Harold García-Pacanchique
Doctorado Interinstitucional en Educación
Universidad Distrital Francisco José de Caldas
Integrante del Grupo de Trabajo CLACSO Historia y Coyuntura: perspectivas marxistas
Los maestros deberán conocer mejor las metas e ideales estudiantiles y campesinos, y brindar a estos grupos el apoyo de las masas populares con las que los maestros están en contacto. Servir así de puente entre el mundo de la educación y el pueblo, sería la función positiva que llevaría a los grandes cambios necesarios en la comunidad que busca el gran movimiento nacional de resistencia.
Orlando Fals Borda
Resumen
El presente artículo tiene la intención de establecer un diálogo entre la Investigación Participativa (IA) y la Educación Popular (EP) en el pensamiento de Orlando Fals Borda. Para ello se realiza un rastreo bibliográfico de algunos de los textos más relevantes del autor sobre estos dos temas, lo que permite vincular conceptualmente estas categorías con las de Ciencia Popular e Investigación Militante. Esto posibilita evidenciar algunas de las preocupaciones de Fals Borda al abordar la IA y la EP, así como reconocer los aportes teóricos y prácticos y la riqueza académica con la que el Fals dota estas apuestas políticas, centrales en sus estudios sociológicos y pedagógicos.
Palabras clave: Investigación Participativa, Educación Popular, Ciencia Popular, Investigación Militante.
Orlando Fals Borda y la Investigación Participativa
Cuando se hace referencia a la Investigación Participativa es imposible negarse a revisar los aportes de Fals Borda sistematizados en Ciencia propia y colonialismo intelectual (1970), El problema de cómo investigar la realidad para transformarla (1979), la conferencia dictada en Uruguay sobre Investigación participativa (1985), Conocimiento y Poder Popular, Lecciones con campesinos de Nicaragua, México y Colombia (1986), Rehaciendo el saber (1991), Irrumpe la investigación militante (2012) y Sociología e investigación acción participativa (2008). Reflexiones que no son las únicas en las que Fals Borda aporta, pero sí aquellas con las que el presente dialoga.
En estos escritos se va a encontrar de manera permanente la relación de Fals con la pedagogía, la ciencia y la investigación especialmente por el carácter herético y creador que tiene el investigador colombiano, pero sobre todo por su perspectiva militante que logra darle un sentido popular a su apuesta académica que ante todo es una apuesta por la praxis para la transformación del mundo.
Frente a la Investigación Acción Participativa o la Investigación Participativa ‒como se enuncia en adelante‒ Fals Borda (1985) destaca cuatro elementos constitutivos, que representan un cambio de época en las ciencias sociales en América Latina y el inicio de una nueva concepción del quehacer de los investigadores. Allí plantea lo siguiente:
- La teoría de la dependencia.
- La subversión en Camilo Torres.
- El marxismo herético y crítico.
- La Educación Popular.
Lo particular en la enunciación de estas corrientes propuestas por Fals Borda en su conferencia de Montevideo (Uruguay) en 1985 tiene dos puntos en común: el primero es la disputa con el dogmatismo proveniente particularmente del “marxismo soviético” y con la tradición positivista euro-norteamericana de investigación en las ciencias sociales; el segundo es la necesidad herética de consolidar una propuesta de nuevo tipo que lograra comprender la realidad regional de América Latina. Para ello se empleó un método propio, aunque cercano al dialéctico, que permitió plantear elementos novedosos para la construcción de categorías y formas de trabajo basadas en la dialogicidad. Este método, no ajeno al marxismo pero sí distinto del marxismo dogmático enseñado hasta entonces, permitió sostener una propuesta que abriría un camino novedoso en términos investigativos:
Nosotros queríamos empezar a “meternos en la salsa”, como decíamos entonces, y queríamos descubrir, como lo expresa el texto, “por la praxis”, qué era eso de la ciencia popular, qué era eso de la ciencia del proletariado. Y cuando lo intentamos, por falta de esta reflexión epistemológica, de esta reflexión teleológica, lo que hicimos fue una reproducción del materialismo histórico a nivel de la gente de base. Creíamos que en esta forma estábamos haciendo la ciencia del proletariado, pero lo que estábamos haciendo era proyectar nuestros conceptos marxistas a la gente de base. Por tratar de buscar la ciencia del proletariado planteada por los maestros marxistas de Europa, tomamos un camino equivocado. Luego nos dimos cuenta de que no era esa la dimensión que debíamos buscar, que tenía que haber otras posibilidades. En este sentido, fue bueno que no hubiéramos sido expertos marxistas o marxólogos; fue una ventaja porque de esta manera nos salvamos también de ir por otras vías trilladas que tampoco eran adecuadas (Fals Borda, 1991, p. 17).
