Harold García-Pacanchique
Doctorado Interinstitucional en Educación
Universidad Distrital Francisco José de Caldas
Profesor universitario
Tal como el Partido Comunista hizo con nosotros; estamos en la obligación de proceder al impulsar el desarrollo de nuevos cuadros políticos – militares. Hemos recibido muchos jóvenes que llegan atraídos por su espíritu audaz de experimentación. El trabajo es duro y las condiciones de la lucha no son mejores. Se requiere enseñarles con alguna dosis de paciencia el camino que hemos recorrido. Es preciso hacer de ellos combatientes efectivos primero y que con su esfuerzo conquisten los escalones superiores en el dominio de la conducción. El guerrillero no llega al grupo armado siéndolo, hay que hacerlo guerrillero por lo demás este no es un trabajo complejo. Es de una peligrosa sencillez y, por eso mismo, los hombres deben ser templados debidamente y entregados a la actividad con pleno dominio de su audacia e iniciativa, con conciencia de la responsabilidad de acción de uno para todos y todos para uno.
Ciro Trujillo, en Ciro, Páginas de su vida.
Introducción
El presente artículo da cuenta de los resultados y análisis que se obtuvieron del primer capítulo de la investigación titulada “De ollita a ollita: el Proyecto Insurgente Educativo de las FARC-EP en el Bloque Magdalena Medio (1993-2007)”. A partir de esta es que se proyecta una caracterización de los primeros escenarios educativos y allí se encuentran las responsabilidades iniciales que asume el Partido Comunista de Colombia frente a las labores educativas de las autodefensas campesinas y, luego, de la organización guerrillera.
A continuación, en un primer momento el lector se va a encontrar con un contexto que permite dilucidar la influencia del Partido Comunista de Colombia en el proyecto educativo fariano, en el cual se muestra de manera somera cuáles fueron las principales características políticas del momento que llevaron al Partido a desarrollar una resistencia campesina de tipo armado y cómo la educación pasó a jugar un papel preponderante al interior de la organización guerrillera.
A su vez, se mostrarán algunos elementos que permiten ver cuáles fueron las características de este proceso educativo, resaltando las experiencias guerrilleras durante esta etapa inicial de las FARC, en la cual el Partido Comunista fue determinante, vinculándolas a los análisis pedagógicos desde una mirada marxista. A partir de ello, se logra formular algunas conclusiones como resultado de este primer acercamiento al problema de la educación insurgente, como categoría que emerge de las entrañas del conflicto político, social y armado en Colombia.
El Partido Comunista de Colombia: orígenes e influencia educativa en las nacientes FARC
El Partido Comunista de Colombia es una organización política fundada a mediados de 1930, la cual emergió de las primeras colectividades revolucionarias del país, como los llamados Grupos Comunistas de 1923, y del acumulado organizativo del Partido Socialista Revolucionario (PSR), la organización política de izquierda de mayor relevancia durante la década de los veinte del siglo pasado.
Su fundación, mediada por un contexto álgido de luchas obreras a nivel mundial, regional y nacional, se enmarca en la transición de diversas organizaciones revolucionarias del continente que, convencidas del prometedor futuro socialista que ejemplificaba la naciente Unión Soviética, se organizaban alrededor de la III Internacional Comunista y se afiliaban a sus disposiciones, fundando así expresiones organizativas que respondieran a las estructuras emergentes de los partidos de carácter marxista-leninista, y que, para el caso nacional, promoviera por primera vez un programa partidario de carácter obrero en Colombia.
En la declaración programática se señalaba que el Partido lucharía por una revolución cuyas fuerzas motrices serían el proletariado en primer lugar, el campesinado y otros sectores de la pequeña burguesía urbana y rural. El contenido central de la revolución sería la resolución de la cuestión agraria por medio de la eliminación de los vestigios feudales, el reparto de la tierra a quienes la trabajan directamente, a través de la expropiación sin indemnización a los terratenientes1 .
Esta tradición es la que forja al PCC, convirtiéndolo en una organización de combate2 a lo largo de su trayectoria y, así, en una alternativa política al ya conocido bipartidismo liberal-conservador.
El 13 de junio de 1953, se declara el golpe cívico-militar que sectores liberales y conservadores le impusieron al presidente conservador Laureano Gómez (1950-1953); esta acción golpista buscó la superación de la guerra civil, con el objetivo de desarmar y promover la desmovilización de las estructuras guerrilleras liberales organizadas en el territorio nacional, en especial, las que pululaban por los Llanos Orientales.
