Sergio De Zubiría Samper
Profesor Titular Doctorado en Bioética
Universidad El Bosque
Presidente Fundación Walter Benjamin para la Investigación Social
Colombia
Los resultados electorales de la primera vuelta presidencial en Colombia para el período 2026-2030 han exigido una respuesta reflexiva, pronta y exigente al pensamiento crítico. El letargo triunfalista de ciertos sectores del progresismo y la confirmación de las encuestas como herramientas sesgadas y falibles, obligan a mitigar la infodemia rememorando nuestra tradición de análisis del momento político.
Cinco claves subrayan Lenin y Gramsci en un análisis de situaciones políticas: (a) Las relaciones de fuerzas internacionales y el sistema-mundo imperialista de las relaciones de poder; (b) La relación de las fuerzas políticas nacionales, valorando su grado de homogeneidad, autoconciencia y organización de clases y grupos sociales, para acercarse al estado de las disputas por la hegemonía; (c) El carácter del Estado y del gobierno; (d) El grado de organización y de unidad del movimiento popular; (e) El estado de ánimo de las masas populares y su disposición a luchas por objetivos inmediatos y a largo plazo.
La dimensión internacional ha sido trabajada por Carolina Jiménez en su texto Los autoritarismos americanos cierran filas con la derecha colombiana, subrayando la articulación del núcleo duro de los proyectos autoritarios y reaccionarios en el continente americano con la expansión de un ideario seguritista, militarista, disciplinamiento social y fiscal, defensa a ultranza del empresariado. El profesor Francisco Toloza postula la tesis de la consolidación de un Plan Condor 2.0 del imperialismo norteamericano para Colombia. La problemática de la construcción de hegemonía desde las derechas ha sido analizada desde perspectivas bastante creativas en artículos de Omar Rincón, Lucas Ospina, Giovanni Libreros y Arturo Escobar. Para Rincón a “don Petro, el provocador moral y estético de Colombia, le salió uno más provocador, ignominioso y desesperante. Uno que también atrae a los medios, periodistas, clase medias arribistas, evangélicos, new moneys y agrede con demandas judiciales a quien ose descreer del éxito capitalista” (…), e introduce la imaginativa metáfora del “yopitalismo”, como la consolidación de una especie de capitalismo “yoico” en que ambos candidatos no se diferencian; para el investigador, las clases medias, ya sea por su abandono por el actual gobierno o su arribismo, son presas fáciles del discurso de extrema derecha, a través de un candidato “sin ideas ni verosimilitud política” diseñado con un 40 % de Milei, 30 % de Bukele, 20 % de Trump y 10 % de Bolsonaro.
El columnista y artista Lucas Ospina indaga cómo una empresa electoral “hackea” tu cerebro y cómo, en otras latitudes, se logra elegir un “fascista de verdad” invirtiendo la verdad y la mentira, cultivando actitudes transgresoras a través de una máquina de redes digitales muy bien aceitada financieramente. No se trata de una excepción colombiana, sino de una empresa en cadena que lleva una década recorriendo el hemisferio con el “mismo manual de transgresión oral y digital, el mismo francotirador de datos, el mismo enemigo interno construido para unificar el descontento, la misma masculinidad. Colombia es la siguiente estación ‒y no la última” (…). Según el investigador Giovanni Libreros, el uso intensivo de la IA manifiesta una “nueva fase” de la guerra cultural y de la manipulación intensiva de los sentimientos como una especie de “infraestructura política”.
Arturo Escobar profundiza en la función de la dimensión “patriarcal-mediática” del votante de extrema derecha, recordando cómo el patriarcado es la forma de jerarquía y dominación más antigua de la humanidad al establecer una cosmovisión que privilegia el control, el poder, la supresión de las diferencias, culminando siempre en la violencia y la guerra. Esta narrativa “asesina” es “reproducida ad infinitum por los políticos de derecha que predican la guerra y el odio contra todo lo diferente proyectando una imagen del hombre fuerte que llega a reestablecer las jerarquías y a mantener el orden establecido a cualquier costo”.