Es decir, en el camino propio fueron encontrando la naturaleza de un método que expresaba la ciencia popular endógena de las pobrerías campesinas y urbanas, nutrido especialmente por una nueva idea investigativa en la que el sujeto de investigación no era pasivo en el proceso; por el contrario, aportaba como investigador o coinvestigador, lo que lo dotaba de una actividad permanente en la construcción de los procesos de transformación. En este sentido, el investigador también debía despojarse de toda pretensión vertical ligada a su posición de “poder-saber”, entendiendo que los procesos investigativos de carácter popular partían del diálogo permanente entre los sujetos participantes.
Esto significa que la investigación participativa se dotaba de una nueva característica, la cual consistía en investigar entre sujetos, rompiendo con la tradición positivista euro-norteamericana del objeto-sujeto. Es en esta búsqueda que la propia práctica los dota de alternativas para darle una nueva forma a los procesos investigativos. En ese contexto, Fals Borda analizaba lo siguiente en su texto El problema de cómo investigar la realidad para transformarla (2015):
Así como no resultó conveniente esperar a trabajar con conceptos estables o permanentes que dieran siempre una descripción “correcta, completa y objetiva” de los hechos, hubo de buscarse soluciones teóricas alternas que permitiesen aproximarse mejor a la realidad para entenderla y transformarla. La respuesta más adecuada la ofreció el método dialéctico aplicado en pasos alternos y complementarios, así: a) propiciando un intercambio entre conceptos conocidos, o preconceptos, y los hechos (o sus percepciones) con observaciones adecuadas en el medio social; b) siguiendo con la acción a nivel de base para constatar en la realidad del medio lo que se quería conceptualizar; c) retornando a reflexionar sobre este conjunto experimental para deducir conceptos más adecuados u obtener mejores luces sobre viejos conceptos o teorías que así se adaptaron al contexto real; y d) volviendo a comenzar el ciclo de investigación para culminarlo en la acción (p. 269).
Estos elementos permiten mostrar los inicios de un proceso de problematización distinto, en el que las bases, su lenguaje, su historia, su voz y sus percepciones geográficas y sociales componían ahora un lugar de privilegio en la acción investigativa. Esto posibilitaba cambios en el método dogmático del llamado Materialismo Dialéctico soviético y abría paso a propuestas que situaban en el centro al sujeto como participante determinante de los procesos de investigación y de lucha. Al respecto, Fals Borda destaca lo siguiente sobre el papel que el investigador militante empieza a desempeñar con esta nueva forma de analizar la realidad:
El papel del militante en la Investigación Participativa
Según las experiencias observadas1, el investigador militante sigue un derrotero que le permite actuar en el terreno y armonizar con los fines de los grupos con los cuales se identifica políticamente, así:
Análisis de clase. Ante todo, analiza la estructura de clases de la región donde se ejecutan los trabajos de los grupos claves que, como queda dicho, están vinculados a los procesos de producción, sea como proletariado industrial o como campesinado (pequeña agricultura, pesca, madera, minería, etc.). Una vez en la región, advierte la manera como la tradición de clase afecta el trabajo político (cf. punto 3).
Generación del conocimiento. El investigador está atento a los temas y enfoques que preocupan de manera prioritaria a los grupos o sectores; con ellos escoge los temas y prosigue a elaborarlos de acuerdo con el nivel de conciencia política y capacidad de acción que allí se encuentra (no según el nivel político del propio investigador, que puede ser demasiado avanzado, aunque éste pueda estimular los siguientes pasos). De este esfuerzo surgen técnicas apropiadas de estudio y aparecen investigadores locales y otros colaboradores (muchas veces espontáneos) que facilitan la labor y hacen los contactos necesarios. Así se va generando el conocimiento dentro de los grupos.
Recuperación crítica. El investigador y sus colaboradores buscan luego las raíces históricas de las contradicciones que dinamizan la lucha de clases en la región, especialmente aquellas instituciones que en el pasado sirvieron al pueblo para defenderse de sus explotadores (Fals Borda, 2012, p. 207).
