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Interpelaciones paradojales ante el racismo: Reflexiones urgentes

Mary Cruz Ortega Hernández

Docente Escuela Superior de Administración Pública (ESAP)

Integrante Fundación Walter Benjamin

 

Sergio De Zubiría Samper

Profesor Titular Doctorado en Bioética.

Universidad El Bosque.

Presidente Fundación Walter Benjamin

 

La Real Academia de la lengua define la paradoja como una “expresión o hecho aparentemente contrario a la lógica” y José Ferrater Mora rastrea sus raíces filosóficas en la noción de doxa en la filosofía de Parménides, término que provisionalmente podría ser traducido como “opinión general o común”. Por tanto, utilizaremos la noción de “paradoja” cuando un hecho, una situación o una expresión se considere contraria a ciertas expectativas razonables, porque rompe alguna regularidad real o presunta. En las últimas semanas, en la vida cotidiana colombiana, hemos empezado a emplear la expresión “paradójica”, posiblemente ante el agobio de ciertas situaciones que cuestionan nuestras expectativas de razonabilidad.

Una paradoja que colma de perplejidad son los brotes, actitudes y perspectivas señalados como “racistas”, en el contexto de un gobierno del “cambio” e individuos “progresistas”. El horizonte “razonable” de expectativas era la existencia de rutas, acciones, elaboraciones, educación, políticas públicas, etc., según señalaba el pedagogo Simón Rodríguez ‒formador de Simón Bolívar‒ como antídoto contra toda forma de discriminación. Esto cobra especial relevancia en nuestro contexto porque, de acuerdo con pensadores como P. Henríquez Ureña, la América Hispánica, a diferencia de los Estados Unidos, no promovió formas expresas de segregación racial, convirtiendo el “mestizaje”, y no el “racismo segregacionista”, en el problema central de la vida social y cultural.

La primera interpelación paradójica está conformada por una situación existencial: el Ministerio de la “Igualdad y la Equidad ‒institución en la que, previsiblemente, deberían articularse políticas sólidas y cultivarse una elevada conciencia colectiva sobre los fenómenos del “racismo”‒ ha sido el escenario en el que han brotado expresiones, disputas y situaciones posiblemente “racistas”. Fenómenos como el resquebrajamiento de ciertos procesos organizativos y la destitución de dos ministros representativos de las luchas de las comunidades y pueblos negros constituyen situaciones preocupantes. La naciente institución parece signada por la esperanza y la desilusión. En nombre de valores sublimes como la “igualdad” y la “equidad” parecen desplegarse peleas intestinas, deslealtades y silencios.

La segunda interpelación evoca una paradoja de carácter político: el tipo de “interculturalidad” o “multiculturalismo” que dicho Ministerio promueve tanto en el plano teórico como en el práctico. En primer lugar, se parte de la suposición de que la “interculturalidad” es imparcial, neutral y ajena a toda “ideología” política; una suerte de “interculturalidad” a-ideológica. En segundo término, se oculta o desdibuja la categoría de “equidad”, como si “igualdad” y “equidad” fueran términos equivalentes. En tercer lugar, se tiende a identificar la “interculturalidad” con la defensa exclusiva de grupos denominados “minorías” y de sus derechos. De ahí que resulte urgente descifrar la orientación ideológica y política que subyace a la concepción de “interculturalidad” y “multiculturalismo” empleada por el Ministerio.

La tercera interpelación paradójica es de orden lógico. Se manifiesta en la afirmación o juicio valorativo según el cual existiría un único tipo o categoría de “igualdad”, como si todos los seres humanos, los ciudadanos y las corrientes filosóficas coincidieran en una misma definición de dicho concepto. Desde Aristóteles sabemos que la “igualdad” posee un carácter indeterminado: no significa nada si no se identifican sus titulares (igualdad entre quiénes) y los aspectos respecto de los cuales se establece (en qué son iguales). La igualdad es siempre un tipo de relación y no simplemente una cualidad inherente a la persona. Además, en un mundo marcado por niveles de desigualdad moralmente repugnantes, las concepciones de igualdad que sostienen la derecha, el centro y la izquierda presentan diferencias abismales. Otra interpelación, por tanto, tan urgente como angustiante.