Las anteriores reflexiones comparten algunas tesis relevantes para aproximarnos a valoraciones de la primera vuelta electoral. Destacamos la siguientes: (a) Las relaciones de las fuerzas internacionales condicionan ciertas tendencias y el papel del imperialismo norteamericano y la internacional reaccionaria desempeñan un papel sustancial; (b) En América Latina y el Caribe, en los últimos años, la extrema derecha ha aumentado su caudal electoral y ganado terreno en el “sentido común” de nuestras sociedades; (c) La problemática de la construcción de hegemonía por parte de las derechas ha sido analizada desde perspectivas diversas y creativas, tales como el papel de las clases medias, el uso de las redes sociales y los dispositivos digitales, la exacerbación de las dinámicas capitalistas, la manipulación del odio y el miedo, la violencia digital y la instrumentalización de los sentimientos, la guerra contra la diversidad, el ideario securitario, la mistificación de la guerra y de la fuerza, la matriz patriarcal, entre otras.
Cinco claves subrayan Lenin y Gramsci en un análisis de situaciones políticas: (a) Las relaciones de fuerzas internacionales y el sistema-mundo imperialista de las relaciones de poder; (b) La relación de las fuerzas políticas nacionales, valorando su grado de homogeneidad, autoconciencia y organización de clases y grupos sociales, para acercarse al estado de las disputas por la hegemonía; (c) El carácter del Estado y del gobierno; (d) El grado de organización y de unidad del movimiento popular; (e) El estado de ánimo de las masas populares y su disposición a luchas por objetivos inmediatos y a largo plazo.
Tendremos que investigar la actual configuración del bloque de poder contrainsurgente y los reacomodamientos de las clases dominantes, como también la mediación de los grupos oligopólicos en el poder político. También explorar la situación real de la movilización social, sus organizaciones, nivel de unidad y su disposición a luchar por objetivos inmediatos y a largo plazo.
El presente escrito se limita a contribuir a un debate estratégico que enfrenta la izquierda planetaria y no limitado a los guarismos electorales en Colombia: ¿Se caracteriza el actual período por un avance de la “extrema derecha” o del “neofascismo” y qué tipo de respuesta debemos preparar para enfrentar esta situación política? En el contexto colombiano la caracterización del fenómeno Firmes por la patria y Patria milagro conforma un desafío central porque de esto dependen las acciones políticas, educativas, comunicativas y culturales para enfrentarlo. Dividimos el artículo en dos partes. La primera enfrenta las dificultades y límites para una caracterización del proceso electoral “Firmes por la patria”. La segunda indaga algunas orientaciones para confrontar la construcción de una hegemonía antifascista.
¿Extrema derecha o neofascismo?
El candidato y el electorado de “Firmes por la Patria”, antes de la primera vuelta presidencial, fueron caracterizados mediante un conjunto de lugares comunes que hoy resultan problemáticos. Con relación al candidato, predominó la reiteración de que era un “outsider” o un “showman”, y de que sería más fácil derrotarlo electoralmente que a la otra candidata de la “derecha civilista”. Por su parte, sus huestes electorales fueron presentadas como una simple vertiente de la “nueva derecha” o de la “extrema derecha”. A ello se sumó la idea de que el uso del término “fascismo” podría producir “miedo” y “pánico” en la población colombiana.
La Revista Cambio, en una columna publicada el 4 de junio, mantiene, una vez decantados los resultados de la primera vuelta, la noción del ascenso de la “nueva derecha” en Colombia. La caracteriza como una “amalgama de corrientes conservadoras, libertarias y nacionalistas que, al rechazar las castas políticas y los partidos tradicionales, desafía las estructuras de poder institucional y la ineficacia del Estado, al tiempo que busca construir nuevos paradigmas” (…), respaldada por el universo digital, los memes y el activismo pop.
