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Carlos Enrique Lorca Tobar: juventud, socialismo y resistencia

Harold García-Pacanchique

Doctorado Interinstitucional en Educación

Universidad Distrital Francisco José de Caldas 

Integrante del Grupo de Trabajo CLACSO Historia y Coyuntura: perspectivas marxistas

 

Juventud Socialista de Chile
Toma el arma de la verdad
Y dispara contra quien pretenda
Pisotear al pueblo su dignidad.
 
Himno de la Juventud Socialista de Chile
 
No podemos conducir a las masas a la lucha si no tienen en claro por qué luchar. Las masas necesitan conocer a sus enemigos. Necesitan saber quiénes se oponen al proceso revolucionario, quiénes obstruyen las medidas destinadas a mejorar las condiciones de vida de nuestro pueblo. Una política conciliadora basada en transacciones, desmoviliza a las masas, las desorienta y confunde; por el contrario, una política que las lleve a enfrentarse con sus enemigos, que haga conciencia de las dificultades de este enfrentamiento, pero que al mismo tiempo señale con claridad las metas a lograr, sí que logrará comprometerlas en el proceso de cambio y las hará́ aportar su abnegación, esfuerzo e iniciativa creadora a él.
 
Carlos Lorca Tobar
 
 

Carlos Enrique Lorca Tobar nació el 19 de noviembre de 1944 en Santiago de Chile. Hijo de Carlos Lorca Leyton y María Tobar ‒vendedor y maestra normalista, respectivamente‒, pertenecía a una familia santiaguina compuesta por cinco hermanos, de los cuales era el mayor. Tres eran varones ‒Luis, Raúl y Jaime‒ y una niña, María Isabel o “Chabelita”, quien murió a los once años a causa de una encefalitis, pérdida que provocó un profundo duelo en Carlos.

Sus estudios secundarios los realizó en el Internado Nacional Barros Arana y en el Instituto Nacional “General José Miguel Carrera”, ubicado en Arturo Prat 33, en Santiago. En este último se destacó como un estudiante apreciado e inició su liderazgo estudiantil en las aulas del centro, al que su hermano Luis Lorca llamó “el primer foco de luz de la nación”. En referencia a esos primeros años, se señala que Carlos era un niño con un liderazgo natural y una fuerte influencia sobre su grupo de amigos. También se le recuerda como un estudiante dedicado, serio y con excelentes resultados académicos.

Carlos era un joven de aspecto tímido y sereno que, desde muy pequeño, tomó decisiones radicales en su entorno, como la de no volver al culto católico debido a las contradicciones que observaba en el sacerdote Sergio Correa, quien mantenía vínculos con el gerente del Banco del Estado. Argumentaba que dejaba de asistir a misa por la falta de coherencia entre lo que el párroco predicaba y lo que hacía.

“[…] quienes te reconocieron vieron tu naturaleza inolvidable. ¿Cómo eras Carlos? Eras la versión del Quijote social en lucha sabia contra los molinos de la injusticia. Eras el renacentista pensante en todo lo humano. Eras el hombre nuevo de todos los tiempos. Eras el amor por tus semejantes.” (Luis Lorca)

Esta actitud ante la vida llevó a Carlos a destacarse como un joven de decisiones coherentes, comprometido con el sentido de la praxis, elemento que orientaría su militancia estudiantil, juvenil, de masas y partidista.

El estudiante universitario

La década de los 60 se destacó por su fuerte agitación política, en especial por el importante papel que jugaron la Revolución Cubana, la guerra de Vietnam y el surgimiento de múltiples movimientos de liberación nacional anticolonial en los llamados países del Tercer Mundo de la Tricontinental.

La vida universitaria de Carlos sería trastocada por estos importantes sucesos históricos, los cuales convertirían a los jóvenes de la época en una generación de rebeldes que soñaban con la transformación estructural del mundo; tras terminar sus estudios secundarios el mayor de los hermanos Lorca se inclinaría por las ciencias médicas, decidiendo estudiar medicina en la Universidad de Chile, la llamada Casa de Andrés Bello.