Si se quiere, la Investigación Participativa se convirtió en un eje subversivo dentro de las ciencias sociales: se construyó con el ejemplo de los sectores populares y de una academia atrevida que no dudó en situarse militantemente del lado de la clase popular, rompiendo con las viejas cadenas de la neutralidad valorativa, esa misma que hoy continúa permeando a investigadores e investigadoras que, anclados a su CvLAC, observan la realidad desde los escritorios universitarios sin siquiera intentar tronar los dedos para sentir que están vivos y que pueden transformarla.
Para Fals Borda entonces, la Investigación Participante se convirtió en un lugar de enunciación de una academia que se resistía a los cuerpos intelectuales aislados de la realidad social, que sentía los avatares por los que atravesaba el pueblo no solo porque los leía como forma de analizar la realidad, sino también porque los sentía y los subjetivaba como propios. Esto contribuyó a entender el proyecto de la investigación desde lo teleológico, es decir:
[…] el concepto de “telos” (= propósito) implica un compromiso para una transformación, un compromiso en ese contexto de transformar una sociedad inadmisible. En virtud de ese “telos”, comenzamos a considerar algunas de las categorías clásicas finalísticas: subordinación, superordinación, finalidad, igualdad y desigualdad, espacio y tiempo, sustancia. Y con estas categorías empezamos a trabajar (Fals Borda, 1991, p. 16).
Ese propósito significó asumir un compromiso con las comunidades y con sus razones de lucha, lo que permitió vincularse a sectores campesinos para el desarrollo de procesos de formación sindical, a sectores urbanos que disputaban el derecho a la vivienda y, sobre todo, dar a conocer un nuevo papel que podían desempeñar la universidad y el movimiento estudiantil, los cuales se articulaban con los sectores populares para impulsar múltiples luchas por la transformación social.
Si se quiere, la Investigación Participativa se convirtió en un eje subversivo dentro de las ciencias sociales: se construyó con el ejemplo de los sectores populares y de una academia atrevida que no dudó en situarse militantemente del lado de la clase popular, rompiendo con las viejas cadenas de la neutralidad valorativa, esa misma que hoy continúa permeando a investigadores e investigadoras que, anclados a su CvLAC, observan la realidad desde los escritorios universitarios sin siquiera intentar tronar los dedos para sentir que están vivos y que pueden transformarla.
Con esta propuesta no solo se dio inicio a un método propio de América Latina para la investigación en las ciencias sociales, sino que también se planteó la llamada sociología de la liberación, que representó la forma en que en Colombia se interpretó esta disciplina, ubicándola junto al grupo de lujo conformado por la teoría de la dependencia, la filosofía de la liberación, la teología de la liberación, la educación popular o pedagogía de la liberación y, más tarde, la psicología de la liberación.
Si hay alguna forma de romper las cadenas que nos han atado a esa clase de ciencia euro-norteamericana que ha justificado e ideologizado nuestra explotación, ésta de la investigación militante referida a grupos claves en lucha contra el sistema político-económico dominante, parece ser una salida natural y factible. Vale la pena seguirla ensayando, aunque siga implicando el cierre de facultades y escuelas de ciencias sociales y la persecución a maestros y estudiantes liberados de aquella influencia. Ya llegará el momento del resurgimiento digno y productivo de nuestras disciplinas. Mientras tanto, debemos seguir luchando para que nuestros trabajos sean concebidos en nuestros propios términos, para nuestros pueblos, y en defensa de nuestros recursos humanos, naturales y culturales, hoy amenazados (Fals Borda, 2012, p. 209).
Con esta propuesta no solo se dio inicio a un método propio de América Latina para la investigación en las ciencias sociales, sino que también se planteó la llamada sociología de la liberación, que representó la forma en que en Colombia se interpretó esta disciplina, ubicándola junto al grupo de lujo conformado por la teoría de la dependencia, la filosofía de la liberación, la teología de la liberación, la educación popular o pedagogía de la liberación y, más tarde, la psicología de la liberación.
Estas corrientes hicieron un llamado, desde la década de 1970, a constituir una teoría social crítica escrita con las propias palabras de la academia pueblo, que asumiera un compromiso con la transformación del mundo y, sobre todo, con la construcción de una sociedad anticapitalista capaz de revertir las injusticias derivadas del carácter destructor del sistema económico vigente. Esta fue una característica distintiva que se configuró desde la Investigación Participativa como eje articulador de las nuevas reflexiones que comenzaron a gestarse a nivel continental. Sin duda, los aportes precursores de Orlando Fals Borda fueron fundamentales para abrir estos caminos de cambio al interior de las luchas populares en América Latina.
