Carolina Jiménez Martín
Politóloga
Doctora en Estudios Latinoamericanos
Los resultados electorales del último lustro alertan sobre el crecimiento de fuerzas políticas reaccionarias alrededor del mundo. En Italia, Finlandia, Nueva Zelanda, Suecia, Portugal, República Checa, Croacia, Bélgica y Grecia, coaliciones de extrema derecha constituyen mayorías parlamentarias. En los Estados Unidos, Donald Trump regresó a un segundo mandato en 2025 y, en Latinoamérica, las propuestas neopatriotistas han logrado el control del poder ejecutivo en El Salvador, Argentina, Chile, Costa Rica, Honduras, Panamá, Bolivia y Ecuador.
En medio de las diferencias a las que responden, propias de las formaciones sociogeohistóricas en las que emergen, estas fuerzas comparten algunos idearios comunes, entre los que se destacan:
Esta suerte de red transnacional reaccionaria, nucleada en torno a las ideas de la extrema derecha, alerta sobre los riesgos que enfrenta la vida democrática. La gramática política de estos gobiernos polariza a la sociedad y siembra confusión en amplias capas sociales; se presentan como antisistema, distantes de la clase política tradicional y como los auténticos defensores de la democracia; además, generan un sentimiento social en el que la alteridad se define desde la lógica amigo-enemigo, azuzando una especie de guerra cultural2.
Su estrategia político-electoral se sustenta en las nuevas tecnologías de la posverdad. Su presencia digital es apabullante e invierten ingentes recursos económicos para que el algoritmo cumpla su función disciplinadora. A través de la política de las emociones, moldean el miedo, prometen orden y seguridad y, haciendo uso de la narrativa aspiracional, venden la idea del ascenso social.
Ahora bien, una rápida mirada al balance de la práctica gubernamental de algunos de estos países desmiente el compromiso efectivo de estos gobiernos con el crecimiento económico, la seguridad, el orden, la lucha contra la corrupción y el nacionalismo económico. En el caso específico del gobierno de Trump, vale la pena destacar su mediocre crecimiento económico ‒que no supera el 1,6 % anual‒, explicado, entre otras razones, por el impacto negativo del incremento de los aranceles y el aumento de la deuda pública; el encarecimiento del costo de vida de la población, acompañado de una de las tasas de inflación más altas de los últimos años3; una fracasada guerra contra Irán; y una política migratoria violatoria de los derechos humanos, que ya ha cobrado la vida de varias personas. Una de las imágenes más dramáticas se conoció hace algunas semanas, cuando salió a la luz el video en el que el joven colombiano Bryan Rayo Garzón, quien permanecía bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) desde el 25 de marzo de 2025, atentó contra su vida y posteriormente falleció.
Los resultados electorales del último lustro alertan sobre el crecimiento de fuerzas políticas reaccionarias alrededor del mundo. En Italia, Finlandia, Nueva Zelanda, Suecia, Portugal, República Checa, Croacia, Bélgica y Grecia, coaliciones de extrema derecha constituyen mayorías parlamentarias. En los Estados Unidos, Donald Trump regresó a un segundo mandato en 2025 y, en Latinoamérica, las propuestas neopatriotistas han logrado el control del poder ejecutivo en El Salvador, Argentina, Chile, Costa Rica, Honduras, Panamá, Bolivia y Ecuador.
En el caso de El Salvador, diferentes organizaciones han denunciado la violación sistemática de los derechos humanos. El presidente Bukele, figura admirada por el candidato De la Espriella, en articulación con el poder legislativo, adoptó un régimen de excepción constitucional que le ha permitido restringir libertades ciudadanas, configurando una suerte de autocracia electoral encarnada en la figura de un presidente supremo.
En Argentina, el escenario es particularmente dramático. Al respecto, tras 28 meses de ajuste económico, los economistas Gambina y Castiglioni señalan que los grandes beneficiarios han sido los grandes capitales vinculados al agronegocio y a los sectores energético y financiero; como correlato, los perdedores han sido las amplias capas populares, debido a “las dificultades para sostener la tendencia a la baja de la inflación, la profundización de una recesión que alimenta el cierre de empresas y el desempleo, junto a la caída del consumo popular”4. Aunado a lo anterior, se destacan los casos de corrupción denunciados que involucran a Manuel Adorni (jefe del gabinete) y a Karina Milei (hermana del presidente), el desacato a la ley de financiamiento de las universidades y el incremento de los casos de feminicidio.
En el caso finlandés, país con una larga tradición de políticas socialdemócratas, el gobierno liderado por Petteri Orpo ha significado la implementación de un ajuste fiscal, una reforma laboral orientada a reducir los costos asociados al despido de trabajadores, el incremento de gravámenes sobre la canasta básica y un férreo control migratorio; acciones que contrastan con las políticas impulsadas por su antecesora, Sanna Marin.
Este bloque de autoritarismos no logra dar una respuesta efectiva a las necesidades de la gente del común. Por el contrario, el panorama es muy sombrío: propone salidas reaccionarias que ponen en cuestión las garantías democráticas conquistadas tras siglos de luchas de las clases trabajadoras en el mundo. De este modo, cierra el régimen político tanto al cumplimiento de derechos ya conquistados como a la incorporación de nuevos derechos. La paradoja social radica en que, bajo estos gobiernos, las luchas sociales quedan atrapadas en problemas que en otros tiempos parecían ya resueltos.