Su madre, María Tobar sería testigo de los vertiginosos cambios que la vinculación a la facultad traería a la vida de Carlos. Al respecto, comenta, por ejemplo, que su hijo

era muy comunicativo con ella y así se dio cuenta cuando al poco tiempo de estar en la Escuela de Medicina empezó a descubrir un mundo totalmente nuevo y distinto al que él había vivido siempre, protegido en un hogar sin problemas (…) Carlos llegaba todos los días impresionado de la pobreza, de la miseria de los pacientes, sintiéndose impotente para ayudarlos, pero inventando y aprendiendo todos los días cómo hacer una sociedad más justa, más igualitaria. Se dio cuenta que con la medicina no podía dar gran ayuda, entonces estudió filosofía, otras ciencias humanistas y se hizo militante socialista, entregando todas las horas del día a lograr su objetivo.

Todas estas actividades las comentaba con su madre que se maravillaba con su hijo y a la que también le abrió un mundo desconocido (Maldonado Parada, Moya Díaz, Romero Méndez y Vega Pais, 1999, p. 116).

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Es esta sensibilidad social la que lleva a Carlos a encontrar en la organización popular una posible salida que le permita generar soluciones a la cruda realidad con la que se enfrenta por primera vez. Será en la Universidad de Chile donde, junto a sus compañeros, participe inicialmente en el Movimiento Universitario de Izquierda y, posteriormente, en la Federación Juvenil Socialista de Chile (FJS).

La universidad está en un momento de efervescencia, que es el momento previo a la Reforma Universitaria de 1968, él se compromete, primero en un frente amplio, que se llamaba Movimiento Unitario de Izquierda (MUI) y en eso milita Carlos, no entra a la Juventud Socialista. Toda esa generación es del MUI y después unos toman el camino del MIR y Carlos y otro buen grupo de compañeros muy brillantes toman la senda de la Juventud Socialista y ellos son como un puntal de la Brigada Universitaria Socialista de esos años (Lorca, 2018).

Ya para 1965, Carlos iniciaría su militancia en la Federación Juvenil Socialista de Chile, órgano juvenil del Partido Socialista de Chile (PS), estructura partidaria histórica en la organización de las y los trabajadores del país andino. En esta avanzaría progresivamente en responsabilidades políticas, especialmente en el campo de la dirigencia estudiantil, donde se destacó por su ávida inteligencia ‒rasgo que en él sobresalía‒ y, en especial, por su apasionado amor a la lectura, una de las buenas obsesiones que harían de él uno de los cuadros dirigentes más importantes de dicha organización juvenil y, con el transcurrir de los años, del partido.

En la segunda mitad de los sesenta, la noticia de que en una escuelita de las montañas del oriente boliviano fue fusilado el Comandante Ernesto “Che” Guevara, quien había emprendido una experiencia guerrillera en los primeros días de noviembre de 1966 y que se mantendría apenas once meses en combate, estremeció a las juventudes rebeldes del continente. Ello desembocó en una solidaridad permanente de las y los revolucionarios de la época con las facciones que, en vida, resistieron al Ejército Boliviano. Ante esta situación, el Partido y la Juventud Socialista no fueron ajenos y actuaron en solidaridad con el pueblo de Bolivia y con el ELN formado por el Che, sirviendo como enlace de la guerrilla de Ñancahuazú en un primer momento y, después de la caída del argentino-cubano en combate, con los cubanos y bolivianos que sobrevivieron a este primer intento de organización guerrillera en Bolivia.

Fue entonces cuando los socialistas chilenos optaron por crear una red político-militar interna conocida como la “Organa”, que años más tarde daría origen al ELN-Chile o a los llamados “Elenos” del PS, aparato que funcionaría como red logística y de reclutamiento para la experiencia emprendida por el sobreviviente Inti Peredo, denominada “Volveremos a las montañas”. En la mencionada “Organa” participó Carlos, quien estuvo vinculado entre los militantes que la constituyeron y pasó además por una escuela de formación militar. “Si bien Lorca no fue partícipe directo del ELN, participó en una escuela de guerrilla en Chaihuín” (El Avión Rojo, 2016), lo que demuestra un Carlos con actitud de combate internacionalista en estos primeros años de militancia revolucionaria, compromiso que lo acompañaría durante su desarrollo político, experiencia que le sería de gran ayuda en los años en que pasaría a la clandestinidad como dirigente socialista.