El proceso contó con las primeras resistencias a los acuerdos de los partidos políticos tradicionales, quienes influyeron en las decisiones de los llamados liberales limpios (fieles a las orientaciones del Partido Liberal) y encontraron oposición en los liberales comunes (quienes ya eran influidos por sectores del Partido Comunista). Estas divisiones al interior del movimiento armado colombiano tuvieron origen en la llamada región de El Davis, lugar que, al decir de Manuel Marulanda, era un inmenso refugio humano, en el cual convivían alrededor de 2.000 habitantes y en su seno se encontraban los ya nombrados limpios y comunes:
Se puede afirmar que las FARC entendieron la educación como una herramienta que contribuía, fortalecía y elevaba el nivel político de sus militantes, puesto que al aumentar su número las posibilidades que tenía la organización de sumar en su trabajo de masas mostraban mayor eficacia. Así, la organización interpretó el factor educativo como elemento nuclear de la lucha guerrillera, puesto que este permitía a los combatientes asumir un criterio propio heredado de la identidad insurgente junto a sus principios ideológicos y, con ello, a su vez, robustecer la moral de quienes hacían parte del ejército revolucionario.
Las acciones conjuntas dieron lugar a una diferencia profunda: las armas ganadas en los combates –alegaban los comunistas– no eran propiedad privada de los comandantes sino propiedad colectiva del movimiento. En realidad, la organización de los limpios era una especie de gamonalismo armado contra los conservadores y la policía chulavita. Los comunistas, orientados por el Partido, tenían un programa social que reivindicaba los derechos a las tierras baldías y las garantías políticas a la oposición. Hacia finales de 1951, El Davis se dividió en dos sectores3 (Molano 2016, 24).
Estas condiciones que fraccionaron al movimiento armado desembocaron en la resistencia organizada por parte de los comunes, que rompieron definitivamente con los limpios pasada la Conferencia del Movimiento Popular de Liberación Nacional o conferencia de Boyacá, realizada según Alfredo Molano, en Viotá el 15 de agosto de 1952, y en la cual se proponía la construcción de un gobierno de nuevo tipo, democrático, laico y con una resolución clara frente a la distribución de la tierra; esta ruptura llevaría a que los alzados dieran múltiples respuestas a la propuesta de pacificación de Rojas Pinilla:
[…] al menos cinco han sido dilucidadas: las rendiciones incondicionales; las rendiciones con exigencias previas a la entrega; las propuestas condicionadas de disolución sin promesas de entrega; y finalmente, las propuestas de conversión de la guerrilla en autodefensa sin desmovilización ni entrega de armas (promulgadas por las guerrillas de inspiración comunista)4 .
En estas circunstancias, y ante la resistencia de los sectores comunistas de entregar las armas, el gobierno militar de la “pacificación”, a través del Acto Legislativo Número 6 de 1954 de la Asamblea Nacional Constituyente, promovido por Rojas Pinilla y las direcciones del Partido Liberal y el Partido Conservador, decretan que:
Artículo 1º. Queda prohibida la actividad política del comunismo internacional. La ley reglamentará la manera de hacer efectiva esta prohibición.
Artículo 2º. Este Acto rige desde su sanción.
De esta manera se agudizaba la exclusión política y se justificaba el accionar clandestino que el Partido Comunista empezaría a desarrollar en este proceso: “en ese momento, el Partido Comunista en las ciudades estaba en la ilegalidad más absoluta, allí vivíamos como en las catacumbas, la situación era muy difícil, teníamos muchos presos políticos”5 (Vieira 1988, 8). Ello llevaría a un arraigamiento campesino mucho más profundo por parte de los comunistas, haciendo de la organización de autodefensas la única forma de sobrevivir políticamente.
Para el PCC, la organización campesina de autodefensa fue fundamental a la hora de permanecer en la actividad política del país; es allí que se empiezan a reconocer espacios territoriales de alta influencia comunista como la llamada república de Tequendama “a unas pocas docenas de millas de Bogotá – se hicieron virtualmente autónomas, aunque las más ortodoxas de ellas no intentaron siquiera hacer otra cosa que prevenir las incursiones de los agentes externos, gubernamentales u otros” (Hobsbawm 2018, 72). Esta situación garantizó, según Gilberto Vieira (1988), que “en el campo, nos movíamos libremente, el Partido hacía regularmente sus reuniones, plenos y congresos, allí estábamos protegidos por las guerrillas y las organizaciones de autodefensa”6 (8).
