11/13/el-nuevo-orden-mundial/

En ese marco, es de particular significado el análisis acerca sobre la crisis de la medida del valor, en términos de tiempo de trabajo socialmente necesario, y la necesidad de considerar una nueva medida, dadas las nuevas condiciones de la producción que redefinen el concepto mismo de fuerzas productivas y del relacionamiento con la naturaleza. Si el análisis quedase atrapado en la explicación de la crisis como consecuencia de la tendencia histórica de la composición orgánica del capital y con ello en una lectura economicista de la acumulación capitalista, se estaría frente a una sin salida (teórica) y política en la que el trabajo y las fuerzas del trabajo perderían el rol central y determinante que ocupan en la producción de la riqueza y como sujetos políticos. Si por el contrario, la nueva visita que hagamos a Marx, nos lleva a la redefinición del concepto de producción y de proceso de producción, incluso más allá de locus de la fábrica (o del “proceso de producción inmediato”), si comprendemos que la relación social que expresa el capital es lógica, histórica y espacial, muy seguramente podemos comprender el significado del proceso anunciado por Marx de “subsunción real del trabajo al capital”, llevado en el presente a todos los campos de la vida social y a la naturaleza con los procesos de mercantilización en curso, los cuales incluyen entre tanto la “conquista” capitalista del espacio. 

El autor y la autoras, además de sustentar con rigor la crisis del valor y su medida, y de explicar la conversión de la tecnología (ciencia y conocimiento) y la biodiversidad (naturaleza orgánica e inorgánica) en categorías orgánicas de la producción de valor, arriesgan la proposición de una nueva medida de valor en la que habría “dos fuertes candidatas para complementar el paradigma del tiempo necesario”: “la criptomoneda (que expresa el valor del desarrollo tecnológico) y los créditos de carbono (que expresan el valor de la preservación de la biodiversidad)”. Con la válida advertencia de que “esto requiere un análisis crítico de esas categorías”. 

Debe reconocerse que hoy existen vacíos en el pensamiento marxista respecto de la crítica del orden social capitalista y su economía política y que ellos inician en parte en la crisis del valor y su medida. Si el valor y el capital se comprenden como relación social, es evidente que, en su nueva comprensión, según contenidos y formas asumidos en el presente, se encuentra también la fundamentación teórica (y política) de la opción revolucionaria en el actual momento histórico-concreto. Por ello, debe dársele a la propuesta de una nueva medida del valor el mayor significado, se esté o no de acuerdo con ella. De ella se deriva el fortalecimiento de la crítica a la actual economía política y, por tanto, la consideración de nuevas condiciones de posibilidad para las alternativas antisistémicas, por lo pronto en la dimensión geopolítica.

Justamente, esas nuevas condiciones, explicadas por la crisis orgánica del capital, resultan de la valoración de las fortalezas de los BRICS, examinadas con detalle por el autor y las autoras. Tales fortalezas para que logren potenciarse requieren cooperación y acción mancomunada, y sobre todo que avancen hacia la constitución de un nuevo “bloque histórico” unificado. Propósito pendiente y clave para hacer realidad el nuevo orden multipolar. Desde mi punto de vista, además de esa posibilidad, no es descartable que se esté igualmente frente al proceso de establecimiento de un nuevo hegemón, la República Popular de China, en coexistencia con la mayor erosión de la hegemonía de los Estados Unidos y la presencia de potencias de alcance regional. A diferencia del hegemón ahora en declive, el nuevo hegemón emergente no pareciera sustentarse en las políticas y prácticas imperialistas hasta ahora conocidas. De lo anterior se infiere, más allá de las dimensiones militar-tecnológica y económica, el fuerte peso que tiene la dimensión política y cultural. Falta aún mayor recorrido del tiempo histórico para identificar con mayor certeza hacia qué tipo de nuevo orden mundial nos dirigimos. 