Su coherencia, sus excelentes resultados académicos y la experiencia adquirida en tres años como miembro de la FJS lo llevaron a asumir el cargo de representante del Centro de Alumnos de la Facultad de Medicina, para el cual fue electo en 1968. Allí se destacó por su entrega desinteresada en la defensa de la Reforma Universitaria que los estudiantes chilenos planteaban en ese agitado año para los movimientos estudiantiles en el mundo, no siendo inferiores las luchas que daban sus compañeros en diversas partes del globo, como en Francia, Alemania, México o Argentina, entre otros países

Este destacado papel como dirigente de facultad llevó a Carlos a posicionarse como potencial dirigente nacional y, en 1969, fue “elegido vocal de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile y, en tal carácter, asumió la Secretaría General de ese organismo estudiantil” (Goñi, 2016), situándose como dirigente nacional y voz del movimiento estudiantil universitario, episodio de su vida que sería fundamental para el posterior desarrollo de su trabajo junto a Salvador Allende en el gobierno de la Unidad Popular

Con agitadas luchas estudiantiles y el inicio de una campaña electoral que avizoraba un futuro prometedor para la izquierda chilena, concluyó para Carlos la década de los sesenta e iniciaron los tan añorados años setenta, en los que el médico Salvador Allende encabezaría la lista electoral del Partido Socialista y, a través de la Unidad Popular, representaría a un conjunto mayoritario de las fuerzas progresistas, democráticas y revolucionarias del país. Para esos años, Carlos culminó sus estudios de medicina el 15 de abril de 1971 y realizó su trabajo profesional en el Hospital Trudeau, iniciando además su formación en psiquiatría, la cual sería interrumpida por la agitada e intensa participación política que asumió en esta época, como lo afirma Adriana Goñi Godoy.

“Un hombre responsable y consecuente, tus ideas de futuro las defendías en el diálogo y en el debate. Las cultivabas y las aprendías de la vida y de los textos y las sometías a los desafíos de la realidad. ¡Nunca conocí una persona con mayor rigor y responsabilidad en su decir y pensar! ¡Nunca en busca del aplauso fácil ni con la demagogia oportunista! En momentos aciagos defendiste con tu vida tus ideales. Asumiste las consecuencias por un Chile mejor.” (Luis Lorca)

https://archivo.kaosenlared.net/chile-los-socialistas-de-ayer-volveran/index.html

La Unidad Popular, un sueño colectivo por el socialismo

Tras tres intentos anteriores por llegar al gobierno de Chile por medio de las urnas, el médico y Senador del Partido Socialista, Salvador Allende Gossens encuentra en las elecciones de 1970 la posibilidad de lograr el cometido que durante años había perseguido y que estuvo cerca de conquistar en las elecciones de 1964, obteniendo el 38.93 % de los votos, por debajo de su rival Eduardo Frei Montalva que ganaría las elecciones con un 56.09 %. Estos resultados, aunque no ubicaban al Senador socialista como ganador, si dejaban un muy buen balance electoral para un partido que se hacía llamar socialista en medio de la Guerra Fría y la guerra contra el “comunismo internacional”.

Para el año 1970, el ya guevarista Carlos Lorca asumía la jefatura de la Brigada Universitaria Socialista, órgano estudiantil de educación superior de la FJS. Paralelamente, las dos fuerzas de izquierda más importantes del país ‒el Partido Comunista y el Partido Socialista‒ organizaron, junto a otros partidos ya mencionados, el programa unitario de la Unidad Popular, propuesta que, el 4 de septiembre de 1970, tras un arduo año de campaña en la que Carlos y sus compañeros de militancia se volcaron por convicción y orientación del Partido Socialista, resultó victoriosa. Por primera vez en la historia del siglo XX, una propuesta en la que comunistas, socialistas y sectores revolucionarios de izquierda lograban, por la vía electoral, asumir el más alto cargo de gobierno en una estructura estatal de democracia burguesa4.

Ante el ascenso de Allende al poder a finales de 1970, los socialistas organizaron el XXIII Congreso del Partido en enero de 1971, en la ciudad de La Serena, ubicada en la región de Coquimbo, en la costa de Chile. El congreso dio un vuelco a la estructura del Comité Central del Partido y orientó a la Federación Juvenil Socialista de Chile a realizar, en el mes de agosto, su XX Conferencia Nacional, esta vez en la ciudad de Concepción. Para este encuentro

se constituyó el nuevo Comité Central (CC) de la Federación Juvenil Socialista de Chile (FJS) que elige como su secretario general a Carlos Lorca Tobar, cambiándose poco después en una de las primeras medidas de la nueva Dirección juvenil, el nombre de la organización al de Juventud Socialista de Chile (JS) (Navarrete, 2018, p. 8). 