El lugar común del “outsider” ha sido desmontado por detalladas etnografías y biografías que evidencian la proximidad del candidato al establecimiento y a los círculos del poder legal e ilegal. Asimismo, la supuesta condición de liderazgo “showman” se desvanece al recordar que el presidente de Estados Unidos condujo durante catorce años el programa televisivo El aprendiz. El seudo show terminó traduciéndose en la guerra perpetua y el genocidio. La polémica persistirá en torno a la pertinencia de caracterizar a “Firmes por la Patria” como una simple expresión de la “nueva derecha” o de la “extrema derecha”, o bien reconocer en el despliegue de ese movimiento una tendencia hacia la fascistización de la sociedad y de su sentido común.
El mejor consejo es recuperar ciertas tesis del pensamiento crítico para afrontar esa decisión teórica y política, cuyas consecuencias resultan decisivas para una praxis revolucionaria. La primera: con Gramsci y W. Benjamin, nunca atenuar la gravedad de la amenaza y el peligro. La segunda: con T. Adorno y Horkheimer, reiterar que en todo momento histórico siguen vigentes las condiciones sociales que hacen posible el fascismo y que constituye una forma más amenazante de fascismo aquella que se presenta como “democrática” que aquella que se muestra abiertamente contraria a la democracia. La tercera: con Gramsci, promover análisis que reconozcan las distintas fases de todo movimiento fascista: su “fase de ascenso”, su conversión en política de Estado y su metamorfosis en “régimen” e “ideología”.
Recuperar las tesis anteriores exige despabilarse frente a ciertos argumentos negacionistas del fascismo, tales como postular su inexistencia porque no se recurre al terror físico directo de los campos de concentración o a prácticas sistemáticas de exterminio; asumir que la existencia de una “democracia liberal formal” constituye un antídoto suficiente contra el fascismo; o sostener que este fenómeno solo es pertinente para los países europeos y para la década de 1930. El negacionismo confirma la vigencia de la advertencia de T. Snyder: el fascismo triunfa cuando la gente “le teme o no lo reconoce”.
La academia internacional ha reconocido hace una década el avance del fascismo como tendencia planetaria, y la bibliografía sobre la problemática ha crecido vertiginosamente.
También existe una intensa “disputa terminológica” sobre cuál es la categoría más adecuada para comprender el fenómeno; un debate que no se limita a asuntos academicistas, sino que involucra diagnósticos sobre los síntomas de nuestra época y orientaciones para la acción. La educadora argentina Chinthia Wanschelbaum expresa esta angustia de época de manera pedagógica: “Que debatamos si lo que estamos viviendo es o no es fascismo ya habla del contexto político contemporáneo” (Wanschelbaum, 2025). Asimismo, propone una clasificación del debate que busca sistematizar la discusión teórica.
Un primer grupo de intelectuales no duda en llamar “fascismo” a lo que estamos viviendo y sostiene que, aunque el contexto histórico sea diferente, las características y dinámicas de las actuales fuerzas políticas comparten similitudes con el fascismo del siglo XX (A. Badiou, J. Butler, N. Chomsky y M. Lazzarato).
Un segundo grupo considera problemático o insuficiente el término “fascismo” para captar las complejidades del fenómeno político actual y propone categorías complementarias, como “postfascismo”, o mantiene nociones como “nuevas derechas” o “extrema derecha” (E. Traverso, S. Forti, C. Mudde, Y. Camus, C. Mouffe y W. Brown).
Un tercer grupo analiza las novedades de la derecha subrayando sus configuraciones históricas para identificar tanto las características persistentes del fascismo como sus transformaciones y adaptaciones a las circunstancias contemporáneas, priorizando la categoría de “neofascismo” (D. Harvey, D. Feierstein, A. Borón y R. Carbone). Nos situamos próximos a este último grupo interpretativo porque reconoce rasgos de continuidad con el “fascismo histórico”, pero asume el desafío de indagar también sus características particulares y las rupturas respecto de ese tipo de fascismo, evitando las “homologías” compulsivas.
Postular que toda la masa de votantes de “Firmes por la Patria” es fascista o neofascista sería incorrecto desde el punto de vista metodológico, social, político y cultural; tampoco implica que todos los votantes de derecha sean fascistas. Todo movimiento social real es heterogéneo y diverso, pues en su interior coexisten perspectivas de vida y de sociedad en disputa. También en los grupos progresistas y de izquierda germinan posiciones fascistas, como lo constata M. Foucault en su texto Una introducción a la vida no fascista, al aludir a los “burócratas de la revolución” y los “funcionarios de la Verdad”.