Consecuente con la visión del nuevo orden mundial multipolar en curso, el libro se ocupa de analizar las condiciones excepcionales favorables que se le presentan a Nuestra América. Su renovado rol geopolítico se explicaría tanto por la condición de nuestra Región de reserva estratégica del poder global de los Estados Unidos, como del potencial como sujeto de la transición hacia un nuevo orden mundial multipolar y una nueva hegemonía (compartida). Esas condiciones radican en contar con el potencial material y humano que requiere la economía política del presente: reservas de minerales estratégicos para la transición tecnológica y energética, 31 % de los recursos de agua dulce, 22 % del área forestal y 40 % de la biodiversidad, a lo cual se agrega el potencial de desarrollo científico y tecnológico representado por su fuerza de trabajo, según los expuesto por el autor y las autoras. En el mismo sentido, se realiza la valoración del lugar de Brasil, cuyas potencialidades (entre otras, vastas reservas naturales, posición estratégica, capacidad de mediación) son fundamentadas al detalle y con evidencia empírica, y sirven de sustento para considerar la posibilidad de asumir un liderazgo significativo en la geopolítica mundial. Hacer de Brasil una potencia conllevaría superar desafíos internos de diversa índole, dentro de los cuales se cuentan el fortalecimiento de su capacidad de defensa, la protección de sus recursos y la protección de la soberanía. 

https://www.lapluma.net/2023/11/13/el-nuevo-orden-mundial/

En este contexto, irrumpen de nuevo las condiciones políticas. Desde hace más de dos décadas, en Nuestra América se vive una intensa contienda política, aún sin trayectorias definidas y estables de salida. La Región se debate hoy entre proyectos político-económicos de derecha, con tendencia a la prevalencia de la extrema derecha, y proyectos políticos de corte progresista, muy diferenciados en sus propósitos y alcances. Brasil no escapa a esa constatación. De las definiciones políticas que se produzcan en cada uno de los países de la Región, dependerá en gran medida su lugar en perspectiva histórica: proseguir en el rol de reserva estratégica del poder global de los Estados Unidos, dígase patio trasero del imperialismo, o desempeñar un papel protagónico en la transición hacia un orden mundial multipolar de cooperación y de beneficio compartido. Lo propio debe afirmarse sobre Brasil. Si bien en el presente, su actual gobierno progresista avanza en el propósito de alcanzar un papel protagónico en la geopolítica mundial, los monstruos internos y externos continúan al acecho. Su derrota política y cultural se erige en condición sin e qua non.

Bajo el supuesto de que la política y la acción política deben estar impregnadas por la pasión y el deseo, debo resaltar que el autor y las autoras avanzan hacia la recuperación de una visión íntegra de Nuestra América, del concepto de Patria Grande, para lo cual señalan la necesidad de unidad en torno a un nuevo modelo económico, basado en un “programa de emergencia” con cinco objetivos principales, formulados en el texto. 

Debe reconocerse que hoy existen vacíos en el pensamiento marxista respecto de la crítica del orden social capitalista y su economía política y que ellos inician en parte en la crisis del valor y su medida. Si el valor y el capital se comprenden como relación social, es evidente que, en su nueva comprensión, según contenidos y formas asumidos en el presente, se encuentra también la fundamentación teórica (y política) de la opción revolucionaria en el actual momento histórico-concreto. Por ello, debe dársele a la propuesta de una nueva medida del valor el mayor significado, se esté o no de acuerdo con ella.

Como se puede apreciar, queridos lectoras o lectores, tienen ustedes en sus manos una obra magnífica que incita a la polémica, la cual además de contribuir a interpretar el mundo, contiene una invitación a transformarlo.

Quiero terminar este prólogo reproduciendo una frase de Lenin, citada en el texto: Es preciso soñar, pero con la condición de creer en nuestros sueños. De examinar con atención la vida real, de confrontar nuestra observación con nuestros sueños, y de realizar escrupulosamente nuestra fantasía. Sueños, cree en ellos.

Prólogo a la edición bilingüe del libro Guerra e Paz. Crise organicâ, geopolítica e o Brasil de Aulisio Bevilaqua, Julia Pereira y Camila Queiroz, Río de Janeiro, Inverta, 2025.
 


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