Sobre la ciencia y la educación popular en Orlando Fals Borda
El presente apartado expone un diálogo entre cuatro escritos de Orlando Fals Borda en los que puede identificarse una relación entre educación y ciencia popular. Se trata de Ciencia propia y colonialismo intelectual (1970), La educación en el proceso revolucionario (1972), Pertinencia actual de la educación popular y proyección en los años venideros (2004) y De la pedagogía del oprimido a la investigación participativa (2007)2. Con estos aportes se busca un acercamiento a los planteamientos centrales del autor en torno a esta relación.
Por ello, se parte de lo que Fals Borda entiende por Ciencia Popular desde el planteamiento de la sociología de la liberación, la cual rompe con el orden jerárquico, colonial y funcionalista que hasta entonces ‒la década de 1960‒ organizaba las ciencias sociales en el mundo académico:
Uno de esos campos nuevos para la sociología sería, indudablemente, el de la liberación, es decir, la utilización del método científico para describir, analizar y aplicar el conocimiento para transformar la sociedad, trastocar la estructura de poder y de clases que condiciona esa transformación y pone en marcha todas las medidas conducentes a asegurar la satisfacción más amplia y real del pueblo (Fals Borda, 1971, p. 23)
La ciencia popular se constituye en el eje central de un proyecto emancipador que busca la construcción de un orden nuevo capaz de poner en el centro del debate la justicia social y las voces excluidas de los sectores empobrecidos. Este elemento fue siempre un eje articulador en el pensamiento del sociólogo colombiano, pues buscaba la participación activa de quienes, en los procesos investigativos y educativos, habían sido tratados como meros objetos vacíos de saber y conocimiento. Al romper con esta práctica vertical y dar lugar a una relación de sujeto-sujeto, el diálogo se convertía en principio rector de la acción educativa e investigativa, dado que sería profundamente intercultural y no simplemente una conversación entre personas.
Así, la ciencia propia comienza a tomar un camino crítico y distinto de la lógica, si se quiere, vertical de la investigación convencional, y opta por una posición novedosa que rompe con el academicismo que aún hoy persiste en la lógica de la “publicación por la publicación”. Invita a la intelectualidad herética a pasar del mero ejercicio teórico vacío a la acción revolucionaria, interpelando a la academia de pupitre mediante una cuestión central para la descolonización del pensamiento nuestroamericano: la reivindicación de los saberes populares, asumiendo que el ejercicio del intelectual no se reducía solamente a
Producir por producir, como robots dentro de una economía de consumo, sino como seres pensantes animados por un verdadero espíritu de servicio; no es seguir las reglas del juego ni los criterios de importancia fijados en otras latitudes, sino fijar los propios y actuar en consecuencia. Una ciencia rebelde va en contra de la rutina amiga de lo extranjero. Entroniza la crítica inteligente, batalla contra el colonialismo en todas sus formas (como el integracionismo de la OEA) y estimula la formación de fuentes interdisciplinarios en respuesta a las complejidades que plantea la crisis. Su justificación es la investigación del proceso de toma del poder y la construcción de un nuevo sistema social. Por eso en esa ciencia nueva no podrían participar sino científicos rebeldes, politizados, “a quienes poco importa sacrificar su carrera científica dentro del sistema, y que saben [tener en cuenta] esas condiciones ambientales: intereses hostiles y falta de fondos” (Fals Borda, 1971, p. 24).
Asumiendo así una posición franca por la construcción de un nuevo tipo de conocimiento, donde el educador-investigador adopte, por medio de su posicionamiento pedagógico, un horizonte de sentido en el cual, junto a las comunidades, pueda dar vida a esa nueva vía que reconoce “a este conocimiento popular el mismo nivel de importancia científica que ha cobrado el otro, el académico” (Fals Borda, 2025, p. 234).
Para Fals, el trabajo militante del académico se forja a partir de dos sentidos: el primero tiene que ver con el reconocimiento del trabajo investigativo “desde abajo”, que debe elaborarse con rigurosidad y orientarse a las necesidades de las comunidades y junto a ellas; el segundo se vincula a un proceso educativo capaz de transformar a las clases populares y a los estudiantes universitarios, así como al sistema educativo a nivel nacional.