Esta nueva responsabilidad que asume Carlos lo sitúa en el centro de la dirigencia juvenil y, para 1972, es electo presidente de la Unidad Popular Juvenil. Allí trabaja junto a la dirigencia nacional de las Juventudes Comunistas de Chile (JJ.CC.) y encuentra referentes como Gladys Marín y Alejandro Rojas. La elección de Lorca para presidir el órgano juvenil de la U.P. se debe a su carácter de militante metódico, organizado y antisectario, demostrado durante su dirección en la FECH, donde evidenció su compromiso con la unidad de las y los revolucionarios, además de una amplia capacidad argumentativa y teórica que le valió el respeto de las demás organizaciones juveniles de la época. 

Sobre lo anterior, su hermano Luis, en una carta redactada para la conmemoración de los 41 años de su desaparición, logra sintetizar algunas de estas cualidades que llevaron a Carlos a consolidarse como un destacado dirigente nacional del socialismo chileno y de la propuesta de izquierda impulsada por la Unidad Popular:

Un hombre responsable y consecuente, tus ideas de futuro las defendías en el diálogo y en el debate. Las cultivabas y las aprendías de la vida y de los textos y las sometías a los desafíos de la realidad. ¡Nunca conocí una persona con mayor rigor y responsabilidad en su decir y pensar! ¡Nunca en busca del aplauso fácil ni con la demagogia oportunista! En momentos aciagos defendiste con tu vida tus ideales. Asumiste las consecuencias por un Chile mejor (Lorca L., 2016).

En esta etapa de su vida, Carlos desarrolla sus más sólidas disertaciones políticas y condensa en sus discursos, intervenciones partidarias y actos públicos lo más coherente de su acción teórico-práctica. Son los años en que se forma como cuadro de masas y sale a debatir en defensa de la línea de la Unidad Popular, a la cual se adhiere con convicción estratégica. Estas actividades reflejan su cercanía con el compañero presidente Salvador Allende y lo consolidan como dirigente nato de la línea política del gobierno popular, proyección que lo catapultará como diputado y referente del Partido Socialista. 

Frente a ello, cabe aclarar que Carlos Lorca fue siempre un político autocrítico y reflexivo respecto de los procesos. A esta cualidad se debe su postura leninista frente a la organización del Partido, su visión de la unidad proletaria y del centralismo democrático como medios para fortalecer la dirección de la Unidad Popular. En estos años se le reconoció como un trabajador incansable por la vía chilena al socialismo, un hombre consciente de la importancia de la unidad entre el Partido Socialista y el Partido Comunista, condición que lo convirtió en un militante respetado y querido por las masas de la UP.

El militante leninista y guevarista

La influencia de los Elenos chilenos, la Organa y la victoria electoral de Allende van a reafirmar las posiciones que definirán la praxis de Carlos en los 70. Los inicios de esta década encontraron a un joven de 28 años edad maduro políticamente, que asumió la dirección de la Unidad Popular Juvenil y que se destacaba como posible candidato para las elecciones parlamentarias de 1973.

Los conflictos que afrontará la Unidad Popular harán del protagonista de esta semblanza un dirigente de alta consecuencia con su Partido, reafirmando su posición como socialista y defensor de la vía chilena, crítico de los izquierdismos infantiles, de los oportunismos y de la falta de posiciones partidarias frente a la formación política de los cuadros,

así entonces, con la fuerte impronta de Lorca, los vicios históricos del PS y sus debilidades, replicados por la Juventud, eran puestos en primer plano. La disciplina interna, la lucha contra el fraccionalismo y el caudillismo, en definitiva el problema de construir la vanguardia revolucionaria en el Partido y su Juventud (Navarrete, 2018, p. 55).

En ese contexto, Carlos proponía los principios leninistas de organización como elementos fundamentales para superar las dificultades propias de los partidos miembros de la Unidad Popular. Planteaba como vanguardia el centralismo democrático, la dirección colectiva y la unidad clasista entre socialistas y comunistas, impulsando una consigna clara: escalonar posiciones que fortalecieran el poder popular de la mano de la institucionalidad. Anticipaba, además, un inminente enfrentamiento radical de clase. En este sentido, Navarrete (2018) destaca un discurso pronunciado por Carlos durante un pleno de la JS, donde se subraya lo siguiente:

La conquista de todo el poder para el pueblo, reemplazando la institucionalidad burguesa que hemos heredado, por organismos genuinos del poder proletario, como la Asamblea Popular, substituyendo la anacrónica y reaccionaria justicia burguesa por una auténtica justicia al servicio de las grandes mayorías, ganando la batalla de la producción, que es indisociable de la batalla por la ampliación del área social y la participación de los trabajadores en la dirección de las empresas, fortaleciendo y ampliando la Unidad Popular y particularmente la unidad socialista-comunista (p. 74).