En estas primeras áreas comunistas el Partido cuenta con una fuerte influencia, tiene el control de la vida social y política de estos territorios, manteniendo allí el poder local y desarrollando dinámicas autónomas del Estado: “Éstas se constituyeron en las regiones de Tequendama y Sumapaz, en Cundinamarca, y en el sur del Tolima. Además, el Partido Comunista contó con influencia agraria en otros lugares tales como Montevideo, San Vicente y el Pato, en Santander” (Pizarro 1989, 11); el Partido en estas zonas tuvo como objetivo conservar la vida y la territorialidad de las comunidades campesinas perseguidas por la Violencia liberal-conservadora, y es por ello que “áreas comunistas están armadas, organizadas y disciplinadas; tienen un sistema estable de administración, educación y derecho”7.
Desde la primera Conferencia Nacional Guerrillera, realizada a finales de 1965, la organización decantó una preocupación por la formación de sus militantes, impartiendo una orientación a los agrupamientos armados para que en su estructura orgánica funcionaran escuelas de formación; allí se fijaron planes de acción en el campo militar y en lo referente a propaganda política, educación y organización, con el objetivo de que el movimiento perdurara como fuerza armada organizada; a partir de este momento las FARC asumieron la formación de escuelas de cuadros, siendo estas las que cimentaron la construcción del Proyecto Insurgente Educativo. Con ellas lograron impartir el conocimiento de la ciencia militar, política, económica y social.
Allí se encuentra una primera evocación al problema educativo, en relación con el cual la autoridad del PCC va a ser determinante, puesto que los comunistas no veían en el campo solamente su resguardo y retaguardia ‒lo anteriormente mencionado da cuenta de ello‒, sino una posibilidad de organizarse políticamente y encontraron en lo educativo un elemento que se hizo necesario para la organización política de las comunidades. En este sentido el papel educativo del Partido fue esencial, pues permitió el desarrollo de un estudio juicioso de sus principales tesis y planteamientos, así como la divulgación de su línea política entre las masas, lo que hizo que el Proyecto Insurgente Educativo se convirtiese en una prioridad; en estas zonas se crearon escuelas con contenidos orientados al conocimiento de la filosofía marxista-leninista, lo que permitió al campesinado logar asumir la tradición ideológica del Partido como propia, profundizando con ello en la formación de dirigencias campesinas que fueron determinantes para el desarrollo político-militar de las FARC:
[…] el contenido de la recomendación leninista de que “la revolución no se hace, se organiza”, lo vine a comprender paulatinamente con el trabajo ideológico que el Partido Comunista estableció sobre nosotros para transformarnos en revolucionarios conscientes. Aprendimos a medir bien nuestros pasos, a estudiar con seriedad y detenimiento las situaciones político-militares, a ordenar nuestra actividad en correspondencia con las condiciones reales del momento dado, a no engañarnos nunca con apreciaciones fantasiosas sobre nuestra capacidad y sobre nuestra situación determinada. Poco a poco nos fuimos haciendo mejores revolucionarios8 .
El partido logro forjar un espacio educativo que se inclinaba hacia la formación de “revolucionarios profesionales”, según la experiencia que comparte en las páginas de su vida el líder fundador de las FARC, Ciro Trujillo, convirtiendo este primer escenario de lucha guerrillera en un espacio de formación política e ideológica orientado por los comunistas en las zonas de las llamadas autodefensas campesinas para el fortalecimiento del Partido y los reducidos núcleos armados.
Pero además existe una preocupación por la construcción de escuelas y la inquietud constante por la educación y la alfabetización de los campesinos de estas regiones; la formación pasa a jugar un papel importante no solamente para quien se encontraba en las zonas de autodefensa, sino que se convirtió en una forma de afianzamiento y generación de confianza con las comunidades.