El Ministerio de la “Igualdad y la Equidad ‒institución en la que, previsiblemente, deberían articularse políticas sólidas y cultivarse una elevada conciencia colectiva sobre los fenómenos del “racismo”‒ ha sido el escenario en el que han brotado expresiones, disputas y situaciones posiblemente “racistas”. Fenómenos como el resquebrajamiento de ciertos procesos organizativos y la destitución de dos ministros representativos de las luchas de las comunidades y pueblos negros constituyen situaciones preocupantes. La naciente institución parece signada por la esperanza y la desilusión. En nombre de valores sublimes como la “igualdad” y la “equidad” parecen desplegarse peleas intestinas, deslealtades y silencios.

https://www.corrienteroja.net/acuerdo-de-gobierno-el-racismo-institucional-continua/

Señalada la prioridad de las urgencias y su condición paradójica, nos proponemos abordar el debate sobre el racismo en el contexto colombiano actual en dos momentos. En el primero, esbozaremos algunas respuestas a partir de columnas publicadas en distintos medios periodísticos. En el segundo, procuraremos concentrar las interpelaciones en ámbitos que consideramos prioritarios.

Importantes respuestas e interpelaciones

Las respuestas ante los sucesos de perfil racista han sido prontas y múltiples: un indicio esperanzador de la vitalidad del pensamiento crítico en Colombia. Los acontecimientos ocurridos en el Consejo de Ministros del pasado 16 de julio ‒resumidos en la repugnante frase “…a mí nadie que sea negro me va a decir…”‒ fueron de inmediato rechazados y analizados por intelectuales, comunicadores y destacados líderes de las luchas de los pueblos y comunidades negras.

El intelectual y antropólogo Jaime Arocha, uno de los investigadores colombianos más rigurosos de la historia y problemática de los pueblos afrodescendientes, escribió una columna en El Espectador con el título “Reiteración racista”. Califica las palabras anteriores de “insultantes” y considera que experimentamos una coyuntura de un “racismo indeseado”. Pero también su mirada histórica lo obliga a rememorar antecedentes de racismo en la administración distrital petrista, uno de ellos, el “saboteo” a la caracterización demográfica y sociocultural de los pueblos étnicos en Bogotá; es decir, una típica expresión de la invisibilización estadística racista. Subraya con ejemplos el desconocimiento gubernamental de la historia del litoral Pacífico. También apoya la exigencia del antropólogo Woslher Castro de que el presidente presente una disculpa pública por sus afirmaciones, como contribución a la formación antirracista. Una petición que, lejos de ser tramitada de forma autocrítica, ha sido ignorada por la figura presidencial.

El clasismo, el patriarcado, el colonialismo y el racismo deben ser desenmascarados en todo tiempo, lugar y circunstancia. Se reproducen en el movimiento de lo real, pero junto a ellos existen resistencias, contratendencias y gérmenes emancipatorios. No son asuntos periféricos: deben ocupar un lugar central en el debate sobre lo común.

 

https://www.portaldacapital.com/2024/11/20/paraiba-adota-leis-contra-racismo-recreativo-e-discriminacao-na-primeira-infancia/

El 17 de julio, el antropólogo Woslher Castro publicó en el portal La Silla Vacía la columna titulada “En el Consejo de Ministros hubo una afrenta al proyecto colectivo afrocolombiano”. En ella profundiza en la caracterización del racismo y en su manifestación en los más altos niveles del Estado, incluso en gobiernos que se “autodenominan progresistas”. Lo sucedido manifiesta un acto profundamente simbólico de persistencia del “racismo estructural”; la escena es elocuente: “un hombre blanco-mestizo” regañando con arrogancia a un hombre negro ante los medios de comunicación y los funcionarios silenciosos. La típica reproducción de formas coloniales de poder que ubican a los sujetos afrodescendientes en situación de subordinación. El racismo no es un “accidente del lenguaje” o “mala educación”, sino una forma estructural, normalizada e invisible del ejercicio de aquellos que detentan el poder simbólico y material. Estas prácticas no solo ofenden a personas, sino la dignidad colectiva de todo un pueblo. Lo acaecido, para este antropólogo, revela una contradicción patente entre el discurso progresista y la “práctica real del poder”; gobiernos que adoptan una retórica intercultural o antirracista sin transformar las lógicas coloniales de dominación y extractivistas que rigen en el Estado y el gobierno. Se trata de un episodio que evidencia cómo la representación simbólica en los ministerios y la mera inclusión de la palabra “igualdad” nunca serán un antídoto contra el racismo. El autor concluye exigiendo una “disculpa pública”, pues ejercer el racismo desde el solio de Bolívar no solo es inadmisible, sino que constituye “una traición al mandato popular”. 