En estas palabras se refleja el pensamiento revolucionario del Lorca guevarista, para quien “lo que interesan son los hechos; las palabras que no concuerdan con los hechos no tienen importancia” (Guevara, 2007, p. 110). A la luz de esta referencia del Diario del Che en Bolivia, puede observarse cómo Carlos comprendía el proyecto de la Unidad Popular como una herramienta táctica de las y los trabajadores chilenos, orientada a acercar las conquistas del gobierno al poder popular. 

Estas improntas permiten reconocer en Carlos a un dirigente responsable y comprometido con la Unidad Popular, un hombre que acercó cada vez más al Partido Socialista a las ideas de Lenin. Respecto a ello, comenta Joel Ansenjo (2015), citado en Navarrete (2018):

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Carlos era uno de los que proponía que este Partido tenía que tener una organización leninista, lo que no significaba razonar como Lenin, significaba que la organización del Partido tenía que tener, con el centralismo democrático, un desarrollo organizacional que permitiera poder estar presentes en todos los frentes de masas, y en todos los frentes sociales, y donde era requerida la opinión socialista (p. 103).

En este sentido, se hacía imperativo, para desarrollar el proyecto chileno hacia el socialismo, que su dirección contara con una vanguardia revolucionaria capaz de comprender el sentido del momento histórico y de resolver las principales contradicciones de un escenario en el que la institucionalidad burguesa no se transformaba de manera radical, sino concertada y acorde con la etapa que atravesaba la lucha por el poder en Chile. En este aspecto, Carlos fue recalcitrante, pues consideraba necesario entender las particularidades del proceso chileno y, en función de esta concepción, se esforzaba intelectual y prácticamente por dar cuenta de dicha situación. 

Durante estos años como dirigente de la Unidad Popular, Carlos se fortaleció en lo teórico y se consolidó como un intelectual orgánico, al servicio de las luchas del pueblo, fiel al poder popular como bandera estratégica del proyecto chileno y cercano, principalmente, a los planteamientos teóricos y a la coherencia ética y socialista del Che Guevara, así como a los principios organizativos partidarios de Lenin. En palabras de su hermano Luis: 

[…] quienes te reconocieron vieron tu naturaleza inolvidable. ¿Cómo eras Carlos? Eras la versión del Quijote social en lucha sabia contra los molinos de la injusticia. Eras el renacentista pensante en todo lo humano. Eras el hombre nuevo de todos los tiempos. Eras el amor por tus semejantes (Lorca L., 2016).

En definitiva, Carlos Lorca fue, ideológica y políticamente, un guevarista y un leninista; sus desarrollos en la praxis así lo demostraron, y la contundencia de sus actos posteriores al golpe reafirmó sus posiciones radicales como marxista latinoamericano. 

El Diputado Carlos y el Sebastián clandestino

En el mes de marzo de 1973, con un total de 13.832 votos ‒la segunda votación más importante para el periodo de 1973-1977 en dicha jurisdicción‒, Carlos Enrique Lorca Tobar fue electo como Diputado por la Vigesimosegunda Agrupación Departamental “Valdivia, Panguipulli, La Unión y Río Bueno”. Este logro se debió a un trabajo territorial arduo del Partido Socialista, que se demostraba no solo con la elección de Carlos, sino también con la de Hernán Olave Verdugo, miembro al igual que el joven Lorca del Partido Socialista. 

En este breve período como diputado de la Cámara Baja, Carlos integró, según la Biblioteca Nacional del Congreso de Chile, la Comisión Permanente de Defensa Nacional y la de Educación Física y Deportes. De esta última se conserva una anécdota relatada por Alicia Villalobos, que recuerda su habilidad política:

Asumió la Comisión de Deportes de la Cámara Baja, y aún recuero su respuesta ante un periodista que majaderamente le preguntaba si practicaba algún deporte, con la idea de cuestionar su titularidad en la comisión. Carlos miró muy serio al reportero, y le dijo: “Por supuesto: soy ajedrecista, campeón universitario de ajedrez” (El Avión Rojo, 2016).