En este primer momento de emergencia, el Proyecto Insurgente Educativo se enfrentó con las dificultades de lectura y escritura de la población y su solución se convirtió en una tarea de primer orden, que sobrepasó las intenciones de dar a conocer la línea del Partido y sus principales tesis programáticas; en esta experiencia se encuentra una reiterada pregunta por el campesino y por las comunidades con las que se cuenta, y cómo se les puede proveer a estas de conocimiento. En síntesis, se evidencia una intranquilidad por garantizar el acceso a la educación del campesino:
[…] después habría de crearse una actividad educacional para la población mixta (haciendo referencia a las comunidades indígenas y campesinas de Riochiquito) que contó con 16 escuelas primarias para la población de edad escolar y unas cuantas para servicio de los adultos. Todo esto acompañado de un trabajo cultural de acción recíproca, en que las costumbres de unos y su cultura influía en los otros. Varias veces nuestro trabajo, que como puede apreciarse es de un alto patriotismo, fue interrumpido por las arremetidas militares del gobierno y por las incursiones de las bandas de pájaros de los latifundistas. Los agentes del Gobierno se dan cuenta desde el comienzo de Riochiquito, quienes nos habíamos puesto al frente de la organización de los trabajadores, porque no ocultamos nuestra condición de excombatientes guerrilleros, en su mayoría9.
Estas experiencias dan cuenta de la intención de fortalecer el trabajo de masas del Partido, en cuyo contexto lo educativo, en cuanto a formación política y cultural respecta, sería preponderante en las acciones de constitución de las fuerzas de autodefensa que protegieran a la población campesina en sus zonas de influencia. Allí se encuentra el germen del Proyecto Insurgente Educativo, como un objetivo conectado con el desarrollo del programa político de la insurgencia, pero a la vez consciente de la realidad que lo rodea, por lo cual este destaca como tarea inicial la formación político-ideológica, logrando estrechar la relación entre movimiento guerrillero y educación insurgente. Estos elementos surgen, así, como categorías de análisis de la presente investigación, denotando la apertura que impulsan tanto el PCC como las futuras FARC para concretar escenarios de reflexión y formación ideológica en sus grupos de base campesina y combatiente.
Las llamadas “columnas de marcha” o autodefensas campesinas serían parte de la reflexión de esos primeros años de organización campesina comunista en el país, en relación con la cual la función del PCC sería la de avanzar en la creación de células partidistas y, entrada la década de los sesenta, desenvolver su trabajo como Partido a través de guerrillas campesinas que desarrollarían la guerra de guerrillas. Estos primeros escenarios educativos tendrían entonces una labor que sería cardinal en dos vías: en primer lugar, la de lograr afianzar lazos ideológicos al interior de las zonas campesinas en que influía el Partido y, en segundo lugar, poder desvincular los patrones organizativos tradicionales promovidos por el Partido Liberal y el Partido Conservador. Con esto se dilucida que el Proyecto Insurgente Educativo se afianza cada vez más en las tareas de formación ideológica de la organización.
Es así como en el trabajo investigativo realizado por Miguel Ángel Beltrán, en el que se hace una exhaustiva indagación de fuentes documentales sobre dicha organización guerrillera, se concluye que:
La formación política partidaria constituye para la organización guerrillera el escenario de identidad combatiente, el relacionamiento ideológico con el otro y la capacidad de superación propia ante las adversidades educativas en el campo colombiano, destacándose la formación ideológica y la preponderancia por encontrar en sus orígenes la justificación de esta forma político-militar de asumir la lucha; esto hace que la identidad guerrillera se reafirme desde un inicio como elemento transversal del Proyecto Insurgente Educativo. Ello indica que, tanto en estas etapas iniciales, como en el desarrollo de la propuesta educativa al interior de la organización, el fortalecimiento de los valores farianos, del ser fariano y de su identidad como sujeto político se afianza en sus escuelas, sus horas culturales, sus grupos musicales y sus emisoras insurgentes.
Es a través de la constante labor ideológica que desarrollan los comunistas en esta primera etapa de las FARC que los campesinos logran romper sus lealtades partidistas hacia las colectividades tradicionales y orientar su resistencia a la lucha contra el régimen político dominante. En ese sentido, el tránsito de algunos combatientes de la guerrilla liberal a las filas comunistas, más allá de que haya sido una decisión individual, revela elementos culturales de afinidad electiva entre la matriz comunista, y las experiencias y expectativas de un grupo de hombres y mujeres provenientes de las comunidades rurales perseguidas por la violencia oficial10.