El profesor y líder palenquero Aiden Salgado publica en la Revista Raya el artículo “La cuestión afro en la izquierda colombiana”, con reflexiones que interpelan al conjunto de la izquierda y del progresismo sobre la invisibilización o la precariedad política frente a la “cuestión afro”. Califica el mencionado Consejo de Ministros como un “error” y un “acto de racismo”; apoyado en las discusiones del Colectivo de Estudiantes Universitarios Afrocolombianos (CEUNA), propone la categoría de “racismo inconsciente” y nutre sus análisis con la obra y vida de Amílcar Cabral. Salgado toma posición por una comprensión de la “cuestión afro” desde el binomio “clase-raza-etnia” y rechaza la suposición de situarse por encima de la distinción izquierda/derecha: sostiene que la “cuestión afro” exige una perspectiva de “izquierda radical”. No obstante, también dirige críticas a la izquierda, especialmente porque, en sus tesis fundacionales, asumió la lucha de clases y la cuestión campesina, pero omitió de forma evidente la problemática afro. El tema negro, al igual que el de género, no debe fragmentar ni dividir la lucha de clases, sino que tiende a ampliarla, a enriquecerla y a recontextualizar todas las luchas sociales.

El profesor de la Universidad del Rosario Bastien Bosa plantea en el portal La Silla Vacía un importante interrogante: “¿A quién le interesa el racismo, cuándo y por qué?”. Subraya que el racismo suele ocupar un lugar periférico en el debate público colombiano y que solo en contadas ocasiones ‒como tras la frase presidencial en el Consejo de Ministros y el discurso vicepresidencial en el Día Internacional de las Mujeres Afrodescendientes‒ logra generar congestión de titulares, trinos y editoriales. El autor sostiene que estos episodios reciben un tratamiento noticioso y oportunista, pero carecen de un análisis riguroso y sostenido. Por ejemplo, la importante cumbre afrofeminista pasó prácticamente desapercibida, mientras que la cobertura mediática se centró exclusivamente en las frases de la vicepresidenta contra el gobierno de turno. De ahí surgen las preguntas centrales: ¿realmente importa el racismo en sí mismo? ¿O importa únicamente cuando sirve como herramienta de desgaste político? En realidad, el racismo importa porque no es simplemente un prejuicio individual, sino una matriz histórica que se reproduce en todas las instituciones, en los vínculos sociales y en nuestros hábitos de pensamiento y lenguaje. Al igual que el clasismo y el machismo, ningún individuo ni ideología política está exento de reproducir estos sistemas de dominación. Sin embargo, concentrarnos en la “espuma de la pelea politiquera” puede llevarnos a olvidar el racismo y sus preguntas fundamentales. El profesor lo ilustra con un ejemplo: la frase presidencial, más allá de su agravio inmediato, remite a las limitaciones del “universalismo tradicional” y abre la puerta a debatir sobre el “universalismo minoritario”. El racismo no puede seguir ocupando un lugar periférico en el debate público colombiano.