Esta etapa de su vida política fue breve, pero profundamente enriquecedora, pues en ella logró promover posturas radicales dentro del Parlamento que ya había concebido y defendido con anterioridad. Carlos sostenía la necesidad de que los sectores populares comprendieran que los enemigos de Chile seguían siendo los capitales monopólicos, los latifundistas y los imperialistas, buscando así articular alianzas concretas dentro del movimiento revolucionario para desarticular las intentonas divisionistas y golpistas de la derecha, que se reacomodaba políticamente en el Parlamento burgués.

Carlos interpretaba el proceso chileno como un momento histórico atípico dentro del campo revolucionario, que debía comprenderse desde sus particularidades y contradicciones internas, en las formas propias de concebir el camino hacia la construcción del socialismo. En relación con ello, Carlos se expresaba del siguiente modo, como se cita en Navarrete (2018):

Para todos está claro que nuestro país vive una hora decisiva de su historia, en la que se está decidiendo el curso de la revolución chilena y latinoamericana por muchos años. La tarea central del movimiento popular hoy, es la conquista del poder para avanzar resueltamente en la construcción del socialismo (p. 61).

En este sentido, su visión sobre la construcción del poder popular difería, aunque no de forma antagónica, de otras miradas de la época, como las lideradas por el Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR). Carlos abogaba por el debate y la unidad en la acción. Mantuvo diálogos permanentes con dirigentes de esa organización, al punto de que la obra Lorca Desaparecido5 inicia con una llamada suya a Miguel Enríquez durante el golpe de Estado, probablemente con la intención de coordinar la resistencia popular ante la traición militar que sufría el gobierno democrático de Salvador Allende. 

Carlos concebía que la resistencia popular en Chile debía adoptar una posición unitaria, orientada a consolidar el gobierno popular y crear escenarios que promovieran la descentralización del poder y el fortalecimiento de los poderes comunales, pilares de la vía chilena al socialismo. Estas propuestas despertaron tanto apoyo como oposición, y ante ese contexto, previendo el golpe de Estado, Lorca afirmaba lo siguiente durante la presentación de un informe a la Comisión Política del Pleno del Comité Central de la Juventud Socialista:

La situación como se puede apreciar, es difícil, pero no desesperada. La primera tarea de una dirección consciente que no quiere conducir al proletariado a un nuevo Djakarta, es impedir ahora un golpe, una asonada subversiva reaccionaria que aplastaría por muchos años al movimiento popular. Esto no implica detener el proceso, al contrario, es preciso tomar ahora una actitud ofensiva, de firme combate a las desviaciones de derecha, liquidar el burocratismo y la corrupción (Navarrete, 2018, p. 138).

Estas posturas acompañarían a Carlos durante todo su trasegar organizativo y en especial en sus últimos años de vida, los cuales pasarían en la clandestinidad después del fatídico golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, orquestado por las Fuerzas Armadas chilenas al mando del General Augusto Pinochet. A partir de aquel martes, Carlos Lorca dejaría de llamarse así para iniciar su vida como dirigente clandestino del Partido Socialista, como Sebastián.

Ya en la clandestinidad, la dirección del Partido Socialista, encabezada por Exequiel Ponce, asumió una posición de resistencia contra el golpe en diferentes zonas de Santiago, especialmente. A Sebastián le correspondió ir a resistir al sur de la ciudad, donde, ante la falta de recursos militares, decidió replegarse y buscar la manera más efectiva de reorganizar el Partido para continuar la lucha y preparar el combate.

Es en estas circunstancias que Carlos (Sebastián) asume dos grandes tareas en su vida. La primera correspondía a su paternidad, pues en noviembre de ese año su compañera, Gabriela Bravo, dio a luz a su hijo Ricardo. La segunda fue la dirección del Partido, en la que adoptó una posición política que evidenciaba su consecuencia revolucionaria. Lideró la construcción de un frente amplio antifascista y, junto a la dirección del Partido Socialista en la clandestinidad, redactó el documento de marzo de 1974, que condensó la línea política unitaria y revolucionaria del PS, reafirmando los valores más coherentes del pensamiento de Carlos y de sus compañeros de resistencia. Estos se negaron al exilio por convicción moral con su pueblo y con el proceso chileno hacia el socialismo. Sus destacadas tareas internacionales en busca de solidaridad con el pueblo chileno lo convirtieron en un dirigente sobresaliente en este nuevo proceso asumido por el Partido y su militancia, lo que lo puso en la mira del fascismo pinochetista, al igual que a los demás miembros de la dirección clandestina, quienes fueron capturados el 25 de junio de 1975.