Lo expresado en la cita anterior logra poner en evidencia los intereses formativos que se juegan en esta primera etapa de la conformación guerrillera, haciendo de las FARC una organización que emerge del seno de la lucha campesina que proviene de los años cuarenta y que bebe de una fuerte influencia partidaria comunista, la cual entiende que lo educativo en sus filas pasa por despojarse de las viejas costumbres de los partidos tradicionales y por advertir la importancia de conocer las nuevas expresiones políticas que llagaban de la mano de los militantes del PCC a las regiones en donde tanto campesinos como militantes resguardaban sus vidas de la violencia; dichas transformaciones educativas y culturales se expresan en el desarrollo de la vida colectiva que se asume, así como en las nuevas configuraciones políticas que emergieron entre campesinos y campesinas tradicionalmente liberales y conservadores, los cuales a través del impulso comunal fortalecían estos núcleos agrarios de colonización y sufrieron sustanciales subversiones en el orden ideológico, alcanzando de esa forma una afinidad militante con las posturas orientadas por el Partido Comunista y la resistencia armada.
Así, el Proyecto Insurgente Educativo adquirió una característica inédita en su desarrollo, pues demostró que el trabajo de masas en la práctica de la construcción colectiva de un movimiento social en resistencia armada, con una fuerte inclinación sobre la formación de sus militantes y bases, podía generar cambios sustanciales en el orden cultural, es decir en el comportamiento frente a la nueva vida en guerra, como en lo político, logrando que se excluyeran prácticas tradicionales heredadas del bipartidismo, como el individualismo y la lógica de la propiedad privada sobre la tierra.
Para estas regiones de colonización en las que el Estado no tenía ninguna jurisdicción de orden civil y político, el Partido se convertía en la primera fuente de organización administrativa y la guerrilla en la esencial fuerza armada de defensa; así mismo, en cuanto a los roles educativos de esta primera etapa de experiencia, el rol que jugó el Partido fue de potencial importancia, puesto que en muchos casos la organización armada se convertía en el primer lugar de aprendizaje, donde los campesinos asimilaban sus primeras lecciones de lectoescritura y aritmética en el marco del trabajo de alfabetización que promovía la organización con respecto a sus bases y militantes; tal es el caso de Luis Eduardo Sánchez Echavarría11, quien en la vida guerrillera aprendería a reconocer sus primeras letras:
[…] cuando me vinculé a la guerrilla no sabía ni leer ni escribir, porque yo nunca fui a la escuela, entonces me dieron seis meses para aprender. El encargado de la educación era Henry y con él aprendí las primeras letras; yo hacía unas letras muy feas que no se entendían. Así que una guerrillera llamada Érica me ponía a hacer las minutas donde reportaba todas las novedades. Al principio no se entendía nada. Ella la revisaba y me preguntaba: “¿Qué dice aquí?”, y me explicaba: “Eso no se escribe así, eso está incompleto, esta palabra es con z”. Entonces yo me fui esforzando y aprendí a leer y escribir. Después me colocaron de ecónomo y tenía que anotar todo lo del rancho: tantas libras de arroz, tantas de carne, veinte panelas, y con gran esfuerzo aprendí; claro, hoy todavía no sé muy bien cuando se escribe con s o con z, pero sí aprendí lo fundamental12.
Y el Partido lo formaría como un cuadro organizativo al interior de las filas:
[…] también recibí formación política. Las reuniones de partido cada mes eran infaltables. A mí me tocó ejercer de secretario político, yo sacaba de un libro un artículo de interés o una noticia de la prensa y la presentaba a la escuadra; cada vez que nos reuníamos con los otros secretarios acordábamos el orden del día y presentábamos el informe político. Los secretarios hacíamos un análisis, pero todos interveníamos. Era obligación participar, y eso es bueno porque uno va aprendiendo y hace su aporte por pequeño que sea13.
Estas experiencias reafirman una hipótesis inicial. La formación política partidaria constituye para la organización guerrillera el escenario de identidad combatiente, el relacionamiento ideológico con el otro y la capacidad de superación propia ante las adversidades educativas en el campo colombiano, destacándose la formación ideológica y la preponderancia por encontrar en sus orígenes la justificación de esta forma político-militar de asumir la lucha; esto hace que la identidad guerrillera se reafirme desde un inicio como elemento transversal del Proyecto Insurgente Educativo. Ello indica que, tanto en estas etapas iniciales, como en el desarrollo de la propuesta educativa al interior de la organización, el fortalecimiento de los valores farianos, del ser fariano y de su identidad como sujeto político se afianza en sus escuelas, sus horas culturales, sus grupos musicales y sus emisoras insurgentes.
Es por ello que esbozadas estas situaciones y realizado un primer acercamiento a los inicios de la organización guerrillera se analizará el concepto de educación que emana de la categoría PIE al interior de las FARC, con el objetivo de dilucidar las primeras intenciones educativas y de ir conceptualizando lo que para nosotros es la categoría de educación insurgente.