El Colectivo Rosa Luxemburgo ha difundido en redes sociales un análisis del tuit presidencial del 27 de julio que, lejos de rectificar las expresiones racistas, según este Colectivo, las confirma de manera exponencial. El título de su trabajo es elocuente: “La discursividad política del ‘buen racista’ en 14 frases”. El objetivo es develar, mediante catorce afirmaciones, las dinámicas racistas que contienen, utilizando una metodología micrológica de análisis del discurso. Este trabajo pone el foco en el habla cotidiana y en los dispositivos digitales como escenarios privilegiados para la perpetuación del racismo y el sexismo. Un seguimiento detallado del análisis discursivo de Twitter revela pulsiones y concepciones racistas claramente identificables; cada una de las catorce frases plantea una problemática compleja y polémica. La extensión de los análisis impide agotarlos aquí, por lo que la Revista Izquierda ha considerado pertinente su publicación íntegra en este número.

Entre los principales hallazgos se destacan:

  1. El desconocimiento y la simplificación categorial de los procesos históricos de la trata trasatlántica de esclavos y del fascismo.
  2. La tendencia paternalista y colonial a suplantar la emancipación de los pueblos mediante figuras redentoras, así como la compulsión a proyectar responsabilidades y culpas en otros.
  3. La equiparación de fenómenos históricos inconmensurables, como la esclavización y el nazismo.
  4. La discutible y peligrosa conversión de la noción de “igualdad” en un “tótem”.
  5. Afirmaciones de carácter racista que califican a los pueblos negros como un “problema cultural” y un “grupo tribal”.

Estas respuestas y los interrogantes planteados ‒desde perspectivas muy diversas‒evidencian la relevancia de la problemática del racismo, la transversalidad vital de sus consecuencias, la potencia de sus matices y la urgencia de su problematización por parte del pensamiento crítico.

https://www.amnistia.org/en/news/2019/07/10991/colombia-defensora-de-los-derechos-humanos-en-peligro

Problemas y Reflexiones urgentes

Todas las formas de enajenación, explotación, discriminación y sujeción interpelan al pensamiento crítico desde sus orígenes. Ninguna de sus manifestaciones puede ser invisibilizada o ignorada. Para Marx, en Contribución a la crítica de la Filosofía del Derecho de Hegel, la misión de la filosofía consiste en “desenmascarar la autoenajenación en todas sus formas profanas”. Fiel a este propósito, profundizó ‒en sus Cuadernos de Etnografía y en los capítulos XXIX y XXV de El Capital‒ en las articulaciones entre colonialismo, esclavización y capitalismo. Consideró la “esclavitud” como una categoría económica de la “más alta importancia”. Personalmente fue un firme partidario de la abolición de la esclavitud, manifestando su simpatía con abolicionistas radicales como John Brown y tomando plena distancia de liberales como Abraham Lincoln, cuya cautela los llevaba a plantear una ralentización del proceso abolicionista (como aconteció con la mayoría de los precursores de las independencias americanas). En el despliegue del pensamiento crítico pueden existir momentos en que la sentencia se Marx se oscurezca, y ha acaecido, pero es obligatorio restablecer el camino. 

El clasismo, el patriarcado, el colonialismo y el racismo deben ser desenmascarados en todo tiempo, lugar y circunstancia. Se reproducen en el movimiento de lo real, pero junto a ellos existen resistencias, contratendencias y gérmenes emancipatorios. No son asuntos periféricos: deben ocupar un lugar central en el debate sobre lo común.

Existen prácticas de cuidado, estrategias de profilaxis y medidas para su contención. Estas deben ser múltiples, arduas y permanentes. Una de ellas ‒nunca la única‒ es situar con claridad las preguntas y reflexiones urgentes. Para evitar la simplificación, el dogmatismo o el paternalismo, es necesario reconocer la complejidad teórica que entraña toda aproximación contemporánea al racismo.

En este sentido, señalamos cuatro problemáticas de alta densidad conceptual: (a) la perspectiva “intercultural” o “multicultural” que guía nuestras acciones y políticas; (b) la categoría de “igualdad” y sus problemáticas inmanentes; (c) el tipo de “universalismo” que postulamos, y (d) la complejidad de la noción misma de “racismo”. Se trata aquí solo de esbozos, pues una profundización sistemática de cada uno exigiría debates colectivos rigurosos y bibliografías extensas.

