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La insoportable levedad del «tecnofeudalismo». Una etiqueta errática que se desvanece en el aire

José Francisco Puello-Socarrás

Escuela Superior de Administración Pública

 
Un paso no dieron sin embargo que es necesario dar si no se 
quiere ser copartícipe de la negación más profunda y grave
 para las ciencias de la materia, de la vida y de la 
humanidad. Y para la humanidad. El paso que no se dio y 
que se necesita con la mayor seriedad consiste en incluir la 
categoría de capitalismo como un riguroso concepto 
científico, no sólo asociado a la ley del valor, sino a la ley de 
la producción y reproducción de la vida…

Pablo González Casanova, Los peligros del mundo y las ciencias prohibidas 

Recientemente, la palabra “tecno-feudalismo” se ha hecho popular entrando paulatinamente en el léxico de las discusiones académicas y políticas que concitan relativa gran actualidad. Se trata de una etiqueta propagada por varios análisis incluidos aquellos que se autoproclaman críticos y que recorren llamativamente el espectro del llamado progresismo ‒el cual en rigor no debería fundirse ni confundirse con las perspectivas de izquierda‒. 

Estas incursiones vienen intentando, por un lado, caracterizar el actual estado de la economía global insistiendo en los efectos de una errática “Cuarta Revolución” capitalista al poner un énfasis en los “avances” de las tecnologías de la información, en general, y de la mal llamada “Inteligencia Artificial”, en particular. Con la expresión “tecno-feudal” también se ha pretendido, por otro lado, anticipar el devenir de la economía política hoy vigente previniendo una suerte de transición final y definitiva hacia un modo de (re)producción social supuestamente inédito y más allá del capitalismo. Este trance se propone “inminente” y consistiría en una especie de regresión prospectiva hacia un feudalismo de nuevo tipo que viene adosado con el prefijo tecno como una manera de reforzar la idea de las novedades de esta sibilina emergencia1.

Este ensayo apunta a desentrañar críticamente las particularidades de la expresión “tecnofeudal”, tanto en su pretendido carácter de categoría analítica como en su elevación a una supuesta “teoría” que ‒según su propio creador y sus sigilosos seguidores‒ sería útil no solo para describir con verosimilitud el actual momento económico-político del capitalismo mundial, sino también como una construcción sólida que permitiría “pronosticar” (¿“predecir”?) los rasgos y el tránsito hacia una nueva sociedad poscapitalista en el futuro próximo.

Aunque varios analistas ya han venido sometiendo a diferentes pruebas críticas los prominentes vacíos que hacen parte de la narrativa tecnofeudal (v. gr. John Bellamy Foster, Michael Roberts), se hace preciso retomar varios ejes de discusión al respecto y que aún deben ser abordados con mayor detalle.

En vista que el asunto requiere de la parsimonia analítica, este artículo se divide en tres apartados.

Una primera parte: «¿Por qué (y qué sería el) Tecno-feudalismo?», sintetiza el surgimiento de esta categoría y algunos de sus principales rasgos y referencias.

Recientemente, la palabra “tecno-feudalismo” se ha hecho popular entrando paulatinamente en el léxico de las discusiones académicas y políticas que concitan relativa gran actualidad. Se trata de una etiqueta propagada por varios análisis incluidos aquellos que se autoproclaman críticos y que recorren llamativamente el espectro del llamado progresismo ‒el cual en rigor no debería fundirse ni confundirse con las perspectivas de izquierda‒. 

https://www.comciencia.br/wp-content/uploads/2025/02/tecnofeudalismo.jpg

La segunda parte: «Por qué no “Tecno-feudalismo”. Tesis sobre su insoportable levedad» se dirige a develar la insostenible levedad de esta pretendida categoría, especialmente al nivel teórico. El registro sistemático de las debilidades de esta etiqueta afecta necesariamente su robustez analítica, tanto para elaborar diagnósticos como para proyectar prognosis, máxime en un asunto tan crucial como decisivo: el (supuesto) final del capitalismo y la consecuente “disolución” de sus dinámicas. Este segundo apartado, discutirá, entonces la calidad categorial del “tecnofeudalismo” en el sentido conceptual y cómo al omitir las reglas epistemológicas mínimas la “hipótesis” tecnofeudal recae en una expresión eventualmente sonora, pero al final de cuentas baladí, que trivializa a limine las realidades actuales, irrespetando además la necesaria articulación social histórica que se exige a cualquier idea conceptual. Ello explicaría por qué pensar en un “regreso prospectivo” desde el capitalismo hacia el feudalismo resulta no solo una imaginación sigilosamente licenciosa, sino también una apuesta inconsistente teóricamente, incoherente sociohistóricamente e incongruente lógicamente.