¿Qué se entiende por Proyecto Insurgente Educativo?
En el plano educativo, la influencia del PCC constituyó una lógica de formación político- militar que les sirvió a los combatientes en todos los niveles para asumir las necesidades que requiere la vida guerrillera como organización política y armada. Esto le garantizó al Proyecto Insurgente Educativo dos elementos que se hacían necesarios para la consolidación de la organización guerrillera, esto es: a) conformar escenarios formativos que les enseñaran a los combatientes las razones políticas de tomar las armas y b) los fundamentos prácticos de utilizarlas para hacer política. Así fue como el Proyecto Insurgente Educativo vislumbró en estos dos aspectos los puntos nucleares de su estructura educativa; en lo político contaba con los componentes ideológicos marxistas-leninistas y en lo militar se aprendían las prácticas castrenses de un ejército irregular, pero altamente disciplinado.
Desde la primera Conferencia Nacional Guerrillera, realizada a finales de 1965, la organización decantó una preocupación por la formación de sus militantes, impartiendo una orientación a los agrupamientos armados para que en su estructura orgánica funcionaran escuelas de formación; allí se fijaron planes de acción en el campo militar y en lo referente a propaganda política, educación y organización, con el objetivo de que el movimiento perdurara como fuerza armada organizada; a partir de este momento las FARC asumieron la formación de escuelas de cuadros, siendo estas las que cimentaron la construcción del Proyecto Insurgente Educativo. Con ellas lograron impartir el conocimiento de la ciencia militar, política, económica y social.
A partir de ello, las FARC formalizaron su primera escuela ideológica que tuvo como elemento central el estudio de los factores políticos, económicos y militares que han generado la guerra, destacando contenidos que les permitieran conocer el país, y adquirir una lectura de totalidad de la realidad. En palabras de Manuel Marulanda:
Si nosotros vamos a desarrollar una guerra en este país, por ejemplo, pues debemos conocer bien lo que estamos haciendo, con quiénes nos vamos a aliar, a quiénes nos vamos a ganar, cómo vamos a hacer este trabajo. Si no tenemos ese conocimiento, si no tenemos esa idea, pues no vamos a salir adelante. Para poder hacer la lucha revolucionaria tenemos que saber cuáles son las fuerzas que nos van a apoyar y que están dentro de los 27 millones de habitantes que tenemos. Debemos conocerlas y desarrollar un trabajo en dirección a ganarlas, a agruparlas a nuestro lado para poder crear esas condiciones de lucha y poder tomar el poder14.
A partir de lo anterior, se encuentran los argumentos centrales que develan cuál es el Proyecto Insurgente Educativo de las FARC-EP, teniendo en cuenta que la formación de escuelas político-militares desarrolladas en todo el territorio nacional tuvo tres objetivos:
1. Fortalecer la moral de los combatientes.
2. Reafirmar el hito histórico del nacimiento de las FARC.
3. Formar cuadros militares y políticos.
Allí, lo que afirma el fundador de las FARC es la relación intrínseca que existe entre el Proyecto Insurgente Educativo de la organización con el efectivo desenvolvimiento de la lucha guerrillera, es decir, que tanto la organización guerrillera, como el trabajo ideológico en su interior, fueron fundamentales para el desarrollo de lo que estos llamaron la lucha de masas.
En este sentido se puede afirmar que las FARC entendieron la educación como una herramienta que contribuía, fortalecía y elevaba el nivel político de sus militantes, puesto que al aumentar su número las posibilidades que tenía la organización de sumar en su trabajo de masas mostraban mayor eficacia. Así, la organización interpretó el factor educativo como elemento nuclear de la lucha guerrillera, puesto que este permitía a los combatientes asumir un criterio propio heredado de la identidad insurgente junto a sus principios ideológicos y, con ello, a su vez, robustecer la moral de quienes hacían parte del ejército revolucionario.
Metodología
Construcción teórica a la luz del enfoque, el método y la caja de herramientas en la investigación
El proyecto asume como enfoque de investigación el socioeducativo, puesto que le permite realizar un análisis que parte de las construcciones propias de los alcances y apuestas sociales de las organizaciones constructoras de escenarios educativos, que para el caso de las FARC vamos a enunciar como Proyecto Insurgente Educativo. Este método se escoge por su clara conceptualización dentro del tema que nos ocupa, lo que permite identificar las principales necesidades y obstáculos que encuentra una organización como las FARC para el desarrollo de un proyecto insurgente que tenga como elemento central de su construcción la educación.