El término “intercultural” o “multiculturalismo” está cargado de equívocos conceptuales, algunos de ellos señalados tempranamente por A. Touraine (1995) como posibles desplazamientos a lo “monocultural” y promotores de la “xenofobia”. Entre las acepciones más problemáticas se encuentran las cuatro que a continuación se enuncian: la defensa de las “culturas minoritarias” y sus derechos; la perpetuación inalterada de la “diferencia cultural”; la coexistencia “indiferente” entre culturas, y el “rechazo” a todo lo occidental y europeo. Touraine las denomina “falsos multiculturalismos”.

El pedagogo crítico Peter McLaren distingue tres modelos de “interculturalidad” o “multiculturalismo”: (a) el conservador, que parte de una supuesta “cultura común” asociada al grupo social dominante y que se identifica con la unidad homogénea de la “nación”; (b) el liberal, que postula una supuesta “igualdad natural” como punto de partida, y que, ante indicios de desigualdad, promueve reformas que aseguren una igualdad formal, sin cuestionar las estructuras que la producen, y (c) el crítico, que interpreta las representaciones de clase, raza y género como construcciones sociales e históricas, se opone a la “naturalización” de las diferencias, las inscribe en relaciones de poder y cuestiona las limitaciones de la “igualdad formal”. También debemos reconocer que el “giro intercultural” conlleva dos peligros: el primero, el reconocimiento de las diferencias culturales y las “diversidades”, pero no de las dinámicas racistas, como sostiene P. Wade; el segundo, la centralidad exclusiva en el racismo antinegro. Las reflexiones sobre el racismo exigen tomar posición sobre los anteriores debates. 

Existen prácticas de cuidado, estrategias de profilaxis y medidas para su contención. Estas deben ser múltiples, arduas y permanentes. Una de ellas ‒nunca la única‒ es situar con claridad las preguntas y reflexiones urgentes. Para evitar la simplificación, el dogmatismo o el paternalismo, es necesario reconocer la complejidad teórica que entraña toda aproximación contemporánea al racismo.

https://www.timetoast.com/timelines/linea-de-tiempo-y-analisis-de-la-violencia-en-colombia-54e033f1-75eb-4ecf-ae52-2bf2722c3990

La categoría de “igualdad” constituye uno de los más complejos problemas de la filosofía occidental. Su indeterminación ‒entre quiénes y en qué‒, así como por su carácter relacional, han producido ríos de tinta reflexiva. Como señala N. Bobbio “la igualdad es pura y simplemente un tipo de relación formal que se puede colmar de los más diversos contenidos”. Subraya también cómo el propio “campeón del igualitarismo”, J. J. Rousseau, acepta que los seres humanos no deben ser “iguales en todo”, porque existen desigualdades producidas por la “naturaleza” o moralmente “indiferentes”, que son “benéficas”, y aquellas “sociales” heredadas de la “maraña” del dominio económico, político y espiritual, que deben ser abolidas. Convertir la “igualdad” en un “tótem” y suponer que las diferentes orillas ideológicas y políticas tienen una concepción unificada es una falacia histórica y filosófica. Sabemos desde hace siglos que las relaciones entre “libertad” e “igualdad” son complejas y conflictivas, pero además que existen determinaciones históricas que exigen matices y distinciones profundas entre igualdad “frente a la ley”, “igualdad jurídica”, “igualdad en el punto de partida”, “igualdad de oportunidades”, “igualdad de hecho”, “igualdad material” e “igualdad de los recursos”, entre otras. Pero, además, como plantea Alex Callinicos, a lo anterior habría que añadir la variable más disociadora y caníbal, las interrelaciones entre igualdad y capitalismo contemporáneo. Las interpelaciones sobre el racismo exigen, por tanto, una problematización de las nociones de “igualdad”.