Sin embargo, desconocer que en el núcleo dirigente de ese movimiento existen perspectivas fascistas y neofascistas consolidadas sería una ingenuidad histórica y política. Ya existe una “internacional” de la extrema derecha (México, 2024), denominada Acción Conservadora, nombre que busca edulcorar el fascismo. Hasta que los fenómenos amenazantes e inquietantes no son nombrados, en cierto sentido no existen o no revelan plenamente el peligro que representan.
Empiezan a aparecer investigaciones periodísticas en La Silla Vacía y otros medios sobre el “círculo de poder” del candidato, las cuales muestran la proximidad de algunos de sus integrantes a propuestas autoritarias y fascistas. Su programa de gobierno amenaza, desde el primer día, con la utilización de “estados de excepción” para imponer decretos y proyectos de ley sin deliberación ni control por parte de los demás poderes públicos; su visión carcelaria de la seguridad pretende imponerse por la “razón o la fuerza”, y se alinea con el denominado “Escudo de las Américas” de Trump para expandir el militarismo en todo el continente.
Cabe recordar que entre las elecciones del 5 de marzo de 1933 en la Alemania nazi y la expedición de la Ley Habilitante, que suspendió las libertades democráticas, transcurrieron apenas dieciocho días. Su artículo primero afirmaba: “El gobierno del Reich puede hacer leyes sin pasar por el Reichstag”.
Asistimos, posiblemente, en Colombia de forma embrionaria a lo que algunos estudiosos califican como “fascismo democrático”, entre ellos C. Amlinger, O. Nachtwey y R. Griffin. Algunos de sus rasgos, siempre adaptados y resignificados a las particularidades nacionales son: (a) La reconfiguración de un “núcleo mítico” ligado al imaginario del renacimiento de nación en forma de ultranacionalismo populista, en ciertos casos como “nativismo”; una especie de “Patria milagro”; (b) Un comportamiento político marcado por la preocupación obsesiva por el declive, la humillación y la victimización de las poblaciones, que debe ser compensada mediante la unidad, la energía y la pureza, pero, sobre todo, mediante la violencia dirigida contra los adversarios políticos y las minorías étnicas, sexuales y culturales. Esa violencia transgresora reconcilia a sus artífices consigo mismos; permanecen constantemente obsesionados con la existencia de enemigos; (C) Invocan constantemente la verdadera democracia y la defensa firme de las instituciones, acusando a todos los otros de antidemocráticos, pero pueden usar en cualquier momento la fuerza y la violencia para ‒supuestamente‒ defender ese eslogan de la democracia; basta evocar al pensador reaccionario C. Schmitt, quien considera que la democracia no debe confundirse con el sufragio universal o el debate parlamentario, sino con la absoluta identidad entre gobernantes y gobernados; (d) Su objetivo neofascista no es la creación de un “Estado totalitario” sino la restauración de una sociedad jerárquica neoautoritaria, en la que las clases, razas y sexos ocupen el lugar que “deben tener”.
Cultivando su autonomía crítica, los movimientos sociales subrayan tres causalidades relevantes del ascenso del fascismo y las acciones que deben corregirse. La primera es que no se trata únicamente de la capacidad de movilización de la derecha, sino que también deben considerarse las limitaciones de la alternativa. La segunda es que los gobiernos alternativos han creado condiciones que favorecen el retorno de las fuerzas reaccionarias. La tercera es que la confrontación con el fascismo no se libra mediante discursos retóricos, sino transformando aquellas políticas públicas de los gobiernos progresistas que generan “frustración social”. Estas orientaciones deben ser tenidas en cuenta de manera permanente en la lucha antifascista.