Dado lo inarticulado de la etiqueta “tecnofeudal” es preciso también revelar que sus implicaciones no son únicamente abstractas en el conocimiento de las realidades actuales. En lo fundamental, esta particular etiqueta mantendría también implicaciones políticas para el reconocimiento y en el mismo desarrollo y status de la lucha de clases hoy vigente. El último apartado, por lo tanto, se centra en las desviaciones políticas que inspira el tecnofeudalismo y la necesidad de recobrar en este tipo de análisis el valor crítico de la crítica a la economía política. Pues si por algo se caracteriza la “tesis” / “hipótesis” / “teoría” tecnofeudal es por la total ausencia de un tratamiento verdaderamente serio de la categoría de capitalismo “como un riguroso concepto científico” ‒haciendo eco de lo planteado por Pablo González Casanova‒.

I. ¿Por qué Tecno-feudalismo?

Dos figuras relativamente conocidas que transitan los escenarios políticos e intelectuales de la opinión pública europea son los responsables de propagar la etiqueta tecnofeudal.

El primero es Yanis Varoufakis, economista greco-australiano y la figura central del partido Frente Europeo de Desobediencia Realista (ΜέΡΑ25 por sus siglas en griego). Como ministro de Finanzas griego durante el gobierno de Syriza en el año 2015 fue uno de los actores con mayor protagonismo en medio de la profundización de las crisis de la zona euro y las crisis de las deudas soberanas, especialmente en Portugal, Italia, Irlanda, Grecia y España (conocida bajo el acrónimo despectivo de PIIGS en inglés). En ese escenario, Varoufakis lideró las denuncias respecto a las orientaciones económicas provenientes de la Troika (la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional) y la imposición de los programas neoliberales de austeridad, especialmente sobre Grecia.

En el año 2024, Varoufakis publicaría: Tecno-feudalismo. El Sigiloso sucesor del capitalismo, una obra que él considera “(…) encaja perfectamente en la tradición político-económica marxista”, señalando de paso: “Lo escribí como parte de la erudición marxista” (ver Varoufakis, 2024b).

Con la expresión “tecno-feudal” se ha pretendido anticipar el devenir de la economía política hoy vigente previniendo una suerte de transición final y definitiva hacia un modo de (re)producción social supuestamente inédito y más allá del capitalismo. Este trance se propone “inminente” y consistiría en una especie de regresión prospectiva hacia un feudalismo de nuevo tipo que viene adosado con el prefijo tecno como una manera de reforzar la idea de las novedades de esta sibilina emergencia.

En Tecno-feudalismo, Varoufakis asegura que, durante el periodo comprendido entre el shock global de 2008 y la pandemia mundial de la tercera década de este siglo, por un lado, “(…) las dinámicas tradicionales del capitalismo ya no gobiernan la economía” y, por lo tanto, “lo que ha matado a este sistema es el propio capital y los cambios tecnológicos acelerados de las últimas dos décadas”; y, por otro lado, que los “dos pilares en los que se asentaba el capitalismo han sido reemplazados: los mercados, por plataformas digitales que son auténticos feudos de las big tech; el beneficio, por la pura extracción de rentas”. Así, según la autodeclarada “teoría” propuesta por Varoufakis, entonces:

(…) el capitalismo está muerto, en el sentido de que sus dinámicas ya no rigen nuestras economías. Ese papel lo desempeña ahora algo fundamentalmente diferente, que yo llamo «tecnofeudalismo»… lo que ha matado al capitalismo es… el propio capital. No el capital tal como lo entendemos desde el inicio de la era industrial, sino una nueva forma de capital, una mutación surgida en las dos últimas décadas, mucho más poderosa que su predecesora y que, como un virus estúpido e hiperactivo, ha acabado con su huésped. ¿Cuáles han sido las causas? Dos hechos primordiales: 1) la privatización de internet llevada a cabo por las grandes tecnológicas estadounidenses y chinas; y 2) la manera en que los gobiernos occidentales y los bancos centrales respondieron a la gran crisis financiera de 2008. (Varoufakis, 2024a, p. 7).

https://perspectivasocialistaperu.com/critica-al-tecnofeudalismo-de-yanis-varoufakis/

El segundo promotor de la idea tecnofeudal es el economista francés Cédric Durand, quien se desempeña como profesor en la Escuela de Estudios Superiores en Ciencias Sociales y además es investigador de la Paris Nord. 

En 2020, Durand publicaría Tecnofeudalismo. Crítica de la economía digital, en el cual sostenía que estamos presenciando no solo cambios, sino verdaderas transformaciones “cualitativas” en el capitalismo actual, que se condensan en una “feudalización”. En lo sustancial, estas tendencias hacia la feudalización en el capitalismo se explicarían por la agresiva y la profunda monopolización del conocimiento por parte de las Big tech. Es decir, el acaparamiento y la concentración de los datos, los algoritmos, la información y los servicios digitales en general a través de la depredación conducen a la existencia, por un lado de una suerte de Señores tecnofeudales y, por el otro, de una Gleba digital (ver Durand, 2025), lo cual habilitaría en ese “paralelismo” hablar de una época tecnofeudal.