En relación con lo educativo, la propuesta debe fijar claridades y técnicas especiales que permitan a los sectores populares acceder a los trabajos investigativos realizados por esa ciencia popular o ciencia nueva, posibilitando un diálogo de saberes que interpela a los sujetos en el acto investigativo y educativo, y que reconfigure desde otro lugar la lógica del saber académico, proponiendo otras miradas propias de la clase popular. Ante ello, Fals Borda (2012) afirma que
[…] esta ciencia social propia de estirpe popular exige una claridad de exposición y explicación que lleva a técnicas especiales de redacción y concepción de materiales, claridad que no se encuentra muchas veces en los textos tradicionales –de derecha o izquierda– tan afectados de petulancia y dogmatismo conceptual. Y exige también desarrollar una serie de técnicas sencillas, pero igualmente efectivas, para llegar a las metas que se proponen. (p. 208).
Ante esta realidad, los educadores tienen una función principal en la formación de académicos universitarios críticos y comprometidos, lo cual pasa precisamente por derribar las barreras y estructuras impuestas por el colonialismo intelectual. Para ello es necesario
Ayudar a los estudiantes a alcanzar una nueva dimensión de objetividad científica: aquella derivada del estudio de las situaciones reales del conflicto y desajuste presentes en la sociedad, y de su participación en tales situaciones para buscar la liberación de esa misma sociedad. Esto es estudio y acción combinados3 para trabajar contra la condición de dependencia y explotación que nos ha caracterizado, con todas sus consecuencias degradantes y opresivas expresadas en la cultura de la imitación y de la pobreza, y en la falta de participación social y económica de nuestro pueblo (1971, p. 25)
Este elemento, en particular, evidencia una postura novedosa en el pensamiento de Fals y tiene que ver con la construcción de escenarios de educación popular al interior de la academia; es decir, que en el claustro universitario y en la escuela formal los pilares de la educación popular son posibles. Este rasgo innovador tardaría décadas en comprenderse y, sin embargo, Fals Borda, desde comienzos de la década de 1970, ya ofrecía herramientas para ello, como se aprecia en la cita anterior. Esto responde específicamente a una labor articuladora entre el saber popular producido por las comunidades y el saber académico universitario, el cual no habría podido existir sin la presencia misma de ese saber popular4.
Esta articulación permite forjar una relación entre dos campos educativos que desempeñan un papel determinante en la construcción de un nuevo sentido común, y que debe proponerse como tarea, en el ámbito de las instituciones académicas, romper con la rutina y con las lógicas que sostienen “un status quo excluyente que vive de las injusticias, de la pobreza y la ignorancia generalizada, y de la violencia darwiniana y/o estructural” (2025, p. 223). Esta labor solo es posible mediante la generación de espacios de carácter popular que contribuyan, paso a paso, a vincular cada vez más las universidades con las realidades del pueblo y al pueblo con las universidades, transformando el saber académico en esa relación de ida y vuelta.
Es decir, se trata de vincular los elementos centrales de la educación popular ‒el diálogo de saberes culturales, la reflexión sobre la realidad, la acción colectiva, la unidad en la diversidad para la emancipación plural y la construcción de sujetos democráticos‒ a la vida de la academia universitaria, contribuyendo así a que estas instituciones sean apropiadas por las clases populares y a la consolidación de otras formas de relación con el saber académico.
Sin duda alguna, los aportes de Fals Borda significaron una creación heroica, aquella de la que hablaba Mariátegui: la de atreverse a proponer una forma de investigación social puesta a los pies de los oprimidos y empobrecidos del hoy llamado sur global. Esa Ciencia Popular convirtió a la Investigación Participativa en un instrumento de análisis colectivo de la realidad y ha permitido a cientos de comunidades sistematizar sus experiencias, dialogar en torno a sus problemas y generar espacios comunales para la transformación, constituyéndose en un aporte determinante para la creación de unas ciencias sociales de la liberación.
Para concluir, Fals Borda (2025) plantearía lo siguiente como tarea para dicha consolidación:
En efecto, los educadores-investigadores populares no podemos excusarnos de tomar partido hoy en el histórico duelo, que apenas va a medias, entre el capitalismo y el socialismo.