La caracterización de “Firmes por la patria” en su núcleo central como extrema derecha o neofascismo tiene consecuencias para la táctica y la estrategia de la acción política en su conjunto. También es un fenómeno heterogéneo y en desarrollo, pero tampoco es simplemente una variante estridente de la “derecha convencional”. No es lo mismo confrontar la extrema derecha que el neofascismo, como también es relevante valorar su arraigo social de masas o su condición coyuntural electoral.
La respuesta y la lucha antifascista
Más allá de la coyuntura electoral colombiana, el reconocimiento del avance del neofascismo en el sentido común de las sociedades contemporáneas implica no subestimar la amenaza. La respuesta en nuestro continente, desplegada por diversos movimientos sociales, ha consistido en prepararse para comprender y combatir sus nuevas expresiones; una región que cuenta con largas y profundas experiencias de lucha contra el imperialismo y el fascismo.
La Conferencia Internacional Antifascista (abril de 2026), reunida en Porto Alegre, ha develado conclusiones que conviene tener en cuenta: (a) el auge de la extrema derecha no puede explicarse únicamente por su capacidad de movilización, sino también por las limitaciones y decisiones de los gobiernos que se presentan como su alternativa; (b) el ascenso de la ultraderecha no solo obedece a un cambio ideológico, sino también a la frustración que emerge cuando gobiernos elegidos con apoyo popular comienzan a gobernar en contra de las clases trabajadoras y populares; gobiernos que surgieron como alternativa terminaron abriendo espacios para el retorno agresivo de fuerzas reaccionarias; y (c) el avance de la extrema derecha no se frenará con retórica, sino mediante una ruptura nítida con aquellas políticas que generan frustración social.
Cultivando su autonomía crítica, los movimientos sociales subrayan tres causalidades relevantes del ascenso del fascismo y las acciones que deben corregirse. La primera es que no se trata únicamente de la capacidad de movilización de la derecha, sino que también deben considerarse las limitaciones de la alternativa. La segunda es que los gobiernos alternativos han creado condiciones que favorecen el retorno de las fuerzas reaccionarias. La tercera es que la confrontación con el fascismo no se libra mediante discursos retóricos, sino transformando aquellas políticas públicas de los gobiernos progresistas que generan “frustración social”. Estas orientaciones deben ser tenidas en cuenta de manera permanente en la lucha antifascista.
La confrontación antifascista siempre estará mediada por las dimensión moral, educativa y cultural de las formas de vida cotidiana y no puede limitarse a los ámbitos estatal y gubernamental. Recuperar las categorías gramscianas de “batalla cultural” y “lógicas de construcción de hegemonía”, forjadas al calor de las luchas de los oprimidos contra el fascismo italiano, seguirá siendo fundamental. Se trata de reconocer las huellas ínfimas del fascismo, ya instaladas o en proceso de instalarse en los cuerpos, para poder construir un “arte de vivir contrario a todas las formas del fascismo” (M. Foucault).
Los desafíos actuales son inmensos porque enfrentamos el momento político con incertidumbres y falencias. No podemos enumerarlos todos, pero existen algunos que consideramos relevantes. Tendremos que seguir explorando colectivamente estos retos.
El primero consiste en concentrar esfuerzos en el estudio del fascismo histórico a escala internacional, latinoamericana y nacional, con el propósito de develar las estrategias y dispositivos de los fascismos contemporáneos. Todo ello, siempre en clave de las posibles luchas y resistencias de las organizaciones y los pueblos de América Latina y el Caribe. La situación actual de las fuerzas sociales populares para la confrontación y la resistencia frente a una fase reaccionaria es desigual e incierta en nuestro continente. Ningún movimiento social puede confrontar aquello que no comprende ni ha logrado caracterizar; pero tampoco, como afirmamos desde nuestra tradición revolucionaria, puede hacerlo sin valorar si existe un estado organizativo y de ánimo capaz de sostener luchas inmediatas y de largo plazo. Las luchas contrahegemónicas antifascistas comienzan a instaurarse como una tarea estratégica. La gran interrogante en nuestro país es cuál es la situación de los movimientos sociales después del período del gobierno progresista.