“La conquista de todo el poder para el pueblo, reemplazando la institucionalidad burguesa que hemos heredado, por organismos genuinos del poder proletario, como la Asamblea Popular, substituyendo la anacrónica y reaccionaria justicia burguesa por una auténtica justicia al servicio de las grandes mayorías, ganando la batalla de la producción, que es indisociable de la batalla por la ampliación del área social y la participación de los trabajadores en la dirección de las empresas, fortaleciendo y ampliando la Unidad Popular y particularmente la unidad socialista-comunista.” (Carlos Lorca)

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Carlos, detenido-desaparecido

Tras el golpe, Carlos asume la clandestinidad como destino político para ponerse al frente de las tareas propias de la resistencia antifascista. Por sus acciones en busca de solidaridad internacional y de organización de masas para enfrentar los desdichados hechos del 11 de septiembre, Carlos ‒Sebastián o “el Allende chico”, como era conocido por los organismos de inteligencia militar‒ fue detenido junto a Carolina Wiff en una casa de seguridad ubicada en la calle Maule n.° 130, en Santiago, alrededor de las cuatro de la tarde. Tras su detención, las palabras de Carlos fueron contundentes ante sus captores: “Soy Carlos Lorca, miembro de la Comisión Política del Partido Socialista de Chile y exijo ser tratado como prisionero de guerra”, conforme lo manifiesta su hermano Luis.

Luego de la captura, que es ejecutada por la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), Carlos y Carolina son trasladados en un FIAT 125 hacia Villa Grimaldi ‒centro secreto de detención y tortura de la DINA‒, según se conoce por testimonios de presos que se encontraban allí recluidos; gracias a estos es que se pudo realizar un rastreo del paradero de Carlos durante su tiempo de reclusión y tortura. En efecto:

Héctor Eduardo Riffo, quien a la fecha se encontraba recluido en Villa Grimaldi ‒centro secreto de detención y tortura de la DINA‒ testimonió que el 25 de junio de 1975, alrededor de las 16:00 horas, escuchó que ingresaba al recinto un gran número de vehículos. Estos hacían sonar sus bocinas y se oían gritos insistentes de “Lorca, Lorca” (Memoria Viva , 2010).

Estas operaciones realizadas por las estructuras de inteligencia se enmarcaron en la persecución a la dirección política del Partido Socialista, la cual tuvo lugar durante los meses de junio y julio del año 1975. En su desarrollo cayeron militantes como Adolfo Mancilla, Alfredo Rojas, Sara Donoso, Exequiel Ponce, Michelle Peña, Mireya Rodríguez, Carolina Wiff, Ricardo Lagos Salinas, Rosa Soliz y Carlos Lorca, todos integrantes de la dirección clandestina del PS que se mantuvo en Chile tras el golpe. 

Las últimas referencias en vida de Carlos datan de 1976 y se conocen gracias al testimonio de Luz Arce, quien ante la Comisión de la Verdad y Reconciliación declararía lo siguiente:

[…] la testigo declaró que, estando en Villa Grimaldi, conversó con Ricardo Lagos (detenido desaparecido) quien le dijo que también se encontraban ahí Exequiel Ponce y Carlos Lorca. Posteriormente, en 1976, la testigo le preguntó al General Manuel Contreras por Lagos, Lorca y Ponce y éste le dijo que estaban en libertad. Por su parte, Carolina Wiff fue vista en un patio de Villa Grimaldi, por la periodista Gladys Díaz, quien estaba recluida allí (Memoria Viva , 2010)

Según investigaciones de organizaciones de DDHH que trabajan por el esclarecimiento y la verdad de los sucesos que se presentaron durante el periodo de la dictadura (1973-1990), tanto Carlos Lorca como Exequiel Ponce fueron desaparecidos en el centro de tortura “Colonia dignidad”4, siendo el primero de ellos presuntamente asesinado y lanzado al mar desde el aire en las costas de San Antonio, como lo narra Rafael Burgos, en su documental “Carlos Lorca, historia de un desconocido”.

Palabras finales, ante la semblanza de un revolucionario

Aunque mucho se ha escrito sobre Carlos Lorca y las juventudes de Chile, hoy aún persiste el trabajo por mantener viva su memoria. Lo que llega a los pueblos de Nuestra América sigue siendo poco. Esta semblanza, primera de un ciclo dedicado a los mártires que entregaron su vida por la construcción del socialismo en el continente, busca dar continuidad a la historia de quienes lucharon por el proyecto colectivo de una América unida y distinta.