Es así, que la investigación socioeducativa se propone como enjambre de diálogos, interpretaciones y elaboraciones de la historia y las relaciones sociales propias de la organización, al decir de Barragán y Torres (2018):
[…] una primera consideración de los estudios acerca de lo educativo en organizaciones y movimientos sociales es reconocer que destacan su posicionamiento crítico y su potencialidad para transgredir la educación institucionalizada y reivindicar otros sentidos educativos, llámense liberadores, emancipadores o alternativos. En la medida en que se articulan y se subordinan a los sentidos políticos de las organizaciones y acciones colectivas en las que surgen, también se proponen transformar las relaciones injustas de poder y saber, promover el diálogo de saberes, la inclusión de los contenidos de la vida cotidiana y la autonomía de los sujetos individuales y colectivos15.
A raíz de ello, la investigación optó como método por la elaboración colectiva de la memoria, sirviendo de sustento al presente informe como pieza que le permite investigar de la mano de quienes construyeron en las FARC-EP el Proyecto Insurgente Educativo, puesto que se entiende que:
[…] la memoria histórica de un colectivo social es el repertorio de recuerdos y olvidos, de sus representaciones e imaginarios sobre su pasado compartido, en torno al que sus miembros construyen sus sentidos de pertenencia, se cohesionan como entidad social y despliegan sus relaciones y prácticas presentes. Es decir, entre memoria, identidad y cultura existe una relación circular que se alimenta mutua y permanentemente16.
La relación que se encuentra entre el enfoque socioeducativo y la elaboración colectiva de la memoria como método de investigación permitió realizar un trabajo con diversas voces, mediante el cual se logró que se tuvieran en cuenta heterogéneos elementos teóricos y experiencias que le proporcionaron a la investigación una mirada de totalidad sobre el Proyecto Insurgente Educativo.
En cuanto a la metodología, se puede decir que esta contribuye para que los procesos educativos y sus análisis puedan ser interpretados utilizando una hermenéutica crítica -y no hegemónica-, lo que permite que las visiones sobre la organización insurgente que ha construido la llamada “historia oficial” se pongan en crisis, logrando una elaboración propia de quienes han protagonizado desde la trinchera guerrillera, en el caso de las FARC-EP, una lectura endógena de sus desarrollos políticos y militares y, en lo que concierne a la presente investigación, educativos. Al respecto encontramos que:
La elaboración consiste en que esas fuentes, utilizadas adecuadamente, permiten construir un modelo de narración histórica que brinda la oportunidad al actor de poderse ver reflejado, significativamente, en el imaginario de su devenir histórico y, al académico, la posibilidad de interlocutar con un discurso que se reviste por la naturaleza de sus fuentes de cierta legitimidad y reconocimiento17.
Es así como el proceso investigativo se circunscribió en una línea auténtica en términos de creación académica, pues de la presente surge la posibilidad de enunciar lo educativo en las FARC-EP desde la perspectiva del ya nombrado PIE, que es el reflejo de un proceso socioeducativo, analizado desde la perspectiva de la elaboración colectiva de la memoria y que se logra por medio de la implementación de un círculo o caja de herramientas, como lo son el acercamiento a experiencias vivas (entrevistas), así como a materiales académicos y de archivo documental de la organización guerrillera.
Resultados
En cuanto a resultados se puede destacar que el proyecto dejó varios elementos, entre ellos, realizar un trabajo investigativo que se adentró en la vida educativa de los insurgentes, que rastreó la memoria de sus procesos de formación, lo que permitió formular unos objetivos, unos planteamientos y caracterizaciones de lo que se llamó Proyecto Insurgente Educativo. Este PIE se entrega como el resultado final un proceso que dilucidó la consolidación histórica de prácticas y acciones insurgentes que encontraron en el quehacer educativo un elemento para fortalecer su proyecto ideológico-político, en el que la formación colectiva, cultural y en función de la realidad nacional y su transformación encontró como producto el desarrollo consecuente de lo que en la teoría marxista propuesta por Bogdan Suchodolsky se conoce como educación de la praxis.