El segundo es aprender de las luchas de los militantes antifascistas latinoamericanos, como lo han sistematizado M. Bray y A. Toscano en Europa y Estados Unidos, en sus textos Manual Antifascista y Fascismo tardío. De las diversas lecciones que sistematizan estos pensadores, dos son asombrosas por su contundencia. La primera, los militantes antifascistas no están de acuerdo con pedirle al Estado que prohíba las formas “extremas” de política porque esas legislaciones terminan en general afectando a las izquierdas y no a la derecha; defienden categóricamente un antifascismo autonomista y de acción directa (Bray). La segunda, aquellos que no están dispuestos a hablar de anticapitalismo deberían también callarse sobre el antifascismo (Toscano).
El tercero es que la confrontación antifascista siempre estará mediada por la dimensión moral, educativa y cultural de las formas de vida cotidiana y no puede limitarse a los ámbitos estatal y gubernamental. Recuperar las categorías gramscianas de “batalla cultural” y “lógicas de construcción de hegemonía”, forjadas al calor de las luchas de los oprimidos contra el fascismo italiano, seguirá siendo fundamental. Se trata de reconocer las huellas ínfimas del fascismo, ya instaladas o en proceso de instalarse en los cuerpos, para poder construir un “arte de vivir contrario a todas las formas del fascismo” (M. Foucault). A sesenta años de la publicación de Dialéctica negativa (1966), debe resonar con fuerza la sentencia de T. Adorno: “Hitler ha impuesto a los hombres un nuevo imperativo categórico para su actual estado de esclavitud: el de orientar su pensamiento y acción de modo que Auschwitz no se repita, que no vuelva a ocurrir nada semejante” (Adorno, 1975, p. 365).
Cuarto, contribuir a consolidar una Internacional Antifascista de Nuestra América, articulada con otros esfuerzos planetarios, que oriente su acción política a la confrontación del capitalismo, el imperialismo y el neofascismo. Estos constituyen los rostros contemporáneos de la dominación, la expoliación y la explotación de los pueblos del mundo. Como lo plantea la Conferencia Antifascista de Porto Alegre, solo priorizando la lucha en las calles podrá garantizarse la soberanía real de los pueblos; nunca como hoy la lucha contra el imperialismo y el fascismo ha sido tan actual y necesaria.
Referencias bibliográficas
Adorno, T. (1984). Dialéctica Negativa. Madrid: Taurus.
Amlinger, C., y Nachwey, O. (2026). Asistimos al ascenso del fascismo democrático. Revista Jacobin.
Bray, M. (2023). Manual Antifascista. México: Capitán Swing.
Escobar, A. (2026, 6 de junio). Elecciones en Colombia: “Hijo de tigre sale pintado”. Revista Raya. https://revistaraya.com/elecciones-en-colombia-hijo-de-tigre-sale-pintado.html
Gramsci, A. (1979). Sobre el fascismo. México: Era.
Jiménez Martín, C. (2026, 4 de junio). Los autoritarismos americanos cierran filas con la derecha colombiana. Revista Raya. https://revistaraya.com/carolina-jimenez/1666-los-autoritarismos-americanos-cierran-filas-con-la-derecha-colombiana.html
Libreros, G. (2026, 1 de julio). Del espectáculo electoral a la guerra cultural. Rebelión. https://rebelion.org/del-espectaculo-electoral-a-la-guerra-cultural/
Ospina, L. (2026, 29 de mayo). El pequeño Abelardo te está mirando (o cómo la empresa electoral de La Espriella ‘hackea’ tu cerebro). La Silla Vacía. https://www.lasillavacia.com/opinion/el-pequeno-abelardo-te-esta-mirando-o-como-la-empresa-electoral-de-de-la-espriella-hackea-tu-cerebro/
Rincón, O. (2026, 2 de junio). El triunfo del yopitalismo. Revista Anfibia. https://www.revistaanfibia.com/el-triunfo-del-yopitalismo/
Toscano, A. (2025). Fascismo Tardío.Madrid: Akal.
Wanschelbaum, C. (2025). El proyecto político-pedagógico del neofascismo. Calas.