Esta internacional reaccionaria ha sido denunciada incluso desde el corazón mismo del poder mundial. En el reciente Foro de Davos, el primer ministro canadiense señalaba: “El mundo está en medio de una ruptura, no de una transición (…) la ruptura del orden mundial, el fin de la grata ficción y el amanecer de una realidad brutal en la que la geopolítica de las grandes potencias no tiene freno (…) el orden basado en normas se está desvaneciendo. Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles sufren lo que deben”.
En el caso específico de América Latina, este bloque de neopatriotistas5 ha mostrado con claridad su realineamiento con un hegemón en declive. Estados Unidos pretende paliar su crisis y pérdida de liderazgo mundial recuperando espacios de influencia en la región. De ahí su estrategia de consolidar una gran coalición militar en el continente, la cual fue socializada en la Cumbre del Escudo de las Américas, realizada en Miami. A ello se suma la intervención en asuntos electorales mediante promesas formuladas en caso de resultar elegido el candidato de su preferencia. El presidente Trump se ufana de haber contribuido a los logros electorales en Chile del recién posesionado José Antonio Kast y al fortalecimiento en el Congreso argentino de las fuerzas apoyadas por Milei en octubre de 2025.
Sin embargo, lo sorprendente es la forma subordinada en que se acoge este apoyo. En el caso argentino, el respaldo recibido en las pasadas elecciones legislativas ya ha comenzado a pasar factura. Precisamente, durante la primera semana de junio se desarrolló la denominada “Trump Mission”6, que hace referencia a la visita de Luke Lindberg, subsecretario de Agricultura para Comercio y Asuntos Exteriores de Estados Unidos, quien negoció asuntos relacionados con la ley de patentes, la desregulación del ingreso de mercancías provenientes del país del norte y nuevas oportunidades de exportación para los agricultores estadounidenses.
Esta forma de intervención electoral ya ha cobrado vigencia en las elecciones colombianas. La candidatura de Abelardo de la Espriella ha recibido el respaldo público del presidente Donald Trump (Estados Unidos) y del secretario de Estado, Marco Rubio.
En el caso específico de América Latina, este bloque de neopatriotistas ha mostrado con claridad su realineamiento con un hegemón en declive. Estados Unidos pretende paliar su crisis y pérdida de liderazgo mundial recuperando espacios de influencia en la región. De ahí su estrategia de consolidar una gran coalición militar en el continente, la cual fue socializada en la Cumbre del Escudo de las Américas, realizada en Miami. A ello se suma la intervención en asuntos electorales mediante promesas formuladas en caso de resultar elegido el candidato de su preferencia.
Mensajes que fueron respondidos en los siguientes términos:
De esta manera, Colombia aspira a ingresar a la internacional reaccionaria, con los costos económicos, sociales, políticos y humanitarios ya expresados de manera dramática en Argentina y El Salvador, y que comienzan a evidenciarse en Chile.
Lo anterior ofrece más certezas que incertidumbres sobre lo que representaría el ingreso de Colombia a esta red gubernamental transnacional reaccionaria; de ahí el valor de estas elecciones, no solo en el plano doméstico, sino también en el internacional. Para Nuestra América, se trata de una contención progresista frente a la amenaza de extinción de la vida democrática.
1 Forti, S. (2025). Extrema derecha 2.0: Cómo combatir la normalización global de las ideas ultraderechistas. Siglo XXI Editores. p. 94.
2 En eslogan de la campaña de Abelardo de la Espriella “El milagro de los nunca. Esto somos nosotros: los que nunca hemos robado un peso de plata pública, los que nunca hemos hecho politiquería, los que nunca hemos traicionado al pueblo, los que nunca dejaremos de estar firmes por la patria”.
3 The Economist presenta un breve análisis de lo que han sido los primeros 500 días de la administración de Trump. Véase: https://www.economist.com/interactive/trump-approval-tracker/economy
4 Gambina, J. C., y Castiglioni, L. (s. f.). 28 meses de ajuste y reaccionaria reestructuración [Publicación de Instagram]. Instagram. https://www.instagram.com/p/DXbwKm0EWnA/
5 “El ascenso de las derechas neopatriotas en América Latina no es solo una reacción contestataria al anterior ciclo de gobiernos progresistas enmarcada en el tradicional clivaje izquierda-derecha. En esas nuevas derechas se expresa también el nuevo clivaje normativo entre nacionalismo y cosmopolitismo presente en otras latitudes y, en particular, entre una posición favorable o contraria frente a la globalización y el orden liberal internacional (…) Las nuevas derechas neopatriotas se caracterizan por mostrar un perfil ultranacionalista y soberanista, así como una fuerte retórica antiglobalista. Y más que a los sectores medios y altos, que se sienten más cómodos con la apertura económica y cultural, logran movilizar a quienes se sienten amenazados por la globalización, sea por razones socioeconómicas o por sus implicaciones socioculturales –rechazo a las sociedades abiertas y a la diversidad cultural, étnica o de orientación sexual–, especialmente a clases medias y medias bajas. Recurre a un discurso nacionalista y populista y, en algunos casos, se asocia a actores religiosos que reivindican valores
tradicionales y un discurso de «ley y orden» relacionado con la remilitarización de la política (Verdes-Montenegro, 2019). (…) En el ámbito económico, estas derechas tienen una relación ambivalente con el mercado global, como en el caso de Brasil, en el que mantienen el enfoque neoliberal arraigado en las derechas latinoamericanas (Cannon, 2016) coexistiendo con el rechazo, en clave nacionalista, a las instituciones regionales o globales de las que dependen los mercados abiertos”.
6 https://www.fas.usda.gov/newsroom/usda-launches-trump-mission-argentina-and-ecuador-expand-market-access-american-farmers
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