El tipo y la concepción de “universalismo” requieren una tematización urgente, pues su contenido puede contribuir a mitigar o, por el contrario, exacerbar el racismo.  Existe una versión del “universalismo” que podemos denominar “universalismo abstracto”, porque no tiene en cuenta el contexto histórico-cultural, va eliminando las diferencias y diversidades y culmina promoviendo la homogeneización. Forma parte de la matriz del eurocentrismo y del colonialismo al priorizar “una” cultura superior y la historia de los vencedores. Una segunda forma, el “universalismo de la inclusión”, respeta que existen diferencias/diversidades, pero su tarea es incluirlas o integrarlas a una “historia común” y progresivamente borrar o amortiguar las diferencias, favoreciendo la asimilación (“blanquitud”). También puede postularse un “universalismo minoritario” (término no exento de problemas), que apuesta por un “nosotros” distante de la homogeneización y la asimilación, y propugna por el reconocimiento activo de las diferencias históricamente subalternizadas. Su talón de Aquiles consiste en que la afirmación de la propia identidad se transforme en autorreferencialidad y fragmentación de las luchas, con la consiguiente negación, indiferencia o miedo frente a la alteridad u otredad. La filosofía actual continua su búsqueda de un “universalismo” o una crítica a todo “universalismo”, pero es plenamente consciente de los límites de sus formulaciones previas.

Desde Nietzsche sabemos que “sólo es definible lo que no tiene historia”, pero aquello que está colmado de historicidad exige la narración y estudio de esa trayectoria. La categoría de “racismo” está colmada no solo de reflexión, sino también de sangre y sufrimiento. Su abordaje exige tematizar el surgimiento histórico de la noción de “raza”, comprender por qué adquirió centralidad y examinar sus vínculos constitutivos con el colonialismo, el capitalismo y la construcción del Estado-nación moderno. Para A. Quijano y P. Wade, la historia del concepto de “raza” no solo es útil, sino necesaria. Se ha empleado para establecer jerarquías de clasificación social y superioridad/inferioridad entre diversos grupos humanos a partir de rasgos fenotípicos como el color de piel y otros; el racismo científico y la eugenesia son sus expresiones patentes. También esa historia conceptual ha establecido vecindades semánticas y distinciones con términos claves como discriminación, etnocentrismo, xenofobia, racialización, racialismo y colorismo, como también la pertinencia de distinciones entre “racismo sistémico”, “racismo estructural” y “racismo cultural o simbólico”, entre otros. Toda una agenda de investigación. La mayor dificultad se presenta ante algunas definiciones rigurosas del “racismo” y la necesidad de elaborar una cartografía de las diferentes perspectivas ideológicas y políticas, así como de las políticas públicas más adecuadas para su mitigación y confrontación. El “prisma conceptual” de estas definiciones debería contemplar al menos tres aspectos determinantes: (a) el racismo es un sistema de poder estructural que afecta la totalidad de los órdenes de la vida social; (b) el racismo permite el ejercicio de múltiples formas de violencia ejercidas por grupos que se consideran “superiores” sobre otros, y esta supuesta superioridad sirve de fundamento para la explotación, la discriminación, la sujeción y el exterminio físico y cultural; (c) el racismo opera y funciona siempre de manera simultánea con otras formas de dominación. 

El sendero que hemos recorrido, cuyas génesis son interpelaciones paradójicas, nos muestra la relevancia de la problemática del racismo, la transversalidad vital de sus consecuencias, la potencia de sus matices y la urgencia de su problematización por parte del pensamiento crítico. La tarea ya ha comenzado, pero exige reflexión y compromiso.

Referencias bibliográficas

Bobbio, Norberto (1993. Igualdad y Libertad. Barcelona: Ediciones Paidós.

Callinicos, Alex (2003) Igualdad. Madrid: Siglo Veinte Editores.

Galla, Olivia; Iturriaga, Olivia y otros (2022). El racismo. Recorridos conceptuales e históricos. México: Ediciones Conapred.

McLaren, Peter (1998). Pedagogía, identidad y poder. Los educadores frente al multiculturalismo. Rosario: Ediciones HomoSapiens. 

Marx, Karl (1978) Textos 1837-1847, Bogotá: Eris Editorial.

Touraine, Alan (1997). Une Societée Fragmentée. París: La découverté. 

Wade, Peter (1997). Gente negra. Nación mestiza. Bogotá: Universidad de Antioquia y Ediciones Uniandes.

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