En consecuencia, fue en esta educación de la praxis como las FARC terminan desarrollando su Proyecto Insurgente Educativo de la mano del PCC, encontrando en él el elemento que va a permitir la formación de militancias activas que ratifiquen en la organización el cumplimiento efectivo de sus planes políticos trazados. La insurgencia formó en una concepción colectiva a su tropa, a tal punto que en su interior florecieron unas personalidades grupales que dieron emergencia a prácticas educativas que, aunque transversalizadas por la guerra, surtieron efecto en los momentos decisivos en que la organización requirió de unidad de tropa y de mando para superar las crisis propias del conflicto armado y sus devenires.
Conclusiones y discusión
Aunque, como se pudo ver durante el proceso investigativo, se fueron develando concepciones novedosas a la luz de otros estudios realizados sobre el tema, este artículo aún tiene mucho por desarrollar con miras a continuar enriqueciendo conceptualmente la educación insurgente como propuesta pedagógica de las variopintas organizaciones armadas que surgieron en el país.
En el caso particular de las FARC queda abierto el trabajo para robustecer la propuesta desde la perspectiva de la teoría marxista de la educación que no solamente retoma los elementos mencionados, sino que existe una posibilidad amplia de continuar reflexionando esta apuesta que desarrollaron las FARC desde otras miradas teóricas que enriquezcan y sigan contribuyendo al proyecto que emerge de las prácticas endógenas de una de las organizaciones armadas comunistas con mayor trayectoria en el mundo.
Para finalizar, cabe resaltar que el haber tomado como referencia temporal los años 1960-1967 fue un acierto investigativo, puesto que posibilitó una lectura histórica y endógena de las prácticas, apuestas y propuestas tanto del PCC como de las FARC y, por lo tanto, se logró enriquecer el trabajo con mayores elementos para el análisis, que terminó ubicando la propuesta educativa de las FARC bajo la categoría de Proyecto Insurgente Educativo, del cual aún quedan bastantes elementos por analizar, considerando que, con este proyecto, seguramente se logró dar un paso importante en su conceptualización teórica.
En este sentido, la investigación le entrega a la academia un trabajo valioso de estudio y análisis que sitúa una lectura de la insurgencia poco estudiada, develando aspectos sobre los que no se habían reflexionado con la profundidad requerida, y con ello realiza una contribución al campo de la educación en Colombia desde una perspectiva insurgente.
La propuesta educativa insurgente se presentó como herramienta política y práctica que contribuyó al desarrollo del trabajo organizativo de la organización guerrillera, permitiendo así el afianzamiento de un proyecto educativo que, ante los avatares de la guerra, se supo mantener sólido y, en el que se optó por una praxis colectiva que, en términos educativos, se logró desarrollar tanto en el campo como en la ciudad.
Referencias bibliográficas
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Notas
1 Medófilo Medina, Historia del Partido Comunista de Colombia. (Nueva Colombia, 1980).
2 El termino organización de combate hace referencia a las características que adquiere un Partido de nuevo tipo, al asumir la combinación acertada de todas las formas de lucha como elemento de acción política.
3 Alfredo Molano, A lomo de mula, viajes al corazón de las FARC. (Aguilar, 2016).
4 Eduardo Pizarro, Los orígenes del movimiento armado comunista en Colombia (1949-1966). Análisis Político (7) (1989), 15.
5 Gilberto Vieira, Colombia: Combinación de todas las formas de lucha. (M. Harnecker, Entrevistadora). (Biblioteca Popular, 1988), 8.
6 Ibid.
7 Eric Hobsbawm, Viva la revolución. (Planeta Colombiana, 2018), 75.
8 Ciro Trujillo, Ciro: páginas de su vida. (Izquierda Viva, 2015), 38.
9 Ibíd., 30.
10 Miguel Ángel Beltrán, Las FARC-EP (1950-2015). Luchas de ira y esperanza. (Desde Abajo 2015), 95.
11 Entrevistado por Miguel Ángel Beltrán, guerrillero de las FARC-EP, prisionero de guerra recluido en la Cárcel de San Isidro de Popayán (Cauca).
12 Miguel Ángel Beltrán, La vorágine del conflicto colombiano. (CLACSO, 2018), 106.
13 Ibid, 109.
14 Manuel Marulanda, (1993) Farc-ep.co. http://www.farc-ep.co/estrategia/balance-de-la-maniobra-entre-los-estudiantes-del-7-curso-y-ff-ee.html
16 Alfonso Torres, Por una investigación desde el margen. En Torres Carrillo, A. y Jiménez Becerra, La práctica investigativa en ciencias sociales (pp. 63-83). (Universidad Pedagógica Nacional, 2006), 77.
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