Así, la “hipótesis” tecnofeudal á la Durand se justificaría por “la pertinencia de la noción de feudalismo para dar cuenta de ciertas [sic] tendencias económicas actuales” ya que, según este autor, “los espectros del feudalismo son incontables” habilitando sin orden ni concierto que esas analogías caractericen un trance feudal de nuevo cuño. 

Sin embargo, para Durand la cuestión central de esta configuración asumida como “inédita” estaría en que 

La economía política de lo digital, en mi opinión, depende principalmente de la problemática de la renta… el auge de los intangibles atropella esa lógica clásica (…) Ese apego rompe la dinámica competitiva y ofrece a quienes controlan los intangibles una capacidad sin igual de apropiarse el valor sin comprometerse verdaderamente en la producción. Lo que entonces prevalece es una relación de captura. En esta configuración, la inversión no está ya orientada hacia el desarrollo de las fuerzas de producción sino de las fuerzas de depredación. [énfasis pertenece al texto original] (Durand, 2021, pp. 120–121)

A pesar de que la elaboración de Durand, en principio, resulta menos inconsistente que la versión de Varoufakis, en adelante, la reflexión girará con algún grado de centralidad alrededor del tecnofeudalismo de Varoufakis, porque si bien esta postura resulta la más problemática, al mismo tiempo parece ser la más difundida gracias al impacto propagandístico en los debates sobre el “Tecnofeudalismo”.

En “la extraña hipótesis” ‒como el mismo Varoufakis lo relata en el prefacio de su obra‒ según la cual “el capitalismo [está] desapareciendo (y no experimentando una de sus muchas e impresionantes metamorfosis)” habría que empezar notando una situación que por anecdótica que parezca remite justamente a la seriedad y el rigor con la cual el tecnofeudalismo ‒pretendidamente una categoría “teórica” con todo lo que ello implica‒ estaría sorprendentemente “sustentada”.

Varoufakis lo expone directa y explícitamente en el apartado final de Tecnofeudalismo, subtitulado: “Influencias, lecturas y agradecimientos” ‒una sección que muchas veces se asume por parte de los lectores como notas al margen y de contenido marginal frente a las argumentaciones más sustanciales dentro del cuerpo textual de las obras y por lo tanto tienden a omitirse‒, pero en donde se plantea sin cortapisas:

 

(…) A los lectores que me conocen un poco no les sorprenderá la referencia que voy a hacer a Star Trek. Lo crean o no, el término capital en la nube proviene del vigésimo primer episodio de la tercera temporada de la serie original, titulado «Los guardianes de la nube» y emitido originalmente el 28 de febrero de 1969. Escrito por Margaret Armen (a partir de una historia de David Gerrold y Oliver Crawford), el episodio tiene lugar en Ardana, un planeta en el que una clase dirigente vive lujosamente en Stratos ‒una ciudad que flota inmóvil sobre las nubes del planeta‒. Mientras, todo el trabajo se realiza en la superficie del planeta y en túneles subterráneos. Lo realizan los troglytes, cuyas mentes están siempre intoxicadas por un dañino gas que los aplaca y aturde. No me pude resistir a la tentación de dar el salto de los guardianes de la nube de Star Trek al capital en la nube del tecnofeudalismo. (Varoufakis, 2024a, pp. 280-281)

Esta es una declaración clave y que no debe pasar desapercibida para argumentar Por qué no “Tecno-feudalismo” y explicitar las Tesis sobre su insoportable levedad.  

[continua en la segunda entrega, Parte II]

 

Referencias bibliográficas

  • Durand, C. (2021). Tecnofeudalismo. Crítica de la economía digital. Kaxilda.
  • Durand, C. (2025, febrero 3). Desborde reaccionario del capitalismo: La hipótesis tecnofeudal [Nueva Sociedad]. https://www.nuso.org/articulo/315-desborde-reaccionario-del-capitalismo-la-hipotesis-tecnofeudal/
  • Varoufakis, Y. (2024a). Tecno-feudalismo. El Sigiloso sucesor del capitalismo. Deusto.
  • Varoufakis, Y. (2024b, julio 14). El auge del tecnofeudalismo [Entrevista]. https://jacobinlat.com/2024/07/el-auge-del-tecnofeudalismo/
1   Otras categorías análogas relativamente convergentes, aunque de distinto vigor analítico y rigor teórico han surgido a partir de la autodeclarada “«teoría»” tecnofeudal ‒un propósito que necesariamente habría que reflejar con comillas doblemente‒ para aludir una transición desde el capitalismo neoliberal hacia un neofeudalismo como es el caso de Michael Hudson o Robert Leeson, entre otros.
 

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