Al ver los fracasos y limitaciones de la escuela socialista y socialdemócrata europea durante el siglo XX, nos corresponde ahora crear nuestra versión propia de un socialismo contextual de la América profunda, que refleje sus realidades, diversidades y riquezas humanas y ambientales, un socialismo autóctono y respetuoso de nuestras raíces primigenias, las que nos vienen desde hace siglos de grupos aborígenes, negros desplazados y cimarrones, campesinos ibéricos pobres de la tradición antiseñorial, colonos autonómicos mestizos y artesanos y otros grupos productivos locales (p. 224).
Ese socialismo raizal, capaz de formar una sociedad que logre crear amplios márgenes de justicia social y cultural, en donde el saber y las creaciones del otro y la otra tengan la posibilidad de ser; un orden social en el que lo popular no se vea como un simple folk, sino que contribuya de manera determinante a la construcción de una sociedad nueva: la sociedad socialista autóctona latinoamericana.
Palabras finales
Sin duda alguna, los aportes de Fals Borda significaron una creación heroica, aquella de la que hablaba Mariátegui: la de atreverse a proponer una forma de investigación social puesta a los pies de los oprimidos y empobrecidos del hoy llamado sur global. Esa Ciencia Popular convirtió a la Investigación Participativa en un instrumento de análisis colectivo de la realidad y ha permitido a cientos de comunidades sistematizar sus experiencias, dialogar en torno a sus problemas y generar espacios comunales para la transformación, constituyéndose en un aporte determinante para la creación de unas ciencias sociales de la liberación.
Esas ciencias sociales solo pueden pedagogizarse si van de la mano de la Educación Popular; es decir, de una educación reflexiva, dialógica, colectiva, plural y democrática, capaz de poner el conocimiento al servicio del pueblo y de dignificar los saberes populares como fundamentales para la creación de una cultura científica nacional y cosmopolita.
Elementos que solo son posibles si se consolida una academia crítica, capaz de subvertir la hegemonía de la academia convencional y permitir que otras voces y miradas del mundo se expresen. Donde esos otros sujetos académicos puedan relatar su mundo y las alternativas necesarias para transformarlo. Para ello, Fals afirmaba:
Los años que vienen no serán fáciles para aquellos que escojan la vía de esta ciencia rebelde y subversiva: no habrá para ellos fondos ni fundaciones corrientes, ni cargos seguros, ni títulos pomposos, ni premios, ni prebendas. Habrán de ser así doblemente ingeniosos, porque tendrán que crear no solo una ciencia insurgente sino una ciencia humilde, para pobres, una ciencia sencilla, sin diseños estrambóticos ni complicaciones innecesarias, pero útil para los fines que se persiguen (Fals Borda, 1971, p. 19).
Una ciencia y una educación que sean creación del pueblo y estén a su servicio; que contribuyan a la emancipación humana y a fortalecer la relación indisoluble entre el ser humano y la naturaleza. Una ciencia popular, una investigación participativa y una educación popular que militen y promuevan la necesaria transición transmoderna que exige el actual curso civilizatorio.
Referencias bibliográficas
Fals Borda, O. (1971). Ciencia propia y colonialismo intelectual. Bogotá: Oveja Negra.
- Fals Borda, O. (1991). En C. Rodrigues Brandão, y O. Fals Borda, Investigación participativa. Orlando Fals Borda – Carlos Rodríguez Brandao. (pp. 9-31). Montevideo: Intituto Hombre; Ediciones de la Banda Oriental.
- Fals Borda, O. (2012). Irrumpe la investigación militante. En H. F. (Comps.), Ciencia, compromiso y cambio social. Textos de Orlando Fals Borda (pp. 205-211). Buenos Aires: El Colectivo – Lanzas y Letras – Extensión Libros.
- Fals Borda, O. (2015). Cómo investigar la realidad para transformarla. En O. Fals Borda, Una sociología sentipensante para América Latina (págs. 253-301). Mexicó, D.F; Buenos Aires: Siglo XXI Editores ; CLACSO.
- Fals Borda, O. (2025). De la pedagogía del oprimido a la investigación participativa. En N. Herrera, Orlando Fals Borda: educación, ciencia y cultura (textos claves) (págs. 231-236). Bogotá: Laboratorio Educativo.
- Fals Borda, O. (2025). Pertinencia actual de la educación popular y proyección en los años venideros (2004). En N. Herrera, Orlando Fals Borda: educación, ciencia y cultura (textos claves) (págs. 221-226). Bogotá: Laboratorio Educativo.