Estas semblanzas que tienen como título general Lxs Compañerxs, semblanzas de hombres y mujeres de la revolución pretenden contribuir a la resignificación de la memoria, en este caso la de Carlos Enrique Lorca Tobar, dirigente socialista del PS chileno, quien entregó sus esfuerzos intelectuales a la defensa de la vía chilena al socialismo y al proyecto de la Unidad Popular, con el que fue coherente hasta las últimas consecuencias.

A quienes los militares creyeron un trofeo, y a quien los pueblos reconocen como uno de los más grandes cuadros de su historia, volver sobre la vida de Carlos Lorca es aprender de los intactos valores de un combatiente por la vida. Por ello, su historia se vuelve necesaria, de imperativo conocimiento y de estudio constante, pues su legado sigue vigente en el horizonte de la lucha de los pueblos por la construcción del socialismo.

Este trabajo no pretende ser un simple saludo a la bandera ni una semblanza simplista con algunos datos. Por el contrario, busca convocar a la juventud a la reflexión, a la militancia y, sobre todo, a la construcción de una organización de masas que logre situar las principales luchas del pueblo como vanguardia colectiva en la concreción del proyecto revolucionario. Carlos es y será parte de esta historia aún en construcción, en el marco de la lucha de clases; será memoria viva en las acciones de los y las revolucionarias de América Latina, aquellas a las que evocaba en sus discursos y a las que expresó su solidaridad en los tiempos del Che y del ELN en Bolivia.

 

Bibliografía

Maldonado Parada, R., Moya Díaz, L., Romero Méndez, M., & Vega Pais, A. (1999). Ellos se quedaron con nosotros. Santiago, Chile: LOM Ediciones.

Goñi, G. A. (20 de Ocrubre de 2016). Hijox.Voces. Recuperado el 13 de Mayo de 2010, de Rescate y recopilación de memoria intergeneracional en la Web.: https://imagenesparamemoriar.com/2016/10/20/soy-carlos-lorca/

Lorca, J. (5 de Julio de 2018). Qué pasa si olvido – Jaime Lorca. ¿Qué pasa si olvido? (F. Estévez, Entrevistador)

“El Avión Rojo”. (26 de Junio de 2016). [EN MEMORIA] Carlos Lorca y la Dirección Clandestina del PS. Obtenido de https://avionrojo.wordpress.com/2016/06/24/en-memoria-carlos-lorca-y-la-direccion-clandestina-del-ps/

Lorca, L. (26 de Junio de 2016). PARTIDO SOCIALISTA DE CHILE – COMUNAL SUECIA. Obtenido de https://psdechile.webnode.es/memorial-socialista/carlos-lorca-tobar/

Guevara, E. (2007). El diaro del Che en Bolivia. Bogotá, Colombia: Ocean Sur.

Navarrete, E. J. (2018). Potencialidad revolucionaria La Juventud Socialista de Chile y el proceso de la Unidad Popular: Lectura de una experiencia histórica (1971-1973). Universidad Austral de Chile. Valdivia: Universidad Austral de Chile.

Memoria Viva . (17 de Julio de 2010). Memoria Viva . Obtenido de Carlos Enrique Lorca Tobar: https://www.memoriaviva.com/Desaparecidos/D-L/carlos_enrique_lorca_tobar.htm

1   Historia comentada por su hermano Raúl Lorca en el libro Voces profundas: Las compañeras y compañeros «de» Villa Grimaldi. Volumen II, del autor Gabriel Salazar.
 Revisar “El ELN dentro del Partido Socialista de Chile” en: https://psdechile.webnode.es/documentos-historicos/los-elenos-dentro-del-ps/
 Frente de convergencia de la izquierda chilena del cual hacen parte el Partido Comunista de Chile, el Partido Socialista de Chile, el Movimiento de Acción Popular Unitaria, Partido de Izquierda Radical y Acción Popular Independiente. 
 A esta experiencia se le conocerá como la vía chilena al socialismo. 
5  Obra de teatro basada en la vida del diputado Carlos Lorca Tobar, uno de los dos parlamentarios detenidos-desaparecidos durante la dictadura militar, entre 1973 y 1990. Obra representada por el actor Francisco Lorca con su compañía “Rasho Laser” y registrada por Séptimo Rastro.
6  Elemento que se rastreó en el sitio web https://www.coloniadignidad.cl/memorias-y-resistencias/fichas-biograficas/carlos-enrique-lorca